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La controversia se planteó ya hace un tiempo. De un lado se alinearon quienes entienden que la cocaína es una droga social y que no debe ser sancionada por culpa de un positivo en el control antidoping. Del otro se plantaron aquellos que la consideran tanto o más perversa que aquellas sustancias utilizadas para conseguir beneficios deportivos.
En el medio surgieron voces famosas para defender una u otra posiciones. Mauricio Macri, por ejemplo, señaló queDiego Maradona podía morirse en una cancha por causa de su adicción. Y el ex capitán de Boca salió al cruce y desautorizó al presidente de Boca.
Enseguida, el fútbol argentino se sacudió con los casos de doping de Albeiro Usuriaga, Claudio Arzeno (dijo haber bebido un té de coca) y, por tercera vez, de Diego Maradona.
La FIFA no miró para otro lado y agendó, para dentro de unos cuatro meses, en Bélgica, una reunión de su comisión médica. Los doce profesionales que la componen tratarán un posible replanteo de las sustancias que figuran en el control antidoping. Incluida, obviamente, la cocaína.
El tema merecía una investigación a fondo. Por eso, La Nación consultó a cuatro médicos que conocen bien el ambiente del deporte.
¿Es simplemente una droga social la cocaína? ¿Es cierto que un adicto puede morirse en una cancha? ¿Qué le sucede exactamente al que la toma?
Tras conversar con Luis Pintos (director del Instituto de Medicina del Deporte y Rehabilitación), Mauricio Hadad (titular de la Sociedad de Medicina del Deporte), Donato Villani (jefe del cuerpo médico de los seleccionados juveniles y de Lanús) y Juan Carlos Rodofile (ídem de Boca), todas las preguntas encontraron su respuesta.
¿La cocaína estimula?
Sí. Produce efectos estimulantes en el sistema nervioso central, aumenta los reflejos y quita la fatiga. Además, desinhibe, con lo que el deportista pierde los nervios y el stress que generalmente produce una prueba importante. En definitiva, aunque sea por un lapso breve, quien consume puede conseguir beneficios deportivos.
¿El adicto puede morirse en una cancha?
Sí. La cocaína hace que los vasos sanguíneos se cierren (vasoconstricción) y ello desemboca en que la sangre no llega a los músculos. Es entonces cuando se producen lesiones musculares: contracturas, desgarros, distensiones. Y el corazón es un músculo igual a los de una pierna, por ejemplo. El desgarro de un músculo cardíaco es sinónimo de un infarto.
Si el riesgo es tan grande, ¿por qué nunca se murió un futbolista por ingestión de cocaína?
Antes de la respuesta, una aclaración para no herir susceptibilidades: al tratarse de una droga social, el ambiente del fútbol no está exento de consumidores, aunque resulte imposible consignar el porcentaje de adictos (se supone que es bajo). Luego sí, se puede contestar que influye mucho el control antidoping, pues para evitar un resultado positivo en la muestra de orina los deportistas deben dejar de consumir con varios días de antelación al partido.
¿Es cierto que el adicto se deprime?
Primero, quien consume cocaína sufre entre veinte minutos y media hora de excitación. Después, según la personalidad del adicto y la pureza de la droga, sobreviene hasta una hora de tranquilidad. Y, tras ello, llega la depresión y la inseguridad, ambas producidas por un cerebro mal irrigado, pues no recibe el caudal de sangre que necesita.
¿Es posible dejar la adicción?
Es muy difícil. Casi imposible. Las estadísticas dicen que sólo el 9 por ciento de la población mundial adicta a la cocaína logró recuperarse. No puede trazarse un paralelismo con el tabaco ni con el alcohol.Allí influye la fuerza de voluntad de la persona. Con la cocaína, en cambio, es el organismo el que pide la droga.
¿Hay cocaína en el fútbol?
