

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
CRANS-SUR-SIERRE (De un enviado especial).- Las prolijas calles de Crans Montana, una localidad vecina, serpentean, suben y bajan llevando autos lujosos entre edificios y casas que parecen de juguete por su sobriedad y belleza impoluta. Sin embargo, hay algo extraño que no encaja entre tanta pulcritud.
Cae la noche del martes, y cerca del tradicional Café 1900 aparece el misionero Daniel Vancsik para buscar el lugar de una reunión muy peculiar. Hay que bajar por una escalera, mientras se escucha un ritmo muy familiar, girar a la derecha, y allí aparece el pequeño espacio bien argentino. En el jardín trasero de la casa de un fotógrafo suizo, que no para de disparar su flash, se improvisa el gran asado, con la Mona Jiménez y Amar Azul de fondo musical. La parrilla, manejada por los caddies Polo, el Chino y Zenón, el hermano de Ricardo González, despide un aroma y un humo que aquí sólo se permite mediante el pago de una multa por la contaminación.
Los responsables de organizar todo son el Gordo, el encargado de un bar lindante con la casa que seguirá poniendo cuartetos y cumbias toda la noche, y Chico, un santafecino que llegó hace 25 años aquí y que suele aparecer con un monociclo en el green del 18 para festejar las victorias nacionales (en 2001 terminó en el agua de la pequeña laguna). Están todos los jugadores y los caddies argentinos, unos 20 en total, encabezados por Eduardo Romero, al que no le cuesta mucho convertirse en el maestro de ceremonias. Hace bromas sobre una parillada que parece ser poca en relación a los asistentes, saluda a todo el mundo manejando con naturalidad el inglés, el francés -el idioma predominante en esta parte de Suiza- y el italiano, saca carne del asador y la corta con dedicación para algún invitado especial. Agradecen Néstor Clausen y Alejandro Gattiker, que se arriman cada vez que sus actividades en Suiza coinciden con este torneo.
Pero el espacio no es sólo celeste y blanco. Hay amigos y conocidos cosechados durante tantos años de venir a disfrutar este torneo. Hay un inglés que dice amar la Argentina y tiene campos en Córdoba, cerca de los de Romero; una artista suiza que en alguna oportunidad le donó un cuadro al Gato para su fundación; un italiano, Chiccio, que es cocinero en un restaurante y que los domingos de cada año agasaja a los argentinos con algunos manjares. No es una embajada, ni se ofrece ningún cóctel, pero la cordialidad de los argentinos y lo gustosos que se sienten los invitados sirven para entender por qué son recibidos con los brazos abiertos en Crans Montana.

