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En dos escenarios bien distintos, el rugby argentino definirá hoy y mañana una importante parte del futuro de su macro estructura, fundamentalmente en lo que hace a la alta competencia internacional y, con ello, la economía y sus derivados. Donde está el poder real, Agustín Pichot llevará adelante en Sydney lo que él mismo define como la misión más complicada desde que allá por 2008 comenzó el proceso de inserción en la Fórmula 1 de este deporte: convencer a los socios de la Sanzar para que le otorguen a la Argentina una franquicia en el Súper Rugby a partir de 2016. Al mismo tiempo, en donde se maneja la política doméstica, en la UAR se votará una reforma de los estatutos, que como punto sobresaliente ofrece la extensión del mandato del presidente de dos a cuatro años.
Pichot se reunirá hoy en Australia con los siete integrantes del Comité Ejecutivo de la Sanzar, compuesto por dos hombres de cada una de las Uniones de Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia, más el CEO de la entidad, Greg Peters, con quien el ex capitán de los Pumas tiene una excelente relación. Allí, presentará la última parte del plan: llegar con una franquicia al Súper Rugby, cuya expansión será, junto a los contratos de TV, el tema fundamental por tratar por los tres poderosos del Sur.
Después de ese encuentro, Pichot participará mañana de un taller, también en Sydney, donde se topará con un ambiente que conoce menos: el de los representantes de las franquicias y los gerentes de Alto Rendimiento. Otro filtro clave que deberá atravesar, quizá más espinoso que el del CE de la Sanzar.
¿Cuáles son las posibilidades de la Argentina de lograr su objetivo? En el haber cuenta, fundamentalmente, con la capacidad de conocimiento, de negociación y de seducción que tiene Pichot. A eso hay que agregarle que en la Sanzar ven con buenos ojos la marcha de los juveniles argentinos con vistas al futuro. Lo que juega en contra son los pobres resultados que los Pumas tuvieron últimamente y que hay pocos que son titulares indiscutidos en sus clubes europeos. En el alto nivel profesional está claro que la Argentina ha retrocedido y eso empezó a hacer ruido, por ejemplo, en Nueva Zelanda.
El balance (también es un dato importante la mejor relación que hay con Australia) de todos esos elementos da una buena perspectiva para la Argentina, aunque nada está definido ni se sabrá tampoco en estas 48 horas. Lo que sí se sabe es que si la franquicia se aprueba, la inserción en el alto mundo profesional estará completada. De lo contrario, quizás hasta no haya más competencia regular con los All Blacks, Springboks y Wallabies.
En tanto, mañana la UAR realizará una asamblea extraordinaria para reformar diez artículos de su estatuto. El 15 es el que extiende el mandato del presidente. No habrá disidencias importantes. El único punto que se puede llegar a discutir es si se aprueba o no que haya reelección por cuatro años más.
Pero esta reforma no contempla el fuerte cambio que puede haber en el rugby argentino si se consigue una franquicia en la Sanzar. No tiene la profundidad que necesita este tiempo crucial, en el cual el profesionalismo se ha despegado tanto del amateurismo. Sólo refleja una mayor concentración de poder para un sector de la dirigencia doméstica y un cambio de figuritas y prebendas. Poco para tanto.ß
