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Apenas diez años atrás no existían Android, Whastapp, Instagram, Airbnb, 4G, Spotify, iPad, Uber, Telegram, los parlantes Bluetooh ni Kindle. Facebook llevaba dos años y Twitter recién comenzaba. Los teléfonos móviles servían sólo para hablar, hasta que a comienzos de 2007, Steve Jobs lanzó el primer iPhone y revolucionó todo. En sólo una década aparecieron todos estos elementos que cambiaron los hábitos de las personas en el planeta. Apenas diez años atrás, el rugby argentino tenía una lógica de competencia internacional que contemplaba únicamente las ventanas de junio y noviembre y, cada cuatro años, la Copa del Mundo; su campeonato doméstico estelar (y el de la televisión) era el de la URBA. La expectativa a comienzos de 2007 estaba centrada en qué pasaría con los Pumas en el Mundial de Francia después de tantas peleas entre jugadores y dirigentes, pero a esa altura ya todos tiraban para un mismo lado y si bien había buenos pronósticos, era impensado lo que meses más tarde ocurrió.
El tercer puesto en Francia, que este año cumplirá una década, fue el iPhone del rugby argentino. Y, de alguna manera, Agustín Pichot fue su Steve Jobs. Aquel impacto, con un equipo sobresaliente que llevaba a fuego el alma histórica de los Pumas, significó el inicio de otra era y, también, el fin de la inocencia y el cierre de una época romántica, tal como lo graficaron tan elocuentemente Juan Manuel Trenado y Xavier Prieto Astigarraga en la nota que escribieron en la nacion sobre los 50 hitos del deporte argentino.
A sólo diez años del Bronce, el rugby argentino pasó a tener jugadores profesionales y becados y nuevos equipos (Pampas, Jaguares, Argentina XV) y competencias (Rugby Championship, Súper Rugby, Americas Rugby Championship, Pacific Cup y Vodacom Cup). La Unión Argentina de Rugby (UAR) se mudó a un edificio propio, aumentó su personal rentado y estableció fuertes alianzas estratégicas con la televisión y con auspiciantes. En la transición, los Pumas llegaron a los cuartos de final en Nueva Zelanda 2011, y en la expansión, fueron cuartos en el Mundial siguiente, Inglaterra 2015. Hubo una final en un Mundial de Seven y dos semifinales de los Pumitas (finalizaron terceros el año pasado). Y aquel torneo estelar –amateur– de la URBA en 2006 hoy está a la cola de la oferta profesional.
Este 2017, el año de los festejos del Bronce, no es decisivo para el rumbo del rugby profesional, ya que Jaguares y Pumas deberán seguir acumulando experiencias (sí es preocupante que desde el poder no se haga auténtica autocrítica de lo que pasó en 2016), pero habrá que seguir la evolución de Argentina XV, un seleccionado que abre otra ventana del proceso de cambio. El equipo, que esta semana empezó sus entrenamientos, estará compuesto por jugadores del orden doméstico, tendrá una variada competencia y formará parte del primer semillero de Jaguares/Pumas. O sea, será el eslabón inicial de la famosa ampliación de la base con miras a la imperiosa segunda franquicia en el Súper Rugby en 2019.
Si bien 2017 no es decisivo para el rumbo profesional del rugby argentino, también habrá que estar atentos a otras cuestiones tan importantes como ésas o más: el orden de su competencia interna, la seguridad y, principalmente, sostener y fortalecer el rugby de clubes, que sigue siendo la madre de todo, como lo fue en 2007. Sentenciar y pronosticar es imprudente. Sólo basta ver qué pasaba hace apenas una década atrás.


