En la plaza la miran de reojo

Juan Pablo Sorin
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26 de junio de 2014  

PORTO ALEGRE.- Cuando en la plaza se juntaban los pibes que la movían, estabas liquidado. No había manera de pararlos. Porque si uno te picaba, el otro te encaraba. Porque si uno aguantaba la marca, el otro arrancaba levantando tierra. Y si ninguno se lucía, aparecía el chiquito atrevido que se gambeteaba a todos o te la clavaba desde la casa. Eso es lo que deben sentir las selecciones por momentos, como le pasó a Nigeria ayer, cuando se enfrentan a la Argentina. En una plaza como fue el Beira Rio y ante una tribuna donde esos fieles locos no paraban de alentar.

Sin embargo, después de que la selección comenzó moviéndose, fresca en conjunto y acertando en el pase y en el juego asociado, una desgracia nos cayó. No porque Musa haya definido muy bien. No. Sino porque esa jugada debía ser el ejemplo de lo que quiere Sabella en la recomposición, ésa que nos cuesta tanto y por momentos nos debilita. Porque el Kun fue generoso y volvió metiendo un pique para recuperar, con tanta mala suerte que en el rebote quedaron mal parados y en la misma línea Gago y Masche. Llegó el empate, en cinco minutos con un ritmo de fútbol espectacular. Mejoró Argentina porque crecieron sus individualidades entregadas al equipo. Lo de Leo Messi es para enmarcar, para desarrollar exclusivamente sobre este presente, sobre esta efectividad mágica.

Pero hoy quiero destacar el esfuerzo de Higuaín, desplazándose y sacrificándose por todo el frente de ataque, arrastrando a los rivales de la plaza y dejando espacios para los que llegaban de atrás. Como así también para entrar de manera correcta y efectiva en el circuito de juego. Es verdad, no hizo goles, pero no demorará en hacerlos, porque ya volvió a sentirse importante. Una lástima la chance perdida de entrada, porque los hambrientos delanteros como Pipa levitan con goles. Y en la plaza se respeta al pescador.

Si de volar se trata, volvió la galopada sin freno y lúcida de Di Maria, que estaba enchufado y fue fundamental en el toque sutil con su zurda despojada de tensiones. Sí, hay que lamentar la lesión de Kun, que ojalá sea sólo un susto, porque el equipo lo necesita. Por el otro lado, el de Rojo, nos habían agarrado mal parados (¡ojo!) y Musa aprovechó el corredor. En la plaza, cuando te pasa eso, la tenés que ir a buscar lejos y en ese trayecto es cuando pensás cómo podés darlo vuelta. Rojo lo hizo: aportó su desborde y un gol.

Claro que Argentina debe corregir cosas. Que debe evolucionar. Pero qué importante es haber ganado los tres primeros, con altibajos incluidos, justo antes de los octavos contra Suiza. Lagunas y las pelotas perdidas cuando la selección está arriba en el marcador siguen siendo puntos que seguramente Sabella trabajará. Es verdad que fue otro el partido después de la salida de Leo. Pero a la selección de Sabella la empiezan a mirar de reojo en la plaza. La comienzan a tomar en serio. Es un grupo de pibes que la mueven y te pueden volver loco si están concentrados. Con el espíritu del barrio. Con el coraje y la unión de quien quiere hacer soñar a la Argentina otra vez.

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