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SYDNEY.- Fue una de las figuras de la gimnasia artística, con dos medallas doradas y una plateada. En realidad, le quedó sólo un oro, porque uno lo debió resignar en el control antidoping.
La rumana Andreea Raducan, que el sábado cumplirá 17 años, dio positivo de pseudoefedrina (25 microgramos por mililitro) en el análisis efectuado tras su victoria, el 21 del actual, en la competencia individual que se había adjudicado. Raducan fue despojada de su medalla y diploma, por lo que el triunfo quedó para su compatriota Simona Amanar.
El caso despertó mucho revuelo en Sydney. Porque la muestra A fue tomada el 21, pero Raducan también compitió en la prueba por equipos (oro, el 19) y saltos (plata, el 24). En las otras dos jornadas su examen dio negativo.
La Comisión Médica del Comité Olímpico Internacional deliberó anteanoche hasta la madrugada y su director, el príncipe Alexandre de Merode, le suministró el dictamen al comité ejecutivo del COI: la atleta es responsable de su falta.
El Comité Olímpico Rumano, presidido por Ion Tiriac -ex coach de Guillermo Vilas y Boris Becker-, expuso en su defensa que la aparición de esa sustancia en la prueba A se debió a la ingesta equivocada de un antigripal (Nurofen), en virtud de que Raducan habría estado con un fuerte resfrío el día anterior y se buscó la forma de que pudiera competir.
Una vez escuchados todos los descargos, el comité ejecutivo del COI resolvió aplicar los códigos del Movimiento Olímpico Antidoping. En consecuencia, descalificó a la atleta en la prueba individual de gimnasia artística y le quitó la medalla dorada.
Como la sustancia fue prescripta por el médico del equipo rumano, Ioachin Oana, también se determinó su exclusión de esta competencia y fue declarado inelegible para desempeñar similares funciones en los Juegos de Invierno de Salt Lake City 2002 y en Atenas 2004.
Raducan, que pesa 37 kilos, admira a su compatriota y campeona en Montreal 76, Nadia Comaneci (muchos entendidos las comparan), ama las mascotas y los viajes y pasó de la gloria y euforia a la tristeza y decepción.
El suyo no fue el primer caso de Sydney 2000. Ya habían sido expulsados los equipos rumano y búlgaro de pesas, a la vez que la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), que realizó cerca de 2500 controles sorpresa antes de los Juegos, encontró varios casos de atletas con análisis positivos que fueron excluidos de las pruebas.
Haya sido una equivocación o una intención encubierta de sacar ventajas, una talentosa niña de 16 años se quedó sin su regalo de cumpleaños más anhelado: el oro olímpico. Le quedaron otras dos medallas, pero ya nada será lo mismo.


