Andrés Iniesta planea regresar a Barcelona, donde desapareció la belleza

Una relación de admiración y cariño entre cracks: Andrés Iniesta y Lionel Messi.
Una relación de admiración y cariño entre cracks: Andrés Iniesta y Lionel Messi. Fuente: AFP
The New York Times
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23 de mayo de 2020  • 17:13

Andrés Iniesta analiza su regreso a 10.000 kilómetros de distancia. No sabe cuándo será, ni bajo qué circunstancias, pero está seguro de que quiere volver al FC Barcelona.

Pero el club al que tanto ansía volver ya no será el mismo. Algo cambió. No se trata del coronavirus, que, es cierto, cambió todo, incluida La Liga, que fue suspendida en marzo. El equipo seguía siendo ganador, pero de un modo diferente. Sus victorias comenzaban a escasear, su fútbol ya no parecía de otro planeta, y en la cancha, los jugadores solo parecían lo que son: talentosos futbolistas que habían sido arrancados de cualquier lugar del mundo para formar un equipo ganador.

Ese equipo lidera el campeonato una vez más, pero su superioridad oculta una campaña turbulenta y desgarbada que llevaba cinco derrotas acumuladas hasta que el coronavirus detuvo la temporada. Fuera del campo de juego, las cosas van aún peor, ya que la interrupción del fútbol concentró la atención en conspiraciones y rencores dirigenciales.

Desde territorio extranjero, Iniesta, que está dando los últimos pasos de su carrera en el Vissel Kobe japonés, sigue de cerca el sentimiento de crisis inmanejable que se apoderó de un club que hasta hace poco tiempo era admirado en todos los deportes.

Cuando, emocionado, Andrés Iniesta se despidió del Barcelona; ahora quiere volver

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Una creciente grieta entre la dirigencia y los jugadores -con el delantero superestrella Lionel Messi- desconocida al menos hasta esta temporada derivó en belicosos arrebatos ante la prensa.

Y el mes pasado renunciaron seis dirigentes, que entre acusaciones por mala gestión pidieron la salida del actual presidente, Josep Maria Bartomeu, mientras que el vicepresidente, Emili Rousaud, uno de los renunciantes, hizo acusaciones de corrupción. Eso fue posterior a que se revelara que el club había contratado a una empresa de relaciones públicas para manchar a opositores de Bartomeu en las redes sociales, y hasta para criticar a algunos de sus propios jugadores, incluido Messi. El disgusto es aún más sorprendente porque el club forjó la imagen de ser algo diferente, una institución que es un monumento vivo de los ideales más nobles a través de su eslogan "más que un club".

Exhalando un suspiro, Iniesta, que acaba de cumplir 36 años y está cada vez más canoso, dijo que la larga disputa amenaza con reducir la reputación del equipo y dañarlo dentro del terreno de juego.

"Me vuelve loco escuchar que las cosas que se dicen no son puramente futbolísticas", dice desde el departamento japonés que comparte con su esposa y sus cuatro hijos. "Por supuesto, me molesta que la gente hable de cuestiones que no son futbolísticas, porque es perjudicial. Por lo general, cuando aparecen cuestiones que no son futbolísticas, no suelen terminar bien."

Barcelona calificó las acusaciones en su contra como "graves e infundadas", y negó "cualquier acción que pueda ser descrita como corrupción". Rafa Cabeleira, un periodista que cubre al Barcelona para el diario El País, dijo que la filosofía del equipo de ser más que un club -una idea que data de la época en que el club se erigía como bastión contra la dictadura española- se había reducido esencialmente a un eslogan comercial, ya que las internas dirigenciales se habían vuelto cada vez más turbias.

Según su constitución, el club debe celebrar elecciones para remplazar a Bartomeu en junio de 2021. Sus opositores, incluido el ex vicepresidente Rousaud, quieren que las elecciones se adelanten porque estiman que el club debe renovarse con urgencia.

Si bien Iniesta no manifestó cuál es su preferencia, insinuó que el cambio debe hacerse cuanto antes. "Es obvio que las situaciones que suceden fuera de la cancha pueden dañar al club", dijo.

Messi, en su papel de capitán, ya ha desafiado al club dos veces esta temporada: primero, luego de que el director deportivo culpara a los jugadores por la salida del entrenador Ernesto Valverde, y luego por lo que interpretó como intentos para ensuciar la reputación de los jugadores durante las negociaciones por los recortes salariales luego de la suspensión de la liga a causa del coronavirus.

La incertidumbre en torno del club avivó especulaciones sobre el regreso de ex jugadores a posiciones de liderazgo. En enero, hubo un esfuerzo fallido para repatriar a Xavi Hernández, histórico compañero de Iniesta en el medio campo, como entrenador en remplazo de Valverde. Al final, el club se vio forzado a volcarse por Quique Setién, quien expresó su asombro cuando le tendieron las riendas del equipo.

El año pasado también fracasó el intento para contratar al ex capitán Carles Puyol como director deportivo. El año pasado, Xavi respaldó a Victor Font, un posible candidato para la presidencia, que critica la gestión de Bartomeu como presidente.

Si bien Iniesta no tiene claras las circunstancias que facilitarán su regreso -y el de sus ex compañeros-, le resulta inconcebible que el círculo que convirtió a un puñado de nenes esperanzados en el eje de uno de los mejores equipos de fútbol de la historia no se cierre con un capítulo final, epílogo de sus carreras como futbolistas, en el que trabajen juntos una vez más, y tal vez rescaten al Barcelona del caos en que está sumido.

El entendimiento entre Iniesta y Messi, marcaron época en Barcelona

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Iniesta nombró rápidamente media docena de ex compañeros de equipo de los que "sería muy difícil para uno imaginarse separado" del club. "Falta ver qué posibilidades tenemos cada uno para volver o no, y en qué condiciones", dijo. "Veremos. Me encantaría volver al Barça".

Por ahora, y con el beneficio del tiempo y la distancia, el mediocampista puede reflexionar mejor que nunca sobre los años gloriosos en el Camp Nou. Sabe que el modo en que él y ese equipo compuesto esencialmente por compañeros de la academia del club conquistaron el fútbol mundial fue una excepción, una mezcla de azar y de planificación que es muy poco probable que se repita.

"Uno se da cuenta de eso con el paso del tiempo", dice Iniesta.

TARIQ PANJA / The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide

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