Como se menciona líneas arriba, sería una negligencia negar la penetración de este flagelo mundial en un ámbito como el del fútbol, aunque como deporte el balompié sí puede considerarse fuera de acción, precisamente por esto de que nadie consume para jugar mejor el domingo (para ello existen otras drogas más efectivas).
¿Sancionar a los adictos es perjudicarlos más aún?
No sancionarlos sería peligroso. Sin embargo, cuando se detecta la adicción se impone la ayuda. Castigar al drogadependiente con dos años de suspensión puede llevarlo a consumir más por tristeza.
Las preguntas pueden ser más. Muchas más. Aunque son éstas las que responden los acertijos más instalados alrededor del fútbol.
Los últimos resultados del antidoping, aunque conforman un porcentaje bajísimo, indican que este deporte no es ajeno a la cocaína.
La FIFA tendrá, en unos meses, la lupa sobre este tema. A ella le corresponderá dejar todo como hasta ahora o permitir un piedra libre que puede resultar muy peligroso.
Julio Grondona no está de acuerdo con sancionar la ingesta de las llamadas drogas sociales con la misma dureza con la que se pena a quienes pretenden sacar ventajas deportivas.
El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) cree que, antes que caer con la ley sobre el adicto, hay que ayudarlo.
Cuando se le habla sobre los dos años de suspensión para quien comete la primera infracción, y con la descalificación para quien se convierte en reincidente, él se ataja y contesta que eso surge de una ley sancionada por el Congreso y no de una disposición de la entidad que él preside.
Hace poco más de dos meses, en una entrevista concedida a La Nación , el también vicepresidente de la FIFA comentó lo que se transcribe a continuación: "La cocaína no ayuda al jugador a conseguir una ventaja deportiva".
"Yo creo que hay que proteger a la persona", continuó.
Y después explicó cuál es la responsabilidad del organismo que preside:"No es la AFA la responsable del castigo sobre el ser humano. La gente debe entender que hay una ley sancionada por el Congreso, que contempla la pena que les corresponde a los infractores. Y nosotros tenemos que someternos a lo que dicta dicha ley".
Confesó su intención de aguardar los resultados del Congreso de la FIFA en el que se tratará el tema de las penas, aunque se mostró escéptico cuando se lo consultó por la posibilidad de que se produzcan cambios.
"En líneas generales, en la FIFA no piensan igual que yo, aunque también es verdad que a veces no se puede conocer el pensamiento de todos. El tema, de cualquier manera, es de consulta permanente", concluyó.
Las sanciones para los futbolistas cuyos controles antidoping dan positivo no es igual en todos los países.
Tomadas cinco naciones con arraigo futbolístico, puede notarse como casi todas ellas tratan los casos de manera diferente.
Italia: según la sustancia ingerida, una muestra con resultado positivo se sanciona con entre 6 meses y dos años de suspensión. A Diego Maradona, por ejemplo, le dieron 15 meses por haber tomado cocaína.
España: igual que en Italia; entre seis meses y dos años, según la sustancia y la gravedad del caso.
Chile:para la primera infracción se contempla una sanción de tres meses, que aumenta para los reincidentes, aunque aquí no se estipula la suspensión.
Brasil:entre 4 meses y un año. Los reincidentes son inhabilitados de por vida.
Francia:no está determinado. Cuando aparece un caso de doping, la Federación Francesa se expide con el único parámetro de las sanciones anteriores.
Sanciones: la ley vigente castiga con dos años de suspensión los casos positivos de doping, pero hay un proyecto para disminuir esas penas.
Cuando Albeiro Usuriaga recibió dos años de suspensión por haber consumido cocaína, la gente del fútbol empezó a protestar por la dureza con la que la ley castigaba a los deportistas.
Dos años para el infractor "primerizo" y la inhabilitación de por vida para el reincidente pareció, de pronto, excesivo.
Por entonces, nadie reparó en que la ley vigente (la 24.819) había sido sancionada apenas dos meses y medio antes. Exactamente el 26 de mayo último había entrado en vigencia.
