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MAR DEL PLATA.- Si el rugby tuviera un diccionario, su nombre figuraría como una de las acepciones que aceptaría el vocablo seven. Comandante de los célebres haka que los hombres de negro imponen en cada torneo de esta especialidad, supo hasta exponer su rostro en ese ritual neozelandés para una publicidad muy difundida en nuestro país de una tarjeta de crédito. Se llama Eric Rush y es el capitán y símbolo de los All Blacks. Aunque, en su mayoría, las miradas de los fanáticos apuntan en esta ciudad al gigante Jonah Lomu, Rush se ha ganado el respeto de todo el mundo, tras convertirse en un verdadero especialista de seven, con más de 40 torneos internacionales sobre sus hombros.
Pero a los 35 años, Rush tiene pendiente en estos tres días de actividad marplatense saldar una cuenta: consagrarse campeón mundial de Seven, algo que no pudo lograr ni en Escocia (1993) ni en Hong Kong (1997). "Sí, es verdad, es algo que me falta no sólo a mi, sino a la historia del rugby neozelandés. No sé cuáles fueron las causas. Tal vez no hemos sido lo suficientemente buenos para conseguirlo", se ríe el hombre que el año último se desvinculó de su equipo, Takapuna (en el rugby de 15), para dedicarse exclusivamente al Seven.
"Vinimos a ganar el Mundial y tenemos que desarrollar nuestro mejor rugby para conseguirlo. Nuestro potencial es enorme. Tuvimos una exigente preparación y jugaremos con mucho corazón", señala Rushy, apodo con el que se lo conoce afectivamente.
En 1989 vistió por primera vez la camiseta negra de seven para, según sus propias palabras, integrar el mejor seleccionado que recuerde, junto con John Schuster, John Gallagher y Terry Wright. "También el equipo en que estuve con Lomu y Cullen hizo buenos torneos", rememora Rush, que reconoce en el fijiano Waisale Serevi al mejor jugador de seven que vio: "Ya está un poco viejo, pero todavía sigue pesando. Cuando él está bien, Fiji levanta", dice. Pero su carrera no fue sólo seven. También el rugby de 15 lo tuvo como protagonista, primero como tercera línea y luego como wing. Actuó en 25 partidos internacionales y 9 test-match para los All Blacks, pero su inclinación hacia el seven tuvo que ver con lo dinámico de esta especialidad.
Ahora se encuentra en la recta final de su carrera, aunque no le pone fecha de vencimiento a su trayectoria. "Cuando mis piernas me lo digan, ahí abandonaré. ¿Después? No sé si me veo como entrenador, aunque me gustaría, porque conozco todo sobre seven", relata sin soberbia.
Apela a la lectura y a la música -"me encanta el reggae", admite- para ocupar los espacios libres que le depara la preparación para el Mundial. Es la cuarta vez que pisa Mar del Plata y no deja de sorprenderse por la belleza de las mujeres: "Esto sí que me hace mal... Muy mal, ja ja". Caudillo y ganador nato, Rush es consciente de que su legajo profesional no estará completo sin una Copa del Mundo en sus manos. Sueña con coronar su fructífera carrera con ese trofeo. Para consagrarse definitivamente y que los diccionarios apelen a su apellido como sinónimo de seven.



