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Sonaron las trompetas como en una improvisada melodía de jazz. El Viaducto tuvo una resonancia especial, con ecos que bajaron de los escalones superpoblados. Arsenal tocó la gloria y sintió una descarga eléctrica en el mismo momento en el que el Clausura 2012 se quedó en Sarandí. Apenas diez años en primera le alcanzaron al club que apareció en el fútbol grande como un susurro en la vertiente de Avellaneda, justo entre los caudalosos Racing e Independiente. Los colores fundidos en el medio del pecho surgieron como un homenaje para los gigantes de la ciudad, pero Arsenal cobró vida propia en el fabril barrio que parecía sin lugar para un tercero en discordia. Lejos, que quede claro, está el benjamín de discutirles las gestas a aquellos que lo vieron crecer cuadra de por medio, pero la conquista del primer título local le aseguró laureles eternos. Ya nadie dejará de ver su nombre en un cuadro de honor con reservas exclusivas. El listado de campeones se extendió hacia el Sur con la humildad de un suburbio pujante, con la entusiasta tenacidad del Arse.
Visto de afuera será el cuadro de los hermanos Grondona, fundado por Julio Humberto, actual presidente de la AFA, y por Héctor Emilio, que embraveció las polvorientas canchas del ascenso entre 1961 y 1972, con 168 tantos en 349 partidos. Examinado desde adentro habrá que decir que Arsenal entró en el círculo grande y que será difícil apartarlo de él; en un recorrido por sus entrañas se verá que el título se correspondió con una esencia que respetó a rajatabla: un constante reciclaje en busca de la superación. Ese mismo núcleo envolvió como mejor síntesis una tarde grabada en el recuerdo.
Arsenal hizo lo suyo: venció a Belgrano por 1-0 y pegó el oído en la radio en un mundo diminuto. Cómo estarán emparentados el barrio y el apellido Grondona que se coronó con la mano que le dio Independiente, que le arrebató un punto a Tigre (2-2) y que le dejó servida la vuelta olímpica a la gente del Viaducto, sus vecinos. Por si hacía falta decirlo, Julio y Héctor también presidieron a los Rojos. Los personajes encajaron con la perfección de las fibras de un hilado.
El equipo de Sarandí recitó de memoria una fórmula que le dio unos cuantos resultados. Le agregó otra estrella a la de la Copa Sudamericana 2007, también de la mano de Gustavo Alfaro, con la vigencia de su estilo, un presupuesto acotado y una mezcla de jugadores surgidos en el club con otros sedientos de un desquite. El DT de la planificación eterna consiguió amalgamarlos en una campaña que se movió al compás de las necesidades. Para el Clausura apenas se incorporaron el colombiano Carlos Carbonero, con altibajos en Estudiantes, y el uruguayo Jorge Córdoba, que volvió a la Argentina, donde había tenido un errático paso por Gimnasia.
Los otros ya estaban, conocían de memoria el libreto y, sobre todo, el método. Si algo tuvo de bueno todo se resumió en saber arreglarse con los recursos que tuvo a mano. O, sin que suene hiriente, con el material que muchos dejaron a un costado. A la distancia, la columna vertebral se veía nítida desde antes de la conquista. En el arco, Cristian Campestrini, de esforzada campaña en Almirante Brown. En la zaga, Lisandro López, el mismo que se fue al descenso con Chacarita, y Guillermo Burdisso