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Vaya, m´hijo, pero corra despacio." El temor de doña Haydée era lógico. Su gurí, de sólo 17 años, terminaba de calzarse las alpargatas y estaba listo para subirse por primera vez a un auto de carrera. Era agosto de 1983 y, a partir de ese momento, Omar José Martínez comenzaría a desobedecer a su madre.
Pasaron 15 años desde aquel maternal consejo. La escenografía cambió. Para encontrar a Omar Martínez, no hace falta recorrer el extenso camino de tierra que dirigía inexorablemente a su pequeña casa en Febre, donde guardaba como un tesoro preciado cada uno de los trofeos conseguidos en sus primeras carreras en la Fórmula 6 Entrerriana. Hoy, acompañado por su esposa, Patricia, espera en una moderna confitería de Barrio Norte. Saluda con sencillez y anticipa: "Yo no soy de hablar mucho, espero que lo que te diga te sirva para algo". Es transparente: trata de restarle importancia a una historia que, en realidad, es poco común.
"Yo comencé a correr de casualidad. Don Martínez (así se refiere siempre a su padre, también corredor) había tenido una buena cosecha y entonces se compró un auto nuevo; a mi hermano y a mí, nos dejó el viejo. Lo armamos y unos días antes de la carrera, Ariel me pidió que lo corra yo. Tuve que solicitar un permiso especial, con autorización de Don Martínez, ya que yo era menor de edad y no tenía registro; además lo único que manejaba seguido era el tractor. El día de la carrera tuve que ir andando en el mismo auto hasta Nogoyá, para echarle nafta; en la estación de servicio no entendían nada." La sonrisa, que le achina todavía más la cara, le brotó instantáneamente. En su mente aparecían los recuerdos de la infancia. Cuando iba a la escuela primaria a caballo o cuando con su hermano Ariel y su primo El Gordo jugaban, en el galpón del campo, a las carreras. "Armábamos los autos con cualquier fierro que estuviera tirado por ahí. Los acomodábamos en el piso y decíamos esta es la rueda, este es el motor y corríamos la carrera soñada, esa que siempre ganás en la última vuelta", memoriza el Gurí.
En 1986, momento en el que las pistas entrerrianas ya conocían de su talento, surgió el ofrecimiento para correr en la Fórmula Renault. "Ramini, que me preparaba el motor, me comentó que había un coche disponible. Vendí el de Fórmula 6 y lo compré. Para poder preparar los motores, Don Martínez vendió un tinglado y un tractor, y la Doña (así se refiere a su madre) amasó ochocientos canelones, que se vendieron por todo Nogoyá". En aquel año, la suerte no lo acompañó y se quedó sin dinero. En 1987 el mismo Ramini armó un equipo propio y le ofreció a él ser piloto. Los recuerdos del Gurí no cesan: "Me fui a vivir a su casa, en Villa Constitución, y trabajaba en su taller, porque no tenía plata. Cuando tuve que ir a sacar la licencia para esa temporada, lo hice con el único medio que tenía: me fui a dedo".
El ritmo afiebrado de Buenos Aires no lo altera. Ni siquiera levanta la voz cuando una grúa, con un estrépito ensordecedor, se lleva un vehículo mal estacionado, a metros del lugar donde él deja escapar los recuerdos: "En ese tiempo no teníamos ni en qué llevar el auto. Conseguimos un Rastrojero y, en medio de la lluvia, camino a Mar del Plata, se nos rompió el parabrisas; llegamos todos mojados al autódromo. A partir de la tercera carrera, Jorge Fontana (tío de Norberto, el piloto que llegó a la Fórmula 1) nos llevaba en su colectivo, pero al cuarto viaje se le fundió". Así y todo, fue campeón de la Renault en 1990 y 1991. Obtuvo un récord de 17 carreras ganadas, que aún hoy sigue vigente.
En 1987, por falta de dinero, se quedó sin correr. Lo único que tenía era un colectivo: fue su casa durante cuatro meses: "La familia Jacobi me prestó un galpón, donde empecé a preparar el chasis del Fórmula Renault. El mismo colectivo que usaba para ir a las carreras ahora se había convertido en mi domicilio. Lo estacioné al lado del taller, así me quedaba cerquita del trabajo".
En 1994 comenzó a correr en la Fórmula 3 Sudamericana, en el team de Víctor Rosso, el mismo que comanda el equipo con el que ganó anteayer el título de TC 2000. Ese mismo año salió subcampeón. En el equipo de Bini-Pianetto consiguió su primer triunfo en TC 2000. En 1995 debutó en Turismo Carretera. No fue su único paso importante: también se hizo profesional del automovilismo. A mediados de ese año probó un auto de Indy Light, en los Estados Unidos. "Fue como un sueño. Lo máximo que yo había acelerado en monopostos eran 180 caballos y ese coche tenía 430. Me sentí muy bien. El único inconveniente era la comunicación con los mecánicos; teníamos un traductor a disposición, pero hay términos específicos que son muy difíciles de explicar. En un momento, cuando ya no sabía qué hacer para que me entendieran, ya cansado de hacer señas, le dije dejalo. Además, me di cuenta de que, a ese nivel, necesitás una buena preparación física, y yo, el único entrenamiento que tengo es ir todos los miércoles a andar en un karting que me compré hace poco."
Se despidió y se confundió entre la muchedumbre que caminaba por la céntrica avenida. Sin divismos, tratando de pasar inadvertido, como un hombre de pueblo. Un hombre común.
Este año fui compañero de Traverso en el TC 2000. En principio pensé que no iba a tener posibilidades de pelear los primeros lugares. Suponía que el equipo le iba a dar todo a él, debido a su trayectoria. Por suerte me equivoqué: a los dos nos dieron buenos autos. En las primeras carreras yo no estaba psicológicamente fuerte, porque pensaba que los Honda no eran iguales. Quizás por eso no rendía al ciento por ciento. Pero comprobé que estábamos en las mismas condiciones. Creo que a veces Traverso decía que me beneficiaron, porque se le escapó el título. Pero aprendí mucho de él. Uno siempre piensa que ya sabe todo, pero no es así, todos los días se aprende algo nuevo. Pero hay algo que es cierto: cuando él viene de atrás, se le facilitan las cosas porque muchos pilotos le dan paso". Del Gurí Martínez.