La cuestión es que, como por un ataque de responsabilidad, el mundo del fútbol empezó a buscarle la vuelta al tema para que el caso de Usuriaga no se repitiera.
Los argumentos fueron que para un adicto a la cocaína (sustancia encontrada en el doping positivo del colombiano), dos años fuera de las canchas resultaban un castigo demasiado fuerte.
"Así, en lugar de ayudarlo lo estamos matando", entendió un dirigente que prefirió mantener su nombre en reserva.
Fue de esa manera como se empezó a hurgar por una solución a corto plazo.
Como se trataba de una ley, la respuesta debía surgir del Congreso. Y así el problema llegó hasta la Cámara de Diputados.
La Comisión de Deportes de la HCD se reunió en varias oportunidades para elevar un dictamen a la Cámara.
Le costó mucho ponerse de acuerdo, y finalmente resolvió elevar un dictamen de mayoría y otro de minoría, con diferencias mínimas.
El dictamen de mayoría, suscripto entre otros por Fernando Galmarini (PJ; ex secretario de Deportes), Roberto Digón (PJ; dirigente de Boca) y Alfredo Bravo (Frepaso; candidato a presidente de River), coincidió con el otro en el tema de las sanciones.
De tres meses a dos años para la primera infracción. Inhabilitación de por vida para quien resulte reincidente.
El tema, aprobado en la medianoche del miércoles, ahora bajará al recinto, en el que será tratado por todos los diputados, el miércoles próximo.
Si la reforma a la ley 24.819 se aprueba en Diputados, pasará inmediatamente al Senado, donde hay mayoría oficialista. Y si allí también se le da el visto bueno, habrá que aguardar a que se reglamente la nueva ley para comenzar a utilizarla.
Mientras, Claudio Arzeno (positivo, según él, por haber tomado un té de coca) espera por la resolución de su caso. Y Albeiro Usuriaga y Diego Maradona descansan en la Justicia para poder jugar.
Así se sanciona en la Argentina.
Por José Ignacio Lladós
Es verdad que a quien consume cocaína hay que ayudarlo. También es cierto que con una suspensión de dos años se lo castiga tan duramente que lo más probable es que el adicto recaiga en su enfermedad. Y no menos verdadero resulta que quienes ingieren esta droga no lo hacen para perfeccionar su rendimiento deportivo.
Sin embargo, considerar a la cocaína simplemente como una droga social y no incluirla en el antidoping, o sancionar a quienes la consumen con suspensiones sólo "educativas", parece una subestimación del caso.
Los médicos coinciden en que la cocaína puede matar a un futbolista en el medio de un partido. Tapa los vasos sanguíneos, la sangre no llega bien al corazón y, así, en medio de una actividad de alto rendimiento, puede producir un infarto.
También reconocen que, aunque más no sea por unos veinte minutos, el adicto se desinhibe y pierde los rastros de fatiga. Ergo, tiene un arma desniveladora en su poder. Puede mejorar su rendimiento, en otras palabras.
Si la cocaína deja la lista de sustancias prohibidas, entonces, habrá una especie de todo vale peligrosísimo. Un jugador podrá drogarse el mismo día del partido, por ejemplo, con el altísimo riesgo que ello implica. Y, para colmo, habrá ingresado en una ruta de una sola mano.
Todo esto, sin entrar en el terreno judicial al que debería someterse.
En definitiva, si bien hay que ayudar al adicto, dejarle pasar por alto su "transgresión" puede resultar más nocivo que la adicción misma.
Por todo esto, no considerar a la cocaína como una sustancia prohibida (ya sea con el argumento de que nadie toma esa droga para conseguir beneficios deportivos o con el razonamiento de que a los enfermos hay que ayudarlos) puede convertirse en sinónimo de maquillar el problema. Y eso significa justificar lo malo con lo peor.



