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TOKYO(de un enviado especial).- Y un día también conquistó el mundo...
Hizo goles en todas partes, de las formas más variadas, con festejos alocados, con gritos hasta el límite de las cuerdas vocales, con alegría, con delirio. Si algo le faltaba era vivir un 28 de noviembre de 2000 de esta forma, con los ojos del mundo clavados en sus zurdados, ese del toque corto, ese cruzado como un latigazo fulminante. Martín Palermo y el gol: un copyright que ya es mundial.
Varias imágenes quedarán grabadas para siempre, además de sus tantos. Como sus lágrimas conmovedoras apenas finalizó el encuentro, que le imposibilitaron pronunciar ni una palabra ante la prensa. Luego, como un emperador con su conquista en la mano, mostró orgulloso la llave de la camioneta Toyota que ganó como el jugador más valioso del partido. El vehículo lo canjeará por 21.000 yens, 22.000 dólares al cambio monetario, que los repartirá entre todos sus compañeros.
Cuando el corazón volvió a acomodarse, cuando las lágrimas dejaron en paz a los ojos, Martín Palermo dejó un puñado de frases contundentes made in Tokio. "Cuando ya no exista el fútbol para mí, pasaré los videos de ese partido y se los mostraré a mis nietos. Porque todos los goles son lindos, pero éstos los guardaré en el corazón para siempre". Vaya palabras: ¡Toda una metáfora para reflejar la inmortalidad de sus goles!
Más terrenal, siguió: "Estoy viviendo un gran momento, porque esta es una de las grandes alegrías de mi vida. Ser campeón mundial no es cosa de todos los días. Este instante es de una felicidad suprema. Hemos logrado algo muy importante en nuestra carrera, que seguramente valorizaremos aún más con el tiempo".
Con ganas de festejar, festejar y festejar, se animó a realizar un comentario analítico de la final intercontinental. "Fue fundamental la ventaja inicial. Ellos manejaron bien la pelota, pero supimos controlarlos en el medio por la solidaridad y la concentración que tuvimos durante los noventa minutos. Siempre estuvimos atentos y pusimos todo en la cancha. No dejamos que ellos hicieran su juego", expresó como de memoria. Pero su verdadero sentir de esta final, quedó en claro con otra frase: "Este partido quizás no era necesario jugarlo bien sino ganarlo, y nosotros fuimos merecidos triunfadores por el esfuerzo colectivo".
Enseguida, como lo hicieron todos sus compañeros, y como lo sabe y siente cada uno de los protagonistas -directos o indirectos- de esta historia con final feliz, se refirió al glorioso ciclo que desmbocó en este título. "Esta es la culminación exitosa de un proceso que demandó tres años". Entonces, hubo agradecimientos y reconocimientos hacia los que lo apoyaron en los malos momentos, cuando el 13 noviembre de 1999 los ligamentos de su rodilla derecha le quebraron el alma. "Estoy muy emocionado por el esfuerzo de mis compañeros, el de mi familia que estuvo cerca de mí, el del cuerpo técnico. Ellos fueron mi sostén para volver a estar en mi mejor nivel", remató.
Para terminar, envió una dedicatoria amplia "al pueblo argentino, porque no solamente los hinchas de Boca, sino todo el país debe estar feliz, ya que les llevamos la copa para allá". Luego volvió a conmoverse, los ojos rojos se le ahogaron una vez más, y no tuvo más lugar para las palabras. No hacía falta: su copyright otra vez había dicho todo. Palermo y el gol. En todas partes. De todas formas. Y un día también conquistó el mundo...
Martín Palermo (10): Su presencia goleadora se comprobó cuando abrió el marcador sorprendiendo por el medio del área y cuando a la carrera marcó con un remate cruzado el segundo gol. Tanto en ataque como en defensa no sorprendió su entrega. A la hora de defender mostró el mismo empeño que puso para definir.
Juan Román Riquelme (10): Otro pilar de Boca que se destaca en las difíciles. Su habilitación preparó el escenario para el segundo gol. Con mucha personalidad llenó de creación el campo de juego y en el final cuidó la pelota con su sello personal: la pisadita. A tal punto que en el segundo tiempo desairó varias veces a Geremi, que le cometió infracción y fue amonestado.
Jorge Bermúdez (10): El patrón fue fundamental para controlar los avances del Real Madrid. Fue la columna del ordenamiento defensivo de Boca. Sacó todo en el juego aéreo y, junto con Traverso, anuló a Raúl.
Marcelo Delgado (9): Cada vez que tuvo a Geremi adelante lo complicó. Alternó por las puntas y supo ubicarse bien lejos de los defensores para sorprenderlos con sus desbordes. De uno de ellos nació el primer tanto de Boca que marcó Palermo, con quien se asociaron a la perfección.
Cristian Traverso (7): Arrancó seguro y después fue intermitente. Nunca dividió el balón. Controló a Raúl cuando se ubicó en su sector.
Aníbal Matellán (7): Otro de los más regulares de la defensa. Le tocó una tarea difícil, como es marcar a Figo, y el portugués lo superó pocas veces.
Mauricio Serna (7): Tuvo altibajos para contener a Guti, pero terminó como dueño indiscutido del medio campo.
José Basualdo (7): Pasan los años y el volante mantiene su vigencia ganadora. Cubrió tácticamente su sector. Ayudó a Riquelme cuando al equipo le costaba tener la pelota.
Oscar Córdoba (6): Falló en algunos centros y en algunas salidas le erró al campo de juego. Terminó con solidez brindando seguridad.
Hugo Ibarra (6): Varias veces perdió con Roberto Carlos y por un error compartido con Battaglia llegó el descuento del brasileño. Mejoró bastante en el segundo tiempo y colaboró con Battaglia y a veces con Delgado por el sector derecho.
Sebastián Battaglia (6): No tuvo la actuación de los últimos partidos, pero aportó su habitual cuota de sacrificio a la hora de recuperar el balón. Mejoró en la segunda etapa.



