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En la agonía del partido, el Atlético del Rosario vivió su tarde de resurrección y de gloria ante el SIC, justamente el rival frente al cual siempre había sucumbido, aun en circunstancias en las que parecía tener todo a favor, como en las semifinales del último torneo, en las que cayó por 19-14.
Ayer también parecía entregado a su eterno destino de perdedor frente al SIC... Séptimo minuto de descuento y su adversario, que vencía por 29 a 28, lo tenía acorralado. Pero, de repente, el Atlético lanzó su increíble acto de rebeldía: sacó limpia la pelota de un scrum en cinco yardas propias y se vino, convencido de que era la última oportunidad. Alonso, Torno, Orengo y Bartolucci, que debordó a Cerioni y corrió 50 metros; apareció Belloti y liberó para sus medios, que manejaron el ataque con una admirable precisión y dejaron el camino sin escollos para el sprint decisivo de Mario Gerosa.
Chau invicto del SIC y festejo loco de Rosario, una euforia más emparentada con la obtención de un título que con este 35-29 en un certamen al que le falta bastante rodaje.
Así lo sintieron y lo gozaron los rosarinos. Y justo con un try del Pitufo Gerosa, el mismo que hace 11 años, cuando era toda una promesa, en idéntico escenario, había quedado transitoriamente cuadripléjico (por aplastamiento de vértebras) tras un choque casual.
Se entiende mucho más, entonces, el significado de este triunfo histórico del Atlético del Rosario. Que, para colmo, en este 99 rapiñaba éxitos sin la soltura y el buen rendimiento de competencias anteriores.
Pero más allá del electrizante final y de las connotaciones del resultado, hubo casi 90 minutos de dominio alternado, aunque con ventajas para el SIC, sobre todo en el primer tiempo, cuando su scrum impuso rigor (de allí surgieron los tries de Longo y Sascaro) y sus réplicas -bien manejadas por un impecable José Cilley- generaron zozobra permanente. Allí, al SIC le faltó remate, acaso su gran pecado en la vibrante lucha.
Los rosarinos tomaron aire en la segunda parte. Su pack se vigorizó con los ingresos de Valesani y Pereyra. Y el tándem Orengo-Bartolucci-Oria (dos tries) halló espacios para intranquilizar al SIC.
A los 30, sin embargo, Perasso anotó el try que parecía liquidar todo. Pero surgió la inspiración de los rosarinos, que a través de Gerosa consumaron lo que, a esa altura, era insospechable: romper la histórica cadena de frustraciones ante el SIC. ¿Revancha? Es un término muy burdo y mezquino con el excepcional e inolvidable 10 de julio, el Día de la Independencia para el Atlético.


