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Fue un reencuentro con la misma historia del golf argentino. La última semana, el Maestro Roberto De Vicenzo (85 años) y Antonio Cerdá (87) volvieron a compartir momentos juntos en el país después de mucho tiempo. Los dos conformaron la pareja que logró en Montreal la Copa del Mundo de 1953, por entonces denominada Copa Canadá.
-¿Cómo vivió estos días con su viejo compañero?
-De manera muy emotiva, porque los recuerdos y las anécdotas surgieron naturalmente. Antonio se desempeñó hace más de cinco décadas profesor en el Ranelagh Golf Club, cuando yo me mudé a México, y me reemplazó en esa función. Después, a partir de 1958, él terminó instalándose definitivamente en el Distrito Federal. Por eso es que se sorprendió cuando en estos últimos días realizamos una recorrida por Ranelagh, mi lugar. Por entonces, las calles eran de tierra y ahora las observó asfaltadas y florecidas. También visitó su antigua casa, que está tal cual como era en aquella época, y la iglesia donde se casó.
-¿Cómo organizaban sus respectivas carreras en aquel tiempo?
-Cerdá era más proclive a actuar en el Viejo Continente porque tenía un juego de estilo europeo. Si bien no contaba con tanta potencia en la pegada con el driver, se las rebuscaba muy bien con el approach y con el juego en el green, en el que era fantástico. Como en Europa las canchas eran más cortas, allí rendía mejor. Yo, en cambio, era lo inverso: sacaba más ventajas en las salidas, lo que me permitía sentirme más cómodo en los campos de los Estados Unidos.
-Usted le dio prioridad a su evolución golfista y Cerdá se desdobló más entre el jugador y el profesor. ¿Cree que si Antonio se hubiera dedicado de lleno a su carrera habría triunfado aún más?
-Seguramente habría ganado más torneos. Con los tiros a la bandera, era un especialista, además de su categoría con el putter, como mencioné, y allí pudo haber sacado diferencias. Pero si no tenés juego largo, como en su caso, resulta complicado mejorar. No es tan fácil alcanzar 30 yardas más, cuando uno ya es un jugador maduro. Es un tema de impacto, de cómo el cuerpo llega a la pelota. Al mismo tiempo, todo se hace cuesta arriba cuando de repente perdés la sensibilidad en el juego corto, algo que le sucede últimamente a Andrés Romero. Si extraviás ese toque, te arruina todo lo bueno que podés hacer con los tiros de salida.
-¿Cómo eran ambos en cuanto a sus personalidades, en el esplendor de sus carreras?
-Yo era más serio que él. Antonio era más atrevido y hacía punta en muchas cosas, no le tenía temor a nada. Era menos cuidadoso en ese sentido, pero nunca perdía el respeto hacia el otro.
-¿Cerdá fue su gran compinche?
-Sin duda, por eso es que este reencuentro fue tan importante para los dos. También viajé en el circuito con Leopoldo Ruiz y con Fidel de Luca, aunque la relación no era tan estrecha.
-En otro orden, Victoria Tanco, de 14 años, alcanzó el primer puesto en el ranking junior de los Estados Unidos. ¿Qué opinión le merece?
-Su futuro es excelente. Esta ubicación le demandará una responsabilidad muy grande. Ser N° 1 es algo fuerte, y Victoria puede sentirlo, pero no sé si se da cuenta del todo. Los que la guían deben tener cuidado: hay que encontrar formas de promocionarla, pero sin que su carrera se eche a perder. Cuando al sudafricano Gary Player le preguntaron por el surgimiento de su compatriota Ernie Els, contestó: "Me parece fantástico, pero espero que alguien no le desdibuje su futuro. Por ahí viene un profesor que es como una víbora y lo termina confundiendo". Por eso insisto: a Victoria hay que llevarla con mucha sensibilidad e inteligencia.


