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WINNIPEG (De nuestros enviados especiales).- Allá, bien lejos del calor de Winnipeg, a unos 160 kilómetros de Buenos Aires, mamá María Estela no podía parar de llorar. Lo mismo que su padre, Juan Carlos, y su hermana mayor, Karina Vanesa. Chivilcoy recibió la noticia por telefóno, con una lógica emoción: Pablo Alvarez, un muchacho muy respetado y acreedor de numerosas distinciones en esa localidad del oeste bonaerense, era subcampeón panamericano de tiro. Medalla plateada, al fin.
Fue en rifle libre, 3 posiciones. Alvarez totalizó 1,224.2, producto de un 1131 en la preliminar y de 93,2 en la final. No quedó tan lejos en la definición del norteamericano Kenneth Johnson (93,5), que sí marcó diferencias al triunfar en la clasificación, con 1140, para un total de 1,233.5.
Con su logro, Alvarez, de 21 años, le dio a la Argentina su 67a. medalla en tiro: 14 doradas, 24 plateadas y 29 de bronce. Y recicló etapas provechosas de nombres como los de Pedro Armella, Julio Silva, Ricardo Rusticucci, Julio Iemma y Oscar Yuston, entre otros.
El Campo de Tiro Glenn Murphy, a 20 kilómetros del centro, fue el lugar donde se consumó la mayor alegría deportiva de Alvarez, que diariamente, como los demás tiradores y asistentes del equipo, deben hacer unos 100 kilómetros desde la localidad de Southport, donde se ubica la base de éste y otros deportes. Un poco lejos, por cierto, para practicar y competir en un lugar apenas distante 20 minutos de la ciudad anfitriona.
Y vaya si se siente ahí, en el Glenn Murphy, la alta temperatura. Encima, los tiradores de armas largas suelen arroparse de lo lindo -además del equipo en sí, mucho abrigo debajo- para atenuar al máximo el sonido de los latidos del corazón, una forma más de apuntalar la concentración.
Pero a Alvarez sí que no le tembló el pulso. Nunca pudo ponerle presión a Johnson, pero tampoco le dejó margen a los demás. Un deportista que supo de victorias y al que no le fue muy bien en recientes pruebas de la Copa del Mundo, con la meta de llegar a Sydney 2000, objetivo que alcanzó con el logro de ayer. Un deportista que es orgullo de Chivilcoy y un ejemplo de conducta. Tal como fue corroborado en 1996, cuando en un certamen en Chile un juez le había otorgado puntaje 9 de 10 y él lo corrigió: "Fue 8". La Organización Internacional de Tiro lo distinguió con la medalla de Caballerosidad Deportiva.
"Es una alegría enorme. Pensar que yo quería estar en la final. Pero ahora gané la medalla y estoy como loco", repetía Alvarez.
Cuentan que antes de venir a Winnipeg estaba preocupado por algunas cosas. Desde hace seis meses este chico que se inició en el tiro, inducido por su padre, cuando tenía 10 años, es un desocupado más y se arregla con changas. Entre otras cosas, le da una mano a los tíos en el campo y se ocupa de los molinos en época de cosecha. Además, le falta una materia para recibirse de perito clasificador de cereales.
Pero lo peor para él era un tema físico: un dolor persistente en una rodilla. Vaya problema para quien debe competir en 3 posiciones y una de ellas es apoyándose en esa parte del cuerpo. Pero a la vez tenía una convicción: podía aspirar a una medalla, ya que fuera de los norteamericanos y canadienses se sentía capaz de pelear mano a mano con cualquiera.
Hace 20 días había ganado un torneo en Mendoza de carabina neumática, en su primera particicipación en mayores. Hoy es subcampeón panamericano. Pablo Alvarez espera volver cuanto antes a Chivilcoy. Lo esperan miles de asados, interminables rondas de mate, mil besos de familia y la enésima distinción para quien, en las finales de pruebas zonales, siempre dejó con las ganas a alguien que se ganó un nombre en el mundo de los fierros: Emilio Satriano.
En su habitación ya le hicieron lugar para una medalla. Pero cuidado: aún le falta una especialidad (rifle de aire, 10 metros). El viernes se sabrá.


