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Consolidado en el cuerpo de Roberto Bonano se quedó River con el primer chico. Y tembló cada centímetro del Monumental como no lo hizo el firme arquero local, único que soportó el terremoto provocado por las ganas de Colón, que si no alcanzó a desmoronar la victoria del equipo de Ramón Díaz fue sólo por mala fortuna. Pero le ocasionó un gran susto a este River ganador por 2 a 1, que el próximo miércoles deberá tener cimientos más sólidos si quiere aguantar la presión en Santa Fe, cuando se defina esta serie por los cuartos de final de la Copa Libertadores de América.
Apenas tres momentos, coincidentes con los goles, claro, entregó un primer tiempo discreto, que si se salvó de aburrir fue consecuencia directa de la abstinencia futbolera de estos días. Como algo es mejor que nada, se perdona tanto intrascendente movimiento de la pelota. Porque un par de forzados remates de compromiso fueron un prólogo que no preparó para el derechazo goleador de Pablo Aimar. Tiro libre por una mano que pagaría la inútil picardía y el pibe de River que pone la pelota inalcanzable para Burtovoy.
El uno a cero no resultaba adecuado, ya que, sin hacer mucho, por cierto, Colón mostraba una mejor predisposición para anular, primero, y manejar con criterio sus avances, después. Pero la desventaja le quitó ritmo al equipo visitante, cuyos volantes -en especial el dúctil Marcelo Saralegui - ya no se movieron tan libres. Presionó River. Aimar levantó la cabeza, se paró y su equipo se movió un poco.
Quedaban, sin embargo, dos situaciones para regocijarse. Saralegui prefabricó una falta de Hernán Díaz en la medialuna del área y se adueñó, con razón, del tiro libre. Por la técnica de su remate fue, sencillamente, un golazo.
Parecían darse por cumplidos con dos toques de calidad cuando llegó la sorpresa mayúscula: al fin una jugada para recordar. Pelotazo clásico que Juan Pablo Angel bajó con el pecho; anoche, esa acción era suficiente para emocionar, pero continuó... Sombrerito del colombiano al apurado Pablo Morant y zurdazo antes de que la pelota picase para su sexto tanto en la Copa. Tercer gol maravilloso generado por un partido mediocre. Increíble.
Si subió el nivel en los últimos 45 minutos el único responsable fue Colón. Inspirado Saralegui desarticuló casi solo a las marcaciones locales. El camino limpiado por él lo aprovecharon Gordillo, Fuertes, Agoglia y compañía. Para mal de Bonano.
Muchísimo trabajo tuvo el arquero de River. Convertido de verdad en un frontón, en el que rebotaron dos pelotazos de Agoglia. Buscó Ramón Díaz reestructurar la generación del juego local con el ingreso de Monserrat por Cardetti. No pudo saber si había encontrado la respuesta, porque en un par de minutos Monserrat dejó la cancha lesionado. Del otro lado, cada vez llegaban más y mejor.
Otras le ganó Bonano los repetidos mano a mano con Agoglia, Fuertes y Aquino. Un poco de aire consiguió River tras la expulsión de Morant -fuerte foul sobre Aimar-, pero su triunfo siguió apoyándose en Bonano. Demasiado como para no pensar con cierto miedo en la revancha...

