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Mario Vargas Llosa tiene el hábito de escribir quincenalmente para los periódicos, pero la última vez que vivió los apremios y las urgencias del cierre a diario fue cuando hizo de cronista en el Mundial de España ?82. "Fue divertidísimo, escribiendo sobre la marcha, corriendo de una lado para otro, sin tiempo para corregir", evocó hace poco, días después de recibir el Premio Nobel.
Casualmente, esa experiencia postrera de Vargas Llosa como cronista deportivo coincidió con la última participación de Perú en un Mundial. Se agotaba una generación de jugadores de muy buena técnica, como Cubillas, Uribe, Velásquez, Oblitas y Barbadillo. Futbolistas de estilo exquisito y cuidado, como la prosa del escritor nacido en Arequipa. En Perú, los que gustan del fútbol y la literatura apelan a la ironía: ansían que la salida del ostracismo y postración internacional del seleccionado no sea tan larga como la espera de Vargas Llosa en recibir el máximo galardón.
Radicado en Lima a mediados de 1940, Vargas Llosa se hizo simpatizante de Universitario (le disputa a Alianza Lima la condición de equipo más popular del país) por la influencia de un tío que lo llevaba a la cancha. Allí se hizo admirador de las condiciones de Alberto Terry ("Toto"), un volante tan apto para el quite como para el pase. El color y la pasión del fútbol lo fueron atrapando hasta relegar al que era su deporte favorito: la natación. De chico pasó brevemente por las inferiores de Universitario, del que es socio de honor, y hasta se dio el gusto de patear algunas pelotas en el Estadio Nacional. "Jugaba en la línea media, donde están los estrategas, pero nunca me destaqué. La vida me empujó hacia otras direcciones", comentó en 2007.
Con los años, su debilidad por Pelé lo llevó a ir a verlo en un partido en el Maracaná entre Brasil y Alemania. Lo recuerda perfectamente porque lo acompañó su esposa en el que era su primer día de luna de miel en Río de Janeiro. Su futbolista favorito no lo defraudó: hizo dos goles. A Maradona lo consideró "un genio" de las canchas, pero indivisible de lo que es fuera de ellas, donde, según su visión, es "una persona patética, que hace todo mal".
Futbolísticamente, España le está devolviendo la ilusión que había perdido en los últimos años, a causa de "un juego que perdió espontaneidad".
Vargas Llosa no sólo es agradecido al fútbol como simple espectador, sino como escritor por lo que proporciona como materia para la creación literaria: "Un partido puede ser una novela, por supuesto, porque tiene un arranque, un desarrollo, unos momentos de intensidad emotiva, con finales felices y a veces trágicos. La crítica de fútbol es una formidable máquina creadora de mitos, un espléndido surtidor de irrealidades que alimenta el apetito imaginario de vastas multitudes".
cmauri@lanacion.com.ar
