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No hay distancia posible que separe a un argentino de la pelota. Y mucho menos si se encuentran varios de ellos a miles de kilómetros, alejados de las costumbres diarias. No importa si por la mañana las horas de trabajo se hacen eternas y el entrenamiento de la tarde llega con un importante cansancio físico y mental. No importa si debido a la categoría y condición del club no hay contratos y hasta tengan que colaborar con los equipamientos e instalaciones. Todo sea porque llegue el sábado para salir a la cancha. Así viven cientos de argentinos alrededor del mundo: jugar para disfrutar y mantener el sueño de, algún día, ser profesional.
Según la investigación que realizó el sitio AXEM en noviembre pasado, son 1693 los futbolistas argentinos en el exterior y en Nueva Zelanda, España y Estados Unidos se encuentran los tres equipos amateurs con mayor presencia albiceleste, con cifras récord.
Waiheke es una isla neozelandesa ubicada en el golfo de Hauraki, con una superficie total de 92 kilómetros y cerca de 8 mil habitantes. Allí se encuentra el Waiheke United, club de la Cuarta División Conference de Auckland, ciudad que está a 40 minutos en ferry. En la última temporada, jugaron ocho argentinos y este año serán cerca de 15 los que integren la Primera, la Reserva y el equipo social.
Facundo Calvo tiene 28 años, es de Martínez y juega de delantero. Llegó a la isla con un grupo de tres amigos hace casi tres años y nunca más se fue. "Se empezó a pasar la bola de que es un lindo lugar y con mucho trabajo porque la gente está bien económicamente. Ni bien llegamos jugamos unos partidos y nos invitaron a participar y a dirigir una división menor. Estuvimos en la sexta, una categoría muy dura y con mucho ex rugbier. Pero salimos campeones y ascendimos. El año pasado mejoramos el nivel y fuimos otra vez campeones presentando dos equipos –Primera y Reserva-", explica Calvo, en diálogo con canchallena.com. En la Argentina, jugó sólo en la Federación Amistad Fútbol Infantil (FAFI) y en la Liga Deportiva de Vicente López (LIDE).

Waiheke tiene cerca de 250 socios y no posee jugadores contratados. En la Cuarta División Conference de Auckland, donde juegan 12 equipos, existen clubes que tienen sponsors y sólo algunos integrantes del plantel reciben una paga por partido. En cambio, la mayoría de los argentinos son jardineros o constructores de jardín, una profesión muy utilizada debido a la gran cantidad de casas en construcción. Otros suelen trabajar en cocinas o como mozos.
"Lo que vivimos acá es algo increíble. El club queda entre medio de viñedos y colinas. Tenemos hinchada con banderas, bombos, canciones. Cuando viajamos a jugar a Auckland vamos en el ferry cantando y eso a los de la isla les encanta. Tienen un sentido de pertenencia muy fuerte. Además, no perdemos de local hace casi tres años. Hay toda una mística alrededor del estadio y en la isla le dicen El Impenetrable de Onetangi (risas)", cuenta Calvo, quien este año tendrá compañeros de Nueva Zelanda, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Francia, Uruguay y Chile. "Los equipos están muy divididos por barrios y nacionalidades. Una vez fuimos a jugar de visitante contra unos iraquíes que habían perdido 5-0 con nosotros. Llegamos y nos amenazaban con ponernos bombas y matarnos a tiros… parecía en chiste pero fue real. Después no pasó nada", recuerda entre carcajadas.
Claudio Amad es uno de los argentinos que pasó por Waiheke y luego jugó en Tawa, club de la Primera División de Wellington.
Agustín Domínguez (29 años, mediocampista, de Rosario) y Pedro Gatica (28 años, lateral derecho, de Buenos Aires) son otros dos de los argentinos que juegan en la isla. "Yo vine en 2010, empecé jugando al rugby y terminé en el fútbol. Esta es la tercera temporada y queremos seguir creciendo para llegar a lo más alto. Por eso, apostamos fuerte, le metemos mucha garra, pusimos plata para armar un gimnasio, buscamos ingresos, sponsors. Somos una familia", comenta Domínguez.
A su vez, Gatica explica el cambio que generó la llegada de los argentinos: "Empezó todo como un viaje y en esta isla encontramos un hogar y buenos amigos con los que compartimos equipo Trajimos nuestras costumbres y las mezclamos con la gente. Se creó una atmósfera que fue llevando mucha gente al fútbol. Ahora tenemos tambores y una murga en la isla para que vayan a alentar. Es todo a pulmón. Crecemos de a poco con nuestro granito de arena".

