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RÍO DE JANEIRO.-La Argentina, está claro, jugará mañana más cerca de su casa. Pero Alemania, primera selección europea que buscará ganar un Mundial en América del Sur, tiene presencia poderosa en el origen del fútbol en Brasil y también en la polémica construcción de los estadios FIFA.
Carlos Guiherme Friedenreich, revolucionario del movimiento liberal y antimonárquico Primavera de los Pueblos, escapó de una condena a prisión en Alemania y se refugió en 1850 en el sur de Brasil, atraído por un proyecto del médico Hermann Blumenau.
Llegó acompañado de diecisiete colonos más, entre ellos Fritz Müller, un naturalista ateo amigo de Charles Darwin, y de Emil Odebrecht, cuyos descendientes crearon luego la poderosa constructora que hoy financia campañas políticas y construyó los polémicos estadios del Mundial.
Arthur Friedenreich, nieto del colono Carlos, que combatió en la Guerra de la Triple Alianza, hijo de Oscar y la lavandera mulata Mathilde, se inició en el club Germania, uno de los pioneros del fútbol en Brasil, creado por Hans Nobiling y fortalecido por Hermann Friese, nombres claves del período fundacional.
Tiempos de fútbol blanco y elitista, en los que Arthur, que se cargaba de brillantina y se ponía una toalla mojada y luego un gorro para alisar el cabello mota, era aceptado en ese fútbol de "fina sociedad" y "selectas audiencias" debido a su origen social. Único mulato en un fútbol blanco, Friedenreich fue el mayor atacante de comienzos del siglo XX en el fútbol de Brasil.
Lideró el primer triunfo de un equipo brasileño en el exterior (en 1913 contra Racing), fue artífice de la conquista del Sudamericano de 1919 en Buenos Aires, figura de una histórica gira europea de 1925 del Paulistano y autor, el mito así lo dice, de 1329 goles, más que el mismísimo Pelé.
El sargento Friedenreich (así figuró en partes oficiales cuando se alistó en la llamada Revolución Constitucionalista de 1932 para combatir contra Getulio Vargas), capitán de numerosas selecciones blancas paulistas, jugó por fin en 1929 en la selección de los negros.
"Fue un héroe de fama ambivalente? ni enteramente admitido ni enteramente rechazado", lo describe José Miguel Wisnick en el libro Veneno-Remedio, una teoría de la que, sin embargo, toma distancia Luiz Carlos Duarte en su biografía Friedenreich.
"El Tigre", como lo llamaban porque era un atacante feroz, hábil y goleador, que llegó a jugar contra Charles Miller, el británico mítico fundador del fútbol en Brasil, se inició cuando todo era más precario y el país se deslumbraba en 1908 con la visita del Alumni de los hermanos Brown, glorioso campeón amateur en la Argentina.
Lo cuenta una crónica de Marcos de Mendonca, arquero-científico de Fluminense (era un ingeniero amante de Shakespeare y decía que sólo podían hacerle goles defectuosos porque él siempre sabía dónde debía ir la pelota). Hasta ese entonces, escribió el arquero, todo era patear hacia adelante o gambetear. Alumni, agregó, aportó las primeras nociones técnicas y tácticas que se conocieron en Brasil. Fue hace más de un siglo. Mañana, en el Maracaná, el fútbol argentino tal vez pueda ofrecer una nueva clase. Todo bien, claro, pero precisará como nunca de Lionel Messi.


