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El polo despide a uno de los máximos protagonistas de la historia. Porque la trayectoria de Roberto Lorenzo Cavanagh, que falleció en la madrugada de ayer a los 87 años en su querido Venado Tuerto víctima de un infarto cerebral (será enterrado hoy, a las 11, en el Cementerio Otoñales, de la ciudad santafecina), quedará guardada en una página privilegiada del deporte argentino. Y este concepto tan categórico se basa en dos hechos fundamentales de su rico currículum: integró el equipo olímpico que ganó la medalla dorada en Berlín, en 1936 (sus compañeros fueron Luis Duggan, Andrés Gazzotti y Manuel Andrada, todos fallecidos), y por ganar seis veces el Abierto Argentino con Venado Tuerto, en 1944, 1946, 1947, 1948, 1950 y 1955. La formación clásica de este legendario equipo era: Juan y Roberto Cavanagh, Enrique y Juan Carlos Alberdi.
Nacido el 11 de noviembre de 1914 y casado con Ana Rowel, con cinco hijos, 14 nietos y seis bisnietos, Roberto Cavanagh era un hombre bien de campo; tanto que hasta el día anterior a padecer la enfermedad que derivó en su muerte –el 9 de julio último– trabajó en su tierra. Pero en toda su vida el polo estuvo muy presente por pertenecer a uno de los primeros clubes en afiliarse a la Asociación Argentina y por ser parte de una familia con varios exponentes polísticos, en los que él y su primo Juan llegaron al lugar más alto.
En lo deportivo, hablar de Roberto implica hacer referencia a un estilo muy clásico de jugar. En 1933 tuvo sus dos primeros goles de handicap, y tres años después quedaría grabado en el libro del olimpismo al ganar la medalla dorada. En aquella final el equipo nacional venció a México por 15-6. Desde Berlín el equipo viajó a Estados Unidos, donde ganó la Copa de las Américas. Como recuerdo físico de aquella gesta, en el Campo Argentino de Palermo, detrás del arco sur de la cancha N° 2, se levanta imponente el roble olímpico.
Con el correr de los años, Cavanagh fue creciendo en su nivel. Así, tuvo el honor de ser protagonista del primer gran clásico que tuvo el polo argentino: Venado Tuerto y El Trébol. Jugaron cuatro finales en Palermo, con dos victorias para cada uno. La definición de Alberto Pedro Heguy sobre aquellos duelos de las décadas del 40 y del 50 sintetiza a la perfección cómo se vivían esos cotejos: “Venado Tuerto, con simpleza y fortaleza en el juego, representaba a Boca; El Trébol, con habilidad y fineza, era como River”.
Dentro de este marco, Roberto Cavanagh trasladaba su pasión por el trabajo a la cancha. Su entrega en cada partido era total. La premisa de Venado Tuerto era que la bocha llegara lo más rápido posible al mimbre rival, y ése era uno de sus lemas de juego. Nada de trasladar en exceso: siempre había que pegar largo, buscando al compañero mejor ubicado. El clasicismo llevado al extremo. En este esquema, Cavanagh encajaba a la perfección por tener una pegada muy fuerte, tanto que alguna vez Carlos Menditeguy, uno de sus grandes rivales de El Trébol, dijo de él: “Levantaba la vista y no andaba con vueltas: tiraba directo al arco por más lejos que se encontrara”.
Ese duelo marcó a muchos grandes jugadores de la próxima generación, entre ellos a Juan Carlos Harriott (h.). Casado con Susan, la hija mayor de Roberto Cavanagh, el mítico jugador de Coronel Suárez creció en el mundo del polo viendo jugar al equipo del que luego sería su suegro. “Cuando comencé quería buscar influencias, y mucha la saqué de los hermanos Alberdi, que eran de Suárez y jugaban junto con Roberto. La mentalidad fuerte y aguerrida de los Alberdi era muy parecida a la de Roberto. Y ese juego lo mamé o me lo hicieron mamar de prepo.”
En 1954, después de obtener cinco títulos en Palermo, llegó al ansiado 10 de handicap, valorización perfecta que mantuvo hasta 1961. Después de su gran paso por Venado Tuerto, Roberto formó parte de Santa Ana, otro gran equipo de la historia, en el que jugaba con los hermanos Gastón, Marcelo y Francisco Dorignac.
Cuando se sacó las botas y se bajó del caballo, le siguió dando mucho al polo. Como director técnico, de su mano la Argentina obtuvo las Copas de las Américas en 1966 y 1980. Aunque tantas cifras exitosas apabullan, Roberto Cavanagh quedará en la memoria por otras razones. “Lo vamos a recordar como a un amigo”, aseguró Alberto Heguy.
Se fue un ganador del polo. Se fue un amigo del polo.
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