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"Venimos a despedir a un gran hombre, una bella persona. Con él se va parte de nosotros; con él se marchan tres décadas de compartir la vida y los sueños. El unió a nuestros padres con nuestros hijos, a sus amigos, a su familia, a los protagonistas de la historia con la que el Luna Park se convierte en un mito de Buenos Aires." Así sintetizó el periodista Ernesto Cherquis Bialo la personalidad de Juan Carlos "Tito" Lectoure en la despedida de los restos del empresario realizada ayer, sobre el filo del mediodía, en el cementerio de la Chacarita.
Lectoure, de 65 años, falleció el viernes a la madrugada en su casa de Palermo como consecuencia de una afección pulmonar; y durante el velatorio,efectuado en el Luna Park, cuna de sus desvelos, fue incesante el desfile de gente; desde sus entrañables amigos -Cacho Fontana, Horacio Accavallo, Roberto Paladino, Carlos Irusta, Horacio Pagani, Osvaldo Principi, entre otros- como personalidades de otros ámbitos: el maestro Ariel Ramírez, el creador de otro mito de Buenos Aires, Eduardo Bergara Leumann, Roberto Giordano, Pepito Cibrián Campoy.
Entre los cientos de coronas florales se advirtieron las del gobernador de Santa Fe, Carlos Alberto Reutemann, Tita Merello, Fernando Marín, Amalia Lacroze de Fortabat, Constancio C. Vigil, de familiares del inolvidable catcher Martín Karadagian y Juan Carlos "El Toto" Lorenzo, el ex técnico de fútbol, fallecido el año último.
Tito Lectoure había nacido el 10 de junio de 1936, en el barrio de Balvanera, y desde muy chico estuvo relacionado con el boxeo; a los 14 años practicaba la actividad en el Club Gimnasia y Esgrima en forma amateur y siempre se ufanó, orgulloso en sus recuerdos, de haber hecho guantes con el norteamericano Archie Moore, campeón mundial de los medio pesados, que había llegado para pelear en Buenos Aires.
Desde 1956, Lectoure tomó decididamente el comando del Luna Park, impulsado por su tía Ernestina, viuda de José Lectoure. Así, durante más de 40 años. Tito le dio vida con su tenacidad e ingenio por el trabajo al imponente estadio de Buenos Aires, sede de memorables combates de boxeo -en realidad una época de oro del deporte de los puños- como también les dio un lugar a todas las expresiones del arte, de la política. Y hasta en ese centro neurálgico de Buenos Aires hubo una visita ilustre: el papa Juan Pablo II.
Fiel a su espíritu conservador por las cosas de Buenos Aires -no como empresario, porque siempre se renovó y apostó a los grandes desafíos-, Tito Lectoure rechazó una y otra vez ofertas millonarias por la venta del estadio de Corrientes y Bouchard, un enclave de la ciudad casi único por su ubicación. Para él, el Luna Park era "un monumento histórico de Buenos Aires", como solía decir.
Acaso valga repetir una frase del periodista Cherquis Bialo en la despedida: "El unió a nuestros padres... a los protagonistas de la historia con la que el Luna Park se convierte en un mito de Buenos Aires".
Decir Tito Lectoure y Luna Park es una asociación indeleble de fidelidad con el deporte y el espectáculo de Buenos Aires. Ha muerto Tito y la entereza de su tía Ernestina, hoy de 83 años, que recibió el legado del Palacio de los Deportes de su esposo José, fallecido en 1950, abré una nueva época del legendario escenario porteño.
Oscar, Amalia y Alicia son los hermanos de Tito; Esteban, de 33 años, hijo del matrimonio de Alicia con Carlos Livera, hace tiempo que colabora estrechamente con Tito en el Luna Park. Poco a poco, incorporó de su tío los secretos del manejo del imponente estadio. En los últimos años, Esteban se convirtió en la mano derecha de su tío.
Hoy, el Luna Park -al margen de los sobresaltos naturales de un país inestable para cualquier empresa emprendedora- está sólidamente organizado para continuar como un referente de la vida deportiva y artística de Buenos Aires, aunque en cada rincón de Bouchard y Corrientes, en medio de las luces y las marquesinas, uno se imagine a Tito ordenándolo todo.


