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Desde sus comienzos el polo argentino se nutrió de parejas de hermanos que conformaron la estructura fundamental de grandes equipos. Ya en el inicio de este deporte en nuestras tierras fueron, con toda estirpe inglesa, los Bennett y los Scott Robson, integrantes del equipo de Flores, ganadores del primitivo Argentino abierto en 1894, y los muy criollos José y Sixto Martínez, campeones del mismo certamen con Las Petacas, en 1895 y 1896.
Claro que la mayoría recuerda a quienes hicieron historia mucho más cerca en el tiempo, como los Reynal, los Duggan, los Menditeguy, los Cavanagh, los Alberdi, los Harriott, los Dorignac, los Tanoira, los Pieres y, obviamente el caso, de los Heguy, en sus dos últimas generaciones.
Como se ve, cada temporada el polo nos brinda nuevas generaciones de hermanos y desde hace tres años, los hijos de Héctor "Cacho" Merlos, Juan Ignacio y Sebastián, es una de ellas. Ambos, luego de ganar y llegar a las finales de los torneos más importantes de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Australia, ostentan en el exterior de la máxima valorización, pero en la Argentina a pesar, de ser una de las mejores parejas de medios, la meta de los 10 goles de handicap parecía no llegar.
Dos décadas atrás no pudo Cacho, quien a pesar de disputar varias finales como N° 1 de Santa Ana, quedó apenas un escalón abajo. Más tarde fue el turno de su hijo mayor, Juan Ignacio, quien volvió a quedar en los nueve goles. Finalmente, le llegó el turno a Sebastián, que luego de dos brillantes temporadas como N° 2, primero en La Mariana, finalista del Argentino abierto en el "95, y en 1996 con Royal Pahang, pudo quebrar esa barrera. Y a los 24 años, se convirtió en el primer integrante de la familia Merlos que alcanza los 10 goles.
Antes de su viaje a los Estados Unidos, donde jugará para un patrón paquistaní, Sebastián Merlos, charló con La Nación.
-¿Cuánto influyó tu padre en vos?
- Influyó en todo, tanto en mí como en mis hermanos. El nos enseñó muchísimas cosas.Siempre nos apoya en cada nuevo proyecto. Ahora está mucho más dedicado a mi hermano Agustín, pero uno no se olvida de todas las charlas que te dió. También nos ayudó mucho, en esta temporada, tenerlo en los palenques.
-¿Cuándo comenzaron los éxitos en el exterior?
-Muy pronto, porque mi primer viaje fue a los 17 a los Estados Unidos, y junto con mi hermano "Pite" y Guillermo Gracida ganamos el abierto de ese país y las copas Rolex y Cartier.
Al año siguiente, siempre junto con Pite, debuté en el polo de Inglaterra, en donde jugamos juntos hasta 1995, conquistando dos veces la Copa de la Reina y el certamen de Cirencester y en una ocasión la Copa de Oro. También llegamos a las finales de las copas de Oro en Deauville, en Francia, y en Australia.
-¿Considerás que tu organización es mejor afuera que en la Argentina?
-Hasta hace poco fue así, porque durante cinco años mandamos nuestros mejores caballos afuera. Para Palermo quedaban los ejemplares más nuevos y en la cancha, ante los equipos grandes, eso se nota mucho. Recién en 1994, con mi hermano, nos guardamos los mejores caballos y nos salió muy bien, ya que llegamos a la final del Argentino abierto. Eso nos decidió seguir por esa vía, y hoy nuestros mejores cinco ejemplares no se mueven de la Argentina.
-¿Cuánto de tu juego depende de la estrategia que arman con tu hermano?
-Es difícil, pero dentro de la cancha uno siempre sabe qué va a hacer y qué puede esperar del otro. Son muchos años jugando juntos y por eso las cosas nos salen naturalmente, no hay nada forzado. Es difícil explicarle a alguien que es lo que querés. Y más en el medio juego. Esta temporada fue la primera vez que jugué en Inglaterra sin Pite y me sentí bastante solo.
-¿Cómo es la relación con Juan Ignacio?
-Nos llevamos muy bien y, principalmente somos amigos y muy compañeros. Hacemos casi todo a medias, aunque él es un poco más responsable y por eso, antes de jugar afuera, casi siempre viaja primero y va organizando todo.
-¿Pensaste que si te subían a vos también los iban a ascender a tu hermano?
-Sentí un poco de amargura, porque creí que de llegar a los 10 goles, iba a ser juntos. Pero a la vez me sorprendió y me alegró alcanzar los diez goles sin haber llegado a la final de Palermo. En la decisión de subir a uno y no al otro, creo que se dió así porque en la semifinal del Argentino abierto, ante Indios Chapaleufú II, para él no fue uno de sus mejores paretidos y eso pesó más que todo lo bueno que había realizado antes.
-¿Cuánto de cierto hubo en que podían haber formado un equipo junto con Adolfo Cambiaso (h.)?
-Tuvimos una charla, pero nada formal. Lo único cierto es que somos muy amigos y varias veces dijimos que sería bueno armar un equipo. Nada más que eso. Hasta el momento, Royal Pahang va a continuar igual.
-¿Esperan formar otro equipo con tres hermanos?
-Ese es nuestro gran sueño. El más chico de nosotros es Agustín, que tiene 19 años y 5 goles, y posee todas las condiciones para llegar al alto handicap en una o dos temporadas más. De armar el equipo, Agustín, jugaría de N° 1, y después faltaría sumarle al equipo un cuarto hombre que este dispuesto a jugar con nosotros. No falta mucho para tener "el equipo de los Merlos..."



