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SYDNEY (De nuestros enviados especiales).- Dara Torres iba a la Universidad de Florida cuando surgió como una estrella en cierne en el mundo de la natación. Hasta entonces, ella había crecido en una mansión con nueve habitaciones, un enorme jardín y una pileta ubicada en el "patiecito" de atrás. Simpática, atractiva, carismática y buena para los deportes, Dara parecía vivir en un mundo ideal.
Sin embargo, mientras todo aquello sucedía, quien en Sydney se convirtió en la primera nadadora norteamericana en competir en cuatro Juegos Olímpicos diferentes luchaba contra la bulimia.
Siete años duró la batalla. Y la ganó. Como siempre, ganó cuando se propuso un desafío.
Dara Torres compitió en Los Angeles 84, Seúl 88 y Barcelona 92. Ahí se retiró. Tenía capacidad como para seguir, pero decidió irse. Se cansó de la competencia.
Siete años más tarde, la rubia nacida en Los Angeles quiso volver. Y lo hizo con todo.
Se clasificó en los Trials norteamericanos, vino a Sydney y, ayer, integró los relevos 4x100m de mujeres, el excelente equipo que ganó la medalla dorada con récord mundial incluido (3m 36s 61/100).
"¿Por qué volví? Eeehhh..., supongo que porque ya me estaba aburriendo en mi casa."
A pesar de sus 33 años, Dara se comunica con una frescura adolescente. Es alta (1,83m) y bastante delgada (73 kg). Lleva el pelo largo y atado. Y habla con todos como si estuviera en el patio de su casa. O de su mansión...
"Nunca en mi vida había sentido tanta emoción. Yo nadé en varios Olímpicos ya, pero jamás me pasó lo de hoy (por ayer). Estaba ahí esperando para zambullirme y tenía los ojos rojizos. Casi me pongo a llorar. No sé... será la edad."
Tiene esas salidas graciosas que suelen desacartonar el ejercicio de las preguntas y las respuestas. Pero no lo hace por marketing, sino porque le sale así. Es su manera de comunicarse con el mundo.
"Es que estoy en mi plenitud", explica. E incluye todo: el deporte, la vida...
"Al principio tenía miedo de nadar. Pensaba que no iba a tener fuerzas, que me faltaría potencia. Al final, no pasó nada de eso. Físicamente, me siento mejor que a los 25", analiza.
Entiende que los cinco récords de la primera jornada de natación son un estímulo. "Es la mejor manera de empezar. Los récords contagian a los atletas..."
Lo dijo por los demás. No por ella. Porque ella sí que no necesita batir récords para contagiar su energía. Su historia lo demuestra.

