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Mateo Messi volvió a dar la nota. Estuvo presente en el Estadio Maracaná para el partido entre Argentina y Venezuela, tal como sucedió en Porto Alegre, junto a su madre, abuelos y Thiago, uno de sus hermanos. El único ausente fue Ciro, el menor de los tres.

Durante la previa del partido el hijo de Lionel estuvo inquieto. Corría de un lado para el otro, trepaba por entre los asientos, saludaba a Antonela y bailaba al ritmo de la música del estadio. Como dictan sus tres años, se dedicó a jugar, a divertirse por el palco que le asignaron a su familia. Bajo la mirada de su mamá y abuela, Mateo apenas reaccionó que su papá estaba por jugar un partido, cuando los jugadores salieron a la cancha.
En tanto, su hermano miraba atento la entrada en calor del papá. No se movía pese a los sacudones de su hermano, a las bromas que éste le hacía. Los dos vestidos con la camiseta argentina, el número diez en la espalda, distintas personalidades, diferentes maneras de sentir el fútbol.


