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En sólo 240 segundos, Brasil estuvo a punto de cambiar la historia. Pero hace ya casi cuatro años que el jogo bonito tiene una nueva escuela; hace ya casi cuatro años que Academia de Fútbol es simónimo de Pekerman, o de victorias.
Por eso, seis minutos de pena (los que separaron al primero del segundo gol de Brasil) no podían cambiar 84 de gloria y buen fútbol. Y cuando ese cañonazo del destino llegó al fondo de la red de los recuerdos, los 12.000 argentinos presentes en el Campus de Maldonado vibraron de algarabía.
Los gritos retumbaron en las calles porteñas y, con ellos, llovieron los cantitos "para Havelange que lo mira por tevé".
Pero el responsable de la euforia tenía en el cuadro la firma de un artista: Germán Rivarola. El joven cordobés, de escasos 18 años, apenas llegado al país, no encuentra las palabras para expresar todo lo que sintió en ese momento: "Cuando convertí el gol no pensé en nada. Tenía una alegría enorme y no sabía qué hacer". Tan elocuentes sus palabras como sus hechos, en la cancha salió corriendo para cualquier lado, como queriendo abrazar al aire.
El Pekerman-boy sabe que de su botín izquierdo partió la más deliciosa pincelada final que se podía esperar del torneo, y así lo valoró. "Este fue el gol más importante de mi vida", sentenció el lateral.
Aunque no sólo por su estupendo gol se va a acordar de este Mundialito. Las nuevas aventuras son siempre bien valoradas por quienes las consideran como una forma para seguir creciendo. "Para mí significó mucho este torneo, tanto en lo deportivo como en la vida. La experiencia que adquirí en cuanto a la convivencia también fue fundamental".
Cuando jugaba en el Deportivo Rural, de Santa Eufemia, Córdoba, Rivarola no se imaginaba que el futuro le depararía esta sorpresa.
Así, de su ciudad natal se marchó para Rosario. Allí, jugando en séptima con la camiseta canalla sobre el pecho, obtuvo su único campeonato.
Más eso no sería todo. Nada menos que José Pekerman se fijó en sus virtudes y se lo llevó al seleccionado juvenil. Es una de sus más grandes satisfacciones.
Por eso, cuando la pregunta fue dirgida hacia su porvenir inmediato Germán, pensó en su club y en la celeste y blanca: "Ahora voy a continuar mi trabajo con Rosario Central y después, si es posible, me gustaría seguir en la selección" expresó el joven.
Y hasta se atrevió a soñar con sus deseos: "Mi proyecto sería ir al Mundial juvenil. Sé que previamente hay distintos torneos que jugar; están el de Toulon y el Sudamericano, pero si me toca ser parte del equipo, voy a poner toda mi voluntad para hacer lo mejor", agregó Rivarola.
Sin dudas, para los Pekerman-boys el balance de este torneo fue positivo, sobre todo porque se logró el triunfo, a pesar de las dificultades conocidas (las lesiones de Lapaglia y Turdó, y el beneficio antirreglamentario que obtuvo Brasil). Sin embargo, Germán, digno alumno de José, mantuvo la humildad a la hora de hablar sobre el equipo.
"El equipo respondió bien y fue de menor a mayor. Reconozco que hubo errores, pero debemos tener un poco de paciencia porque esta selección hace poco que comenzó a trabajar", expresó el jugador de Rosario Central.
Y depositó una gran cuota de confianza. "Creo que con muchos más partidos, se va a ir mejorando el funcionamiento", añadió.
En cuanto al rendimiento personal en el certamen, admitió que en un principio le costó adaptarse, pero "a medida que el torneo fue transcurriendo me fui soltando cada vez más y por suerte pude concretar un buen desempeño".
Y vaya si lo realizó. Jugó de manera estupenda en la final y hasta hizo el gol de la victoria.
En lo que respecta al técnico, no dijo nada nuevo. "A pesar de conocerlo hace poco, demostró ser una gran persona. Nos aconsejó en todo momento y eso fue fundamental. Pero por sobre todas las cosas nos enseñó a mantener la humildad hasta en las victorias".
Germán Rivarola, el joven que entró en la historia del ciclo más brillante de los seleccionados nacionales juveniles. Sus alegrías y sus ilusiones, con la simpleza y la humildad del sacrificio. Con el sello de José.

