Domínguez perdió el invicto en el peor momento

La derrota por 3-0 ante Temperley alejó a Colón del sueño de la pelea por el campeonato; ya lleva tres partidos sin éxitos
Ignacio Fusco
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22 de mayo de 2017  

Seguramente con los pies apoyados en una mesita ratona, desparramado en un sillón, Guillermo Barros Schelotto habrá entendido que finalmente no era tan mala la idea de contratar dos guardaespaldas, al menos por este domingo, como para probar. Mientras Aldosivi ya le ganaba a San Lorenzo, Temperley tampoco dejó que Colón le tocara un hombro a su Boca y después se fue caminando –despacito, lleno de sonrisas– con un 3-0 que aunque no le permite salir de la zona de descenso es un temblor en la concentración de Olimpo. El equipo de Sciacqua recibe hoy a las 19 a Estudiantes; si pierde, quedaría con 1,078 de promedio, frente a los 1,070 del guardaespaldas celeste que ganó ayer.

Temperley se creó un espíritu que lo primero que despierta es la alteración de sus plateístas. El equipo de Gustavo Álvarez no avanza tocando la pelota: avanza como si soñara con un mundo mejor. Estén donde estén todos se toman su tiempo, todos buscan a un compañero que –generalmente, y acá está el problema– no siempre se muestra para recibir; mientras los hinchas le recuerdan que estamos en la Argentina (“¡sacala de ahí, por favor!”), sus jugadores desactivan a Colón porque Colón no la tiene, pero a la vez caen en el pozo de un equipo que no tiene la velocidad, la técnica y la intensidad necesarias para romper un aburrimiento fatal. Pero es esa fe, esa confianza, las que permitieron el 1-0. Tres pases rompieron la contención y después Figueroa soltó una moneda en el lago manso que era el partido (una asistencia pinchada para Peralta, que superó a los centrales porque creían que alguien había caído en offside), para que las ondas llegaran finalmente al inicio del segundo tiempo, cuando Zárate ya fue una ola imparable que corrió 35 metros y sacudió un derechazo que fue el segundo gol. No había pasado ni una hora de partido y Temperley sólo había pateado dos veces. Eduardo Domínguez se habrá dado vuelta y habrá preguntado si era ése, finalmente, el maleficio del que tanto le habían hablado en Colón.

Colón es un artista de culto. Apenas circulan el entusiasmo y la información de que a su obra le va bárbaro, le reservan un teatro en la calle Corrientes y así le va. En la semana en la que todos subrayaron que era el equipo que más puntos había ganado en 2017 sucedió lo obvio, un 3-0 que lo alejó a ocho puntos de Boca y le impidió pasar a Banfield (que tiene un punto más), hoy en la Libertadores 2018. Domínguez podrá alegar que hasta el 1-0 no le patearon al arco, que hubo una mano de Boggino en un cierre y Lamolina no cobró penal, que en el segundo tiempo dominó, mereció al menos un gol. Alguno de sus jugadores, una tribu de periodistas y medio Santa Fe podrán alegar también que el equipo descansó en el orden, la paciencia y la cautela –y en los pelotazos cruzados a Silva, muy solo–, y que sólo con eso no siempre se conquista un continente, ni siquiera una localidad. Colón se despabiló recién tras el 2-0 y tan frío estaba el arquero Ibáñez que en la primera atajada que tuvo (un derechazo de Clemente Rodríguez al ángulo) se desgarró. Entró De Bórtoli, que en la primera tapada que ya le contó a su novia atrapó un fortísimo cabezazo de Dalla Costa, encima de frente al arco, entre el área chica y el punto del penal. En definitiva: Colón se despertó tarde. Temperley no se quiere despertar jamás.

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