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A mediados de la década de los 40, Charlie Parker, negro, saxofón en mano, redoblaba el ritmo del jazz a límites insospechados y revolucionaba la historia de ese género musical. Luego, circunstancias de la vida lo llevaron a un retiro forzoso. Un par de años más tarde, Parker regresó a los escenarios, pero su magia no volvió a ser la misma. La energía de aquellos tiempos de experimentación constante había consumido su capacidad creativa. Y la mirada del público, entonces, se limitó a transitar entre la condescendencia y la añoranza por quien reconocían como un grande.
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Escupe el protector bucal. Quedan cinco segundos de pelea. El gesto desencajado, la exhalación propia de quien está ahogado, exhausto. Julio César Vásquez ensaya golpes contra su propia impotencia. Pasan de largo los zurdazos, otrora destinatarios de un efecto letal; quedan dibujando fraseos en el aire incrédulo y nostalgioso de la Federación Argentina de Box (FAB). "A todo o nada, campeón", vociferan desde el ring-side, sin demasiada convicción. Ya no hay nada que hacer y el toqueteo estilístico de Jorge Sclarandi se encamina a un triunfo inexorable.
Será por puntos, en uno de esos fallos en los que los jueces marcan coincidencia (981/2-94, 981/2-94 y 981/2-931/2). Esta vez la decisión cosechó mayoría de miradas melancólicas por ese hombre que una década atrás sorprendía con definiciones épicas. A los 36 años, el Zurdo Vásquez, en este regreso a los rings que él mismo promocionó que es "porque necesito plata", apenas ofreció una imagen pálida, nublada de potencia y lucidez.
Hubo una ráfaga que duró nueve minutos. Puro instinto, imbuido por el espíritu que lo llevó a la gloria. El espejismo de esos tres primeros asaltos, con los gritos de aliento de la tribuna como cortina de fondo, sólo contribuyó a un desgaste total de sus fuerzas. Vásquez se quedó sin reservas. Y Sclarandi, un andariego de los escenarios argentinos, estilo atildado, de manual, pegada casi inofensiva, lo dominó con notoria superioridad.
El Zurdo no pudo encontrar más a su rival. Sclarandi le tomó el tiempo a una izquierda que, probó, carecía del poder de antaño. Entonces, el bonaerense puso el desarrollo a las órdenes del ritmo que más le convenía, con estocadas precisas que dejaban desairado a Vásquez. Sclarandi siguió tranquilo leyendo esa partitura y las tarjetas le dieron una victoria cómoda y unánime.
"Me ahogué en el quinto round y cuando cambié el aire ya era tarde. Estuve muy atado y fuera de distancia. Me jugué siempre con una sola mano y fallé", explicó en los vestuarios el Zurdo, que en dos semanas tiene otro compromiso, en Montevideo, frente al uruguayo Jorge Campos.
La necesidad empuja. Vásquez volvió al ruedo, con la sola compañía del recuerdo de los tiempos felices.
El salteño Vicente Luis Burgo cayó por KO en el tercer round frente al poderoso sudafricano Phillipe N´Dou, en un combate desarrollado en Oklahoma City. En la misma reunión, el salteño Pedro Alacrán Torres cayó por KO técnico en el 5° round ante otro sudafricano, Silence Mabuza.
Horacio Chicagual apareció en gran forma luego de ocho meses de ostracismo e interrogantes. El Cacique chubutense, campeón argentino de los moscas, ofreció una actuación demoledora y contundente en el semifondo de la Federación Argentina de Box (FAB). Chicagual (51,65 kg) superó al cordobés Carlos Pan Dulce Montivero (51,65 kg) por KO técnico en el cuarto asalto.
El chubutense era candidato a medirse con Omar El Huracán Narváez hace unos meses, pero inesperadamente anunció su retiro.
En los choques complementarios, el chaqueño Javier Pistón Acuña (75,1) empató, en fallo dividido, con el misionero Hugo Rodríguez (75,7), y el rosarino Sergio Trastorno Finetto (66,25) se impuso por puntos al santafecino Marcos Alegre (66,9).


