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Los 630.000 dólares que ganó José Cóceres en Worldcom Classic de Hilton Head tal vez sirvan como parámetro -nada más que eso- para medir la dimensión de su triunfo. Porque nunca ningún deportista argentino ganó tanto dinero por una actuación individual.
Cuando Juan Domingo Martillo Roldán perdió con Tommy Hearns, el 29 de octubre de 1987, por el título mundial de los medianos, recibió una bolsa de 530.000 dólares. Ni siquiera Carlos Monzón llegó a tanto dinero en sus combates en Europa.
Lo de Cóceres queda lejos si se lo compara con Tiger Woods, que tras ganar el último Masters de Augusta embolsó 1.008.000 dólares.
En actuaciones individuales en el golf, también lograron importantes triunfos Vicente Fernández, Eduardo Romero y Angel Cabrera, pero ninguno de ellos superó los 250.000 dólares en un torneo.
Y ni que hablar si se lo compara con los 4000 que obtuvo el maestro Roberto De Vicenzo por la conquista del Abierto británico, en 1968. Aunque en uno de sus triunfos en Houston llegó a los 25.000 dólares.
Pasando al tenis, la mejor recompensa para Gabriela Sabatini fue el premio del único Grand Slam que ganó: el US Open de 1990, cuando se llevó 350.000 dólares. Guillermo Vilas, por levantar el trofeo del mismo certamen en 1977, sólo recibió 30.000.
Otro ejemplo es el de Franco Squillari, que por consagrarse en el abierto de Stuttgart el año último engrosó su cuenta en 167.000 dólares, y por llegar a las semifinales de Roland Garros se alzó con 147.743.
Los deportistas que participan en disciplinas grupales no pueden alcanzar esas cantidades por un partido, que sería el equivalente a un torneo en golf. Gabriel Batistuta el futbolista argentino mejor pago. Cobra 6.000.000 anuales, o sea, 176.470 por cada encuentro del torneo italiano.
Hay una excepción. La mitología maradoniana indica que en 1986, el Rey Fahd quiso tener en su país al mejor jugador del mundo. Apenas terminado el Mundial, Diego Maradona viajó a Arabia Saudita, participó en Riad en un amistoso y cobró por actuar frente al rey un millón de dólares, más una cimitarra de regalo, que tenía un valor de 250.000 dólares. Pero ése fue un capricho personal y no un premio oficial.


