Floyd Patterson, el pionero

El notable boxeador murió a los 71 años; fue el primero en reconquistar la corona de los pesados
Diego Morini
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12 de mayo de 2006  

NEW PLATZ, Nueva York.- El ex pugilista Floyd Patterson, que padecía el mal de Alzheimer desde hacía ocho años, murió ayer en su casa de Nueva York, a los 71 años, según lo anunció su sobrino Sherman Patterson. El deportista, que brilló en las décadas del ´50 y del ´60, tenía también cáncer de próstata.

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Muchos boxeadores fueron grandes por su técnica, su belleza estilística y sus buenos resultados. Floyd Patterson, además de contar con esas virtudes, marcó un hito que perdurará y lo dejará eternamente a la cabeza de cualquier repaso cronológico: fue el primer pesado que reconquistó la corona de la divisional mayor. Ello le bastó para forjar una leyenda que decía que Patterson era el peleador al que más derrumbaban, pero a la vez, el que más veces se levantaba.

Entre los logros que jalonaron su campaña se destaca la medalla dorada en los Juegos de Helsinki de 1952, cuando fue el mejor mediano con 17 años. Ese mismo año debutó como profesional de la mano de Cus D Amato y la primera vez que se subió a un ring lo hizo por 75 dólares. Pero su destino de grandeza ya estaba en marcha.

Cuatro años más tarde, después de ganarle por knock-out a Archie Moore, nada menos, tocó el cielo con las manos al calzarse el cinturón de los pesados. Floyd imponía ante todo la técnica pero, confirmando aquello de las caídas, fueron siete las veces que cayó cuando en el tercer round dijo basta ante la potencia del sueco Ingemar Johansson y cedió el título.

En junio de 1960 llegó otra vez su momento. Nuevamente tuvo a Johansson enfrente en el Polo Ground de Nueva York, pero esta vez, un potente gancho de izquierda acabó con su oponente y aquel golpe -hoy histórico- le permitió volver a quedarse con el cinturón. Fue ovacionado por 35.000 personas y se transformó en el primer hombre en conseguir un cetro por segunda vez.

La humillación se encontró con Patterson en 1962: Sonny Liston lo noqueó en el primer asalto. Tanta fue su vergüenza que, para salir del Comiskey Park de Chicago, se camufló con una barba de utilería y lentes oscuros. Era como si el camino a la tercera corona se hubiese llenado de espinas. Muhammad Alí lo vapuleó y hasta se burló de él -fiel a su costumbre- cuando lo noqueó en 1965. "Alí tuvo un cerebro más rápido que sus piernas y creó un estilo: el de hablar en todo momento. Puso al boxeo en un lugar donde sólo cuentan los dólares y la promoción. Honestamente, nunca me pareció muy bueno, pero le doy un mérito: mantener vivo nuestro deporte", reconoció Patterson, entre decepcionado y realista.

Por delante lo esperaba otra derrota, en 1968, frente a Jimmy Ellis, en medio de una gran controversia por un fallo que muchos consideraron erróneo. Después de otro combate que perdió con Alí, en 1972, colgó los guantes y su experiencia la aplicó como presidente de la Comisión Atlética de Nueva York. Ingresó en el Salón de la Fama del boxeo en 1991 con récord de 55 peleas ganadas -40 antes del límite-; 8 derrotas y un empate.

Cuando tenía que autoevaluarse, Patterson era elocuente: "No sé si fui bueno, regular o malo. No sé si estuve entre los grandes o no. Solamente digo que combatí contra hombres más grandes que yo y que al boxeo le he dado todo: mi vida, mi trabajo y también mis horas de ocio. ¿Acaso no es suficiente?" Más que suficiente, Floyd. Demasiado.

  • La pelea que Floyd no olvidó

    De sus combates, Patterson siempre rescató uno de 1965 contra George Chuvalo: "En el 6° round estaba totalmente agotado. Ni mis piernas ni mi mente funcionaban. La gente empezó a corear mi nombre. Seguí y gané. Aquel día comprendí que en un boxeador hay algo superior al cuerpo: el corazón"
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