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RÍO DE JANEIRO.- "El Fla-Flu nació 40 minutos antes de la vida." La frase del escritor Nelson Rodrigues resume el significado del clásico más clásico entre tantos en el fútbol brasileño. Flamengo-Fluminense es tan importante que se convirtió en metáfora de otros conflictos, más allá del deporte. Los debates bipartidarios de las últimas elecciones presidenciales se trataron como el "Fla-Flu político".
En Río Grande do Sul, estado conocido por el clásico Gre-Nal (Gremio-Internacional) -considerado por muchos el más grande de Brasil-, el metegol es llamado "Fla-Flu", por el duelo carioca.
A pesar de haber surgido "40 minutos antes de la vida", el primer Fla-Flu se jugó el 7 de julio de 1912. Desde entonces, se jugaron 399 partidos. Incluyendo el duelo entre clubes con mayor público de todos los tiempos: 194 mil personas estuvieron en el Maracaná en la final Carioca de 1963.
El estadio más grande de Brasil es, también, donde más veces se ha jugado el clásico. En las tardes de domingo, en el Maracaná, nacieron y crecieron leyendas como Zico, el máximo goleador del duelo con 19 goles -cuatro de ellos en un mismo partido, otro récord-. En Fluminense, el último gran héroe es Renato Gaúcho, que marcó con la panza (y fuera de juego) el gol del título carioca de 1995.
El Fla-Flu quizá no sea técnicamente el clásico más relevante de Brasil; tal vez nunca lo ha sido. Pero fue, es y siempre será el más encantador. El ambiente entre las hinchadas es menos violento que en otros clásicos, y el espectáculo en las gradas lo hace único.
De un lado, Flamengo, el "equipo del pueblo", escogido por las clases populares, con su hinchada apasionada por los colores rojo y negro, que no cesa de alentar un segundo. Del otro lado, Fluminense. Nacido entre los aristócratas, el club con el paso del tiempo expandió su verde, blanco y grana por todo Río y conquistó Brasil.
En un país con diferencias sociales marcadas, con historias de logros tan distintas, Fla-Flu podría ser un resumen de la historia de Brasil, en la que ricos y pobres se unen -como amigos o rivales-, para disfrutar una misma pasión. Una de 90 minutos. Que comenzó 40 minutos antes de la vida.
Thiago Arantes



