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Pasó la euforia. O, al menos, a esta altura ya quedan sólo algunos destellos de la fiebre panamericana. La buena tarea argentina en Winnipeg 99 habrá servido para festejar en su momento, para ver dónde estaba parado el deporte nacional, para darse cuenta de qué está bien y qué debe desarrollarse mejor, para gozar con una obtención de medallas superior a la imaginada, para ilusionarse con que el cuarto puesto no era imposible, para...
Ya pasó. Crueldad temporal inevitable esta de consumir los festejos en un lapso tan recortado. Pero es así. El vértigo del deporte obliga a mirar hacia adelante.
Habrá mundiales varios en los próximos meses (atletismo, canotaje, remo), por ejemplo. Y no serán insignificantes por más que, en definitiva, puedan tener menos repercusión que los Panamericanos. Sucede que, mientras se sosiega el éxtasis medallista, los deportistas aguardan por otros resultados: los de sus becas.
El 30 de junio último vencieron las de Excelencia Deportiva, becas que otorga la Presidencia de la Nación. Son 30 los deportistas que reciben este apoyo, cuyo monto total es de 24.750 pesos. No se renovaron al momento de su vencimiento por una cuestión lógica: enseguida venían los Panamericanos. Y luego, algunos mundiales.
Pues bien: pasó Winnipeg. Hubo sorpresas (el gimnasta Eric Pedercini, el judoca Martín Ríos), desilusiones (el triatleta Oscar Galíndez, el voleibol), y de pronto se hizo lógico que algunas de aquellas becas tuvieran que ser reasignadas.
Justamente esto es lo que se estudia, por estos días, en la Secretaría de Deportes. ¿Cómo afrontar el pos-Panamericano? ¿A quién agregar a la lista? ¿A quién bajar de la lista? ¿Apuntar a Syndey 2000 o quedarse con las medallas de Winnipeg?
Hace unos días, Hugo Porta se reunió con Carlos Siffredi y Luis Erdociain, directores de Deportes y Planeamiento Deportivo, respectivamente. La idea era volver a verse anoche, con el objetivo de planificar los cambios, que se producirán, más allá de que sean pocos o muchos.
¿A qué apuntar? A Sydney. Al concierto mundial antes que a los logros en los Panamericanos, aunque las clasificaciones panamericanas igual serían tenidas en cuenta.
Invertir en el futuro y premiar de alguna manera el pasado más reciente, siempre y cuando los números cierren. Porque no hay que olvidarse de que no habrá cambios en la cantidad que aportará Presidencia ni en el tope de atletas becados. Ni más de 30 becas ni más de 24.750 pesos. Esos son los límites. Y dentro de esos márgenes, cómo moverse será el tema de discusión.
En un principio, las becas seguirían siendo 30 (no menos). Pero con cambios. Por ejemplo: podría haber más atletas Clase A. ¿Qué es esto? Los que reciben el aporte máximo, que son 1500 pesos. Por ahora, son dos: José Meolans (natación) y Carlos Espínola (windsurf).
Espínola no fue a Winnipeg, pues perdió el selectivo con Marcos Galván, finalmente oro en los Panamericanos. Sin embargo, el medallista olímpico en Atlanta 96 no cambiaría de status. Galván, en cambio, podría subir un poco (recibe 750 pesos; pasarían hasta $ 900).
Solange Witteveen (salto en alto) y Alejandra García (salto con garrocha) dependerían en parte de su actuación en el Mundial de atletismo, que se disputará en Sevilla desde pasado mañana. De todas maneras, sus oros en Winnipeg ayudarían bastante dentro de las consideraciones que pudieran tenerse hacia ellas.
Más allá de nombres propios, está claro que no todos los oros en Winnipeg recibirán una beca de Excelencia Deportiva, y que seguramente otros que fueron medallas menos importantes sí conservarán sus posiciones. Por ejemplo, la judoca Carolina Mariani (plata) no será menos que Martín Ríos (oro). ¿Por qué? Carolina perdió la final en Canadá con una de las mejores del mundo (la cubana Legna Verdecia). Su torneo fue de un nivel más alto y ella, a pesar de que no ganó, también es parte de un pelotón de primera línea mundial.
Winnipeg influirá (por eso, al cabo, se esperó hasta ahora para reasignar las becas), pero el objetivo será de frente a los Juegos Olímpicos. Desde ahora, hacia allí apuntará el deporte argentino.

