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Johannesburgo.- "Los equipos se arman de atrás para adelante." "La defensa gana campeonatos." Gracias a válidos ejemplos, estas frases se han convertido en sentencias. Este seleccionado argentino va en el sentido contrario. En dos partidos, creó veinte situaciones de gol. Convirtió a los arqueros rivales en figuras. Tiene al goleador del torneo, el único jugador con el número 9 que ha facturado en este Mundial. Ha traído seis delanteros que, en la tabla acumulada, anotaron 170 veces en la temporada. Ya ha utilizado a cinco. Solamente falta Martín Palermo. ¡Qué lejos quedan los partidos en el Centenario y en Munich, con dos líneas de cuatro y dos delanteros alejados del juego! Aquel equipo se defendía bien a costa de atacar mal. ...ste ataca bien y está aprendiendo a defenderse mejor.
Ante Corea, salió con Jonás de lateral derecho, Maxi Rodríguez de ocho, Di María de diez y tres hombres en ataque: Messi, Tevez e Higuaín. Si se trata de potenciar fortalezas y esconder debilidades, la Argentina muestra sus recursos ofensivos para intimidar a los rivales. Dominantes ante los griegos, los asiáticos asumieron su inferioridad desde el arranque. Esperaron con nueve jugadores detrás del balón. Recién presionaban sobre el primer pase argentino en el campo rival. Mientras tanto, la selección dibujaba un rombo en el medio con Mascherano de vértice retrasado, Maxi y Di María por los costados y Messi de enganche. Leo bajaba hasta el círculo central para recibir la pelota y no encontraba el espacio a las espaldas de los medios de contención coreanos. Cada vez que agarraba la pelota, tenía dos o tres rivales encima. Bien tomada su figura, el equipo encontró caminos alternativos. Di María metió un caño divino en el comienzo del juego, tomó confianza y completó una estupenda primera mitad. Forzó una falta al costado del área y así llegó el primer gol. El centro de Messi buscaba a Demichelis, que había picado a un lugar descubierto por la marcación zonal de los coreanos. El zaguero cabeceó el aire pero al delantero Park Chu Young le faltó oficio de defensor para sacar el pie y la metió en contra. Otra vez la pelota parada destrabó el partido.
Sin la responsabilidad defensiva de retroceder por el sector derecho, Tevez también contribuyó con la causa. Aprovechó la numerosa vigilancia a Messi para imponer su estilo salvaje y caótico. Le hicieron un foul en el mismo lateral que a Di María. Messi y Maxi la jugaron para atrás para que la defensa saliera. Peinó Burdisso y el central Lee, más pendiente de su marca que del juego, habilitó a Higuaín. Gonzalo rompió el bloqueo con un cabezazo. Era 2 a 0 sin necesidad de un gran Messi. El equipo mostraba funcionamiento, autoridad y contundencia. Corea no le veía la cara a Romero. La salida de Samuel por una lesión muscular (se le cayó encima toda la temporada con Internazionale) permitió el ingreso de Burdisso. Inteligente, riguroso y con voz de mando para ordenar, llegó para quedarse entre los titulares. La Argentina cerraba un primer tiempo perfecto hasta que se equivocó Demichelis. Con una seña, Burdisso le indicó el despeje de primera. Pero Micho, mal perfilado, pagó caro su exceso de confianza. El volante derecho Lee Chung Yog definió bien y Corea se encontró con un gol que no había buscado. Enorme signo de interrogación al partido. Antes, el arquero Wung le negó el tercero a Di María. Tevez había provocado el "uuuhhh" con un potente tiro libre. Y Messi, con una jugada maravillosa y un tiro apenas desviado.
El impacto psicológico del descuento se notó en el arranque de la segunda mitad. Durante esos diez o quince minutos de dudas, fueron amonestados Jonás (ausente ante Grecia por dos amarillas), Mascherano y Heinze. El zurdo Yeom quedó mano a mano con Romero y no se animó a definir con la derecha. La tiró afuera. Pero el equipo reaccionó a tiempo. En el momento desfavorable, Rodríguez y Mascherano apuntalaron a sus compañeros. El ingreso de Maxi acomodó todo. Le devolvió simetría y balance al equipo. Le brindó una referencia a Jonás para que el lateral no se desordenara. Liberó a Tevez del compromiso defensivo e impuso su portentoso despliegue por la derecha. No importa cómo le vaya en los clubes. En el seleccionado, juega con naturalidad y personalidad. El esfuerzo del primer tiempo había desgastado a Tevez. El partido le pedía un cambio a Maradona, que eligió asumir riesgos e incluyó a Sergio Agüero. Como ante Nigeria, mantuvo a Messi y dos delanteros más.
Kun la rompió en veinte minutos. Enseguida encontró el lugar y los tiempos para hacer daño. Messi se contagió de su amigo y mostró todo su repertorio. El equipo quedó armado con dos bloques. El defensivo, integrado por la última línea más Mascherano y un agotado Di María, y el ofensivo listo para contraatacar con los tres de arriba más Maxi. Llegó el turno de Messi, más adelantado en la parte final. Bien interpretado por Agüero en el pase, hizo su unipersonal dentro del área. El arquero Jung le negó el gol con el pie en el primer intento y el caño se lo rechazó en el segundo. Pero, en carambola de billar, el balón le quedó a Higuaín, en la misma línea del último defensor, para marcar el gol más fácil de su vida. Un rato más tarde, Leo ejecutó rápido un tiro libre en propio campo. Con precisión y velocidad, los tres mosqueteros y Maxi impusieron supremacía numérica en el contraataque. La jugada terminó en golazo. Higuaín la tocó fuera del área y picó hacia el arco. Messi juntó a tres rivales y, a lo Bochini, la empaló para Agüero, solo en la izquierda. De primera, Kun metió el revés del pie derecho y se la puso en la cabeza al goleador, quien definió con el manual incorporado: 4 a 1 y triplete de Pipita, sobre cuatro oportunidades de gol. Es notable cómo su rendimiento crece cuando se lo cuestiona. Es la historia de su vida ganarse la confianza de los entrenadores. Ninguno lo consideró la primera opción. Siempre ha corrido desde atrás. Y terminó convenciéndolos a todos. Desde Passarella, el primero, hasta Maradona, el último. Diego, que lo había respaldado tras sus erráticas definiciones ante Nigeria, lo premió con la sustitución a diez del final. Allí sí entró Bolatti, pero con el partido definido. Sobre el final Sergio Romero atajó su primera pelota del partido y Agüero estuvo a punto de marcar un golazo "romariano". Seis puntos y cinco goles en dos partidos. Y el 10 todavía no marcó el suyo. Da la sensación de que cuando lo haga se va a caer el estadio. Sin haber sido la figura del match, participó de los cuatro goles. Los rivales le temen a Messi. Argentina se hace respetar. En este segundo partido, ya con el ritmo de competencia que le faltó en el primero, creció colectivamente. No es campeón del mundo. Aún no ganó nada. Pero entregó fundamentos para el disfrute y la esperanza. De paso, le mandó un mensaje contracultural al mundo: "Este equipo se arma de adelante para atrás".
jpvarsky@lanacion.com.ar



