

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Para lo que fueron sus costumbres y su formación en Buenos Aires, Suiza surge como un territorio extraño e inverosímil para Antonio Barijho. Cuando surgió en la primera de Huracán se resistió a abandonar la villa 21. Ya en Boca, era común verlo en camionetas atestadas de amigos y con música de cumbia a todo volumen. Al Chipi Barijho le gustó siempre tanto el fútbol como la calle, con todo lo que tiene ésta de aprendizaje y vida disipada.
Pero la marginación que soportó en Boca durante el primer semestre de este año lo llevó a aceptar el pase a préstamo a Grasshopper, en Zurich, donde su vida, a los 25 años, tomó un sesgo más calmo y menos rumboso, acompañado por su esposa e hijos.
“Esto es muy diferente a la Argentina. Me tratan muy bien; la gente es simpática, te piden autógrafos sin el acoso que se vive en Buenos Aires. Allá yo salía a las siete de la tarde; acá, a esa hora, ya están todos en sus casas”, comentó el delantero en la conversación telefónica.
Su nuevo universo es bastante diferente al que frecuentaba: “Estoy estudiando alemán, un idioma bastante bravo. Me gusta ir al teatro, cuando tengo unos días vamos a pasear a Francia o a Alemania, el club invita a la familia de los jugadores a los partidos, pero a veces prefiero que se queden en casa porque hace mucho frío. El club es espectacular... Qué se yo, es todo muy lindo, pero yo extraño un poco la pasión de nuestro fútbol y a la hinchada de Boca”.
Barijho emigró por no ser tenido en cuenta por Oscar Tabárez y por su mala relación con los dirigentes. La gratitud es para la hinchada de Boca: “La última vez que jugué fue en la reserva y me ovacionaron”.
En Grasshopper volvió a sentirse futbolísticamente importante. Suma 10 goles en 18 partidos, aunque en varios encuentros no actuó por una lesión en un tobillo. También le convirtió uno a Zenit (Rusia) cuando avanzaron a la segunda rueda de la Copa UEFA. “Es un fútbol muy diferente al argentino. Las canchas son mejores y se juega más rápido, aunque los equipos no son tan agresivos. El Grasshopper tiene un estilo ofensivo, con tres delanteros. Nuestro plantel es chico; hay 18 profesionales, de los cuales dos son pibes.”
De todos los hábitos desconocidos que Barijho encontró en Suiza, hay uno al que le cuesta adaptarse: “Los días de partido te levantan a las 8.30 y vamos a entrenarnos. Después comemos y dormimos un rato hasta la hora del partido. Yo no estaba acostumbrado a eso. En los partidos, cuando faltaban 20 minutos para el final estaba muerto, me quedaba sin aire”.
Así como destaca la vocación ofensiva, Barijho es sincero con los defectos de Grasshopper: “Habría que traer un par de zagueros centrales argentinos o sudamericanos. Por lo general, todos los defensores suizos son muy dormidos, les falta picardía”.
Barijho presume que su futuro continuará en Suiza: “Están muy conformes conmigo. Me trajeron en préstamo porque venían de un par de compras que no fueron buenas y no querían arriesgar. Ahora tienen ganas de comprar mi pase y a mí me va a convenir para tratar de firmar un mejor contrato”“.




