¿A qué selección volvería Lionel Messi? (Si es que finalmente vuelve)

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
Messi frente a Croacia, en Rusia 2018. No volvió a jugar para la Argentina después del Mundial
Messi frente a Croacia, en Rusia 2018. No volvió a jugar para la Argentina después del Mundial Fuente: AP - Crédito: Petr David Josek
(0)
23 de febrero de 2019  • 20:19

El posible regreso de Lionel Messi a la selección en los amistosos de marzo revolotea en el aire. No ha sido totalmente confirmado ni por el protagonista ni desde la AFA, pero el simple rumor ya es suficiente como para analizar lo que significaría la vuelta al equipo de su máxima estrella.

En principio, el solo hecho de pensar en un Messi otra vez vestido de celeste y blanco ya genera alegría, porque es sinónimo de fútbol, más allá de que algunas de las experiencias más recientes no hayan sido las mejores. Me pareció muy saludable que tanto en su caso como en el de otros jugadores haya habido hasta la fecha un impasse desde el escenario de dramatismo y desolación que cerró la participación de Argentina en el Mundial de Rusia 2018. También creo que todavía tienen mucho para dar, que mantienen vivo el fuego por estar en la selección, que a muchos de ellos no se les pasó el cuarto de hora y que podrían aportar soluciones para jugar mejor al fútbol.

Los goles de Messi en la selección Argentina

10:54
Video

Después de Rusia se produjo un recambio natural, algunos hombres se han ido y hubo un tiempo de distensión para comenzar un nuevo proceso. Pero el fútbol sigue siendo una cuestión de capacidad. Los temas periféricos como el amor a la camiseta, la sangre joven o el hambre de gloria, no alcanzan necesariamente para jugar bien y lo que termina siendo definitorio para lograr un rendimiento óptimo es que el entrenador sea entrenador y no un adulador, que conozca profundamente el juego y que designe a quienes considera los mejores para interpretar su idea. Teniendo en cuenta esas premisas suena a desperdicio no contar con jugadores como Messi, Sergio Agüero o Ángel Di María, que acumulan experiencia, que saben administrar con inteligencia sus capacidades atléticas y que continúan siendo figuras en la élite del fútbol mundial.

En los últimos tiempos se ha exagerado la tendencia a personalizar las victorias y las derrotas, y en la consideración general quien perdió en Rusia no fue la selección sino Messi, o Messi y "sus amigos", una explicación interesada y poco racional de lo ocurrido, que no me cabe en la cabeza ni me consta que haya sido real, porque no conozco ningún jugador que se tome la atribución de armar un equipo. Pero en lo concreto, a Messi se lo ha cargado con la responsabilidad de la frustración colectiva, y casi de traición a la patria, con la cual los argentinos solemos recibir una derrota deportiva. Quitarle esa carga, limpiar su mente de impurezas, convencerlo de que no existe ninguna deuda (hablamos de ser campeones del mundo como si fuera lo mismo que ponerse a vender sándwiches en la esquina) tendría que ser una tarea fundamental para facilitarle el retorno.

Menotti puede ayudar

Los futbolistas son profesionales, pero incluso los que llevan una carrera larga y han conquistado muchos títulos siguen siendo máquinas que piensan y sienten como cualquier otra persona. Hay una parte emocional que no debe perderse de vista. En ese sentido, la presencia de César Luis Menotti en la estructura de la selección puede jugar un rol importante. El Flaco tiene un magnetismo muy particular para seducir y cautivar al jugador. Si dentro de sus funciones estuviera la de estar cerca del plantel de la selección sin duda sería de gran ayuda para quitarles las obsesiones a los Messi, Agüero y compañía, para reforzarlos y lograr que se liberen y actúen tal como lo hacen cada semana en sus equipos.

En cuanto a lo futbolístico, Messi podría encajar en el tipo de equipo que parece pretender Lionel Scaloni. Hasta ahora y salvo en contadas ocasiones, el crack rosarino no ha encontrado a su alrededor ese marco que le permita esperar que surja la genialidad con la que se gana un partido. Porque en general, la inspiración o la genialidad se encuentran dentro de un funcionamiento y deben aparecer de manera espontánea, no forzada. Si hay que eludir a diez rivales o frotar la lámpara en cada jugada todo se torna mucho más difícil.

El Messi actual ya no es aquel gambeteador permanente sino que está jugando como estratega. Es un cuarto volante que termina rematando las jugadas, pero que en muchos casos también las inicia. Necesita de laterales profundos (quizás el gran déficit del fútbol argentino en los años recientes), de volantes que participen mucho del juego y lleguen al área tirando paredes, de delanteros que apoyen, de una salida prolija desde atrás que permita encadenar pases con fluidez para lo encuentren flotando entre las líneas del rival.

Cuando uno piensa un equipo con un jugador como Messi tiene que rodearlo con un estilo que aproveche su valor agregado, que lo impulse a ser mejor y sepa explotar al máximo todas sus virtudes. ¿Cabe pensar que algo así podría darse cuando finalmente se produzca su regreso? Entiendo que sí. Por otra parte, en una situación como la de la selección –donde los ensayos son muy esporádicos– jugar los amistosos ante Venezuela y Marruecos le permitiría al crack del Barça fortalecer las nociones que pueda tener sobre lo que pretende el entrenador.

Faltan apenas unos días para saber qué pasará con Messi en la ventana FIFA del mes próximo. Mientras tanto, el fútbol argentino lo sigue esperando.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.