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Todos se ríen en un cómodo departamento de Lanús, allá en Guidi al 1800. Un día en familia, con las mellizas Juliana Agostina y Luna Damaris, de 2 años, de aquí para allá, entre piruetas y afecto para papá Raúl Estévez, una de las figuras del San Lorenzo campeón.
“No paran un minuto; andan de un lado para el otro, son increíbles. El otro día, por ejemplo, no se durmieron hasta las 2 de la mañana”, dice el veloz atacante, de 23 años, que también tiene un varón, el pequeño Ayrton Nahuel –por el recuerdo de Senna–, que no llora. Al menos en el momento en que Estévez enciende el grabador. “Todavía no lo puedo creer. El título era nuestro objetivo, pero no caí, no caí...”, dice.
–¿Fueron los mejores?
–Creo que sí. Merecemos ser los campeones, porque este equipo tuvo un golpe muy duro, que fue la derrota por 3 a 1 ante River, pero después tuvimos una charla autocrítica muy buena, que nos sirvió para seguir con la racha tremenda de triunfos. Y con actuaciones convincentes, con mucha humildad.
–¿Te molestó que Gallego haya dicho que San Lorenzo se iba a caer?
–Bueno, no nos cayó muy bien. Algunos le respondieron, otros preferimos seguir con el mismo bajo perfil. Ya está, ahora quiero disfrutar del título, porque yo ya di la vuelta con la reserva, pero esto es lo máximo.
–Lo vivís como hincha...
–Sí, soy fanático de San Lorenzo. Empecé en Lanús y le tenía mucho cariño a ese club, pero después todo lo que viví en San Lorenzo es inigualable. Me hace acordar a lo que pasé en el ’95...
Y muestra las fotos, sorprende, en las que luce como un simpatizante más colgado en el alambrado. En la semana se divertía en la séptima división, entre goles y fuerza ofensiva. Los domingos se desvivía por aquel aguerrido conjunto que conducía Héctor Veira, desde Boedo hasta ...Rosario. “Sí, a ese partido también fui; me acuerdo de Mirko (Saric), de Félix Benito y de otros pibes que seguíamos a San Lorenzo a todos lados. Pero a todos lados, eh...”, advierte Pipa
Se ríe. Cuenta mil anécdotas de aquellos años. De las “colectas” que hacía para seguir de cerca a sus ídolos, de las peleas de barrio, de un grito de campeón. “Sí, era muy fanático de San Lorenzo. A veces no comía nada al mediodía con tal de estar primero en la cancha. Parece que pasaron mil años...”, dice el hombre que considera al fútbol como un “trabajo”.
–¿Nada más que un trabajo?
–Sí, es eso. Lo disfruto, pero siempre hay muchas presiones. Para mí, lo más importante es mi familia. El título es algo único, pero estar con estas dos mocosas es lo mejor que me dio la vida.
Las mocosas son las mellizas, que siguen de acá para allá, a puro vértigo infantil. Se acercan a Estévez, una de cada lado, y aplauden. El íntimo festejo de un campeón. De la tribuna a la cancha.



