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El movimiento se percibe desde lejos. Las enormes grúas, la entrada y salida de vehículos y la prisa que le imponen a su tarea diaria los operarios testimonian que nada debe quedar librado al azar en el autódromo Oscar Alfredo Gálvez, con miras a la competencia de Fórmula 1, que se correrá el 12 del actual.
Gran parte de la responsabilidad de que todo esté puntillosamente arreglado recae sobre Omar Spataro, presidente de D´Port Motor, firma concesionaria del autódromo, quien desde su función de intendente del escenario porteño mantiene una vigilia constante sobre los trabajos.
"Esta es mi casa, acá vivo, trabajo y me entretengo", explica Spataro. Diariamente, desde las 7 y hasta aproximadamente las 23, dedica su tiempo al control del circuito. Como para corroborar metro por metro los trabajos realizados, La Nación pudo dar una vuelta al circuito con Spataro. Y para quien supo ver al viejo autódromo municipal tapado por los pastos, despintado y con los alambrados rotos, resulta más que saludable encontrar, año tras año, cambios que le son altamente favorables.
"Las reparaciones para 1998 tuvieron que ver con arreglos en la curva 1, en la curva de la confitería, en la curva Reutemann, en la S de Senna y en la horquilla, que son las partes que sufren mayor desgaste", dijo el directivo, ya con la aprobación de Charles Whitting (director de seguridad de la FIA) en el bolsillo. "Acá se hizo lo que pidieron el año anterior. Quitamos las camas de leca de la curva 1, de la confitería, y de la entrada a los mixtos del trazado 9; en cada uno de esos lugares, pusimos césped, que le da vida y color al autódromo."
La máquina barredora, permanentemente en la pista, es un símbolo de pulcritud. Y la escenografía también se nutre de nuevas tribunas. "Se agregaron tres en la zona de la S de Senna;hoy, la capacidad del autódromo es de aproximadamente 70.000 personas, cómodas y bien ubicadas. La carrera se va a ver bien desde cualquier lado. De eso, que nadie tenga dudas...", remató Spataro.
Atrás quedaba una vuelta sobre su Daewoo Tico blanco, que, aunque va un poco más lento que los McLaren, sirvió para testimoniar lo realizado a lo largo de todo el circuito.