Baleares Sin Fronteras es un equipo que representa a un diario para inmigrantes. Juega en la Segunda Regional de Mallorca –a dos categorías de la Tercera División de España- y hay cinco argentinos fichados, más tres que forman parte de los entrenamientos. Santiago Bosero es uno de los integrantes, tiene 30 años, es fisioterapeuta y vive allí hace 15 años. "Vine con la familia y empecé a jugar como juvenil. Luego decidí estudiar y pasé al fútbol amateur. Acá está todo muy estructurado. No nos pagan un sueldo, pero previo a la crisis había jugadores que cobraran viáticos y extras por partidos. Nosotros tuvimos un equipo que se llamaba C.A. Albiceleste y estaba integrado por argentinos y uruguayos. Ascendimos tres categorías, pero luego no pudimos sostenerlo", cuenta Bosero.
"Llevo seis años en Baleares Sin Fronteras. Es un esfuerzo muy grande porque nosotros trabajamos y llegamos a los entrenamientos cansados. Son dos o tres por semana según la época, más un partido del fin de semana", señala. Y recuerda los problemas que tuvieron al comenzar: "Cuando nos federamos por primera vez con el equipo argentino sufríamos como se vive el fútbol. Acá se juega un poco más relajado y nosotros tenemos esa forma de jugar tan criolla y hemos tenido problemas porque sienten que rozamos la violencia. Pero nosotros lo tomamos en serio. El nivel no es alto pero ha habido jugadores que luego fueron profesionales".
La Segunda Regional de Mallorca cuenta con 20 equipos y se disputan 38 fechas. Baleares Sin Fronteras se ubica en el cuarto lugar, a un punto de la zona de ascenso. "Nosotros hacemos de local en el Polideportivo de Mallorca. Pagamos nuestra ficha y nuestro alquiler, pero tenemos sponsors que nos dan pelotas, equipos para jugar, bolsos. La mayoría somos trabajadores pero tenemos refuerzos que han jugado en Tercera. Somos un gran grupo", culmina Bosero.

El fútbol estadounidense se volvió una atracción en los últimos años. Con una gran inversión por parte de las franquicias e incorporaciones de renombre de futbolistas europeos y latinos, la Major League Soccer (MLS) creció rápidamente. En la universidad Florida Memorial University al equipo de fútbol se lo conoce como Lions y allí hay una docena de argentinos que fueron becados para estudiar y jugar. Uno de ellos es Facundo Torres, que nació en Beccar, tiene 22 años, es estudiante de psicología y juega de lateral derecho.
"Yo llegué a través de un amigo porque hay una prueba que hace una empresa que recluta jóvenes para estudiar y jugar al fútbol en Estados Unidos. Jugás contra otros 150 chicos a lo largo de toda una semana y van algunos técnicos de universidades de acá. Además, se graban los partidos y se mandan los videos. Te van llegando ofertas por mail y vas analizando cuál te conviene según la beca y el precio de la Universidad, entre otros aspectos", cuenta Torres, quien el año pasado entrenó con Floridians FC, equipo de la Premier Development League, una de las ligas del fútbol estadounidense, que cuenta con 56 equipos locales y ocho de Canadá.
"Hay un concepto que el fútbol estadounidense no es tan bueno, pero, hoy por hoy, debido a la gran cantidad de inmigrantes que juega acá la competencia es muy dura y muy física. No se prioriza tanto el juego y eso hace los partidos complicados. Nosotros como somos muchos argentinos y nos gusta intentar jugar lo intentamos, pero a veces es muy difícil", explica.
Además del estudio y la experiencia, la intención de ser profesional es una de las grandes atracciones del viaje. "Lo que todos venimos a buscar son contactos dentro del fútbol para intentar llegar a la MLS o la NASL (North American Soccer League), que es la segunda división donde juegan los Fort Lauderdale Strikers, un equipo de la zona que tuvo mucho marketing porque se involucró Ronaldo en su momento. A nosotros se nos complica porque tenemos visa de estudiante y los cupos de extranjeros los utilizan con refuerzos. Pero un día se puede dar a través de algún contacto y hay que estar al pie del cañón", sueña el joven argentino. Como él, otros cientos buscan su lugar en el mundo del fútbol.
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