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Como cuando habló de la Selección y sus amistosos recientes, o como cuando denostó a Passarella o Maradona en sus contiendas personales, el hombre nuevamente fue noticia.
Una vez más como tantas otras antes, Julio Grondona volvió a demostrar la pésima relación que tiene con el silencio. Su especulación de que River tiene grandes posibilidades de zafar de la Promoción, no hizo más que despertar todo tipo de respuestas. Ni que hablar del sentido de la oportunidad para deslizar tamaña afirmación.
Ante éste escenario, uno se pregunta porque nos hacen ruido sus dichos. ¿No puede Grondona hablar como un hombre del fútbol? ¿No está en condiciones de expresar su opinión como tantos otros dirigentes?
Seguramente, es a partir de esas preguntas que uno puede empezar a sacar conclusiones. El gran problema es que resulta imposible tomarlo al presidente de la AFA sin prejuicios. Si alguien cuenta con la desconfianza del hincha medio del fútbol argentino ese es el hombre del anillo. El detalle clave, es que uno nunca sabe desde que lugar esta hablando y ese es el motivo de cualquier mirada atenta.
Cuando le conviene, Grondona es el presidente de la AFA. Cuando quiere exhibir aún más poder, aunque se le haya escapado casi sin querer, se autodenomina "vicepresidente del mundo" en alusión a su puesto en la FIFA. Cuando la ocasión lo amerita, es el ferretero de Sarandí que administra el viejo y querido corralón.
El problema es que es todo eso y más. También es el hombre que dirige el Colegio de Arbitros y quién los designa a dedo para los cinco partidos decisivos de la última fecha. Es el que monitorea y toma las decisiones finales a la hora de las sanciones del Tribunal de Disciplina. Amo y señor, rey de la selva futbolera.
Algunos suponen que con sus dichos, su intención fue despegarse de cualquier final negativo para el conjunto "millonario". Otros imaginan que esa expresión es el adelanto de lo que ocurrirá mañana y que los de Juan José López serán favorecidos en la pulseada final.
Cuando hay inseguridad jurídica las conspiraciones mandan. Cuando la credibilidad escasea, el perseguido cree ver fantasmas en todos lados. Ya no importa si existen. La duda está sembrada.
Las declaraciones de hace algunos días de Mohamed y su deseo de seguir viendo a Huracán en Primera. Las dudas de Caruso Lombardi objetando las lesiones de los arqueros del "rojo". La presencia entre los titulares de jugadores como Patricio Rodríguez a pesar de estar en inferioridad física, solo para evitar el "que dirán". El collar de perlas que agigantan la polémica se va agigantando sin prisa pero sin pausa.
El fútbol argentino está construido sobre la base de una pirámide invertida. La concentración del poder depositado en una sola persona exhibe su fragilidad, y en ocasiones como esta todos sus vicios salen a la luz sin maquillajes.
Si quién está en lo más alto de la jerarquía es incapaz de medir el momento para hacer cualquier tipo de declaraciones y lo que es más grave, nadie jamás, tendrá el valor necesario para presentarle alguna objeción, entonces el final de la historia siempre será el mismo.
Mañana durante un buen rato, nos instalaremos en el reino de la desconfianza y las suspicacias. Ese que tiene el mismo rey desde hace décadas y que a muchos ya cansa con su cuento.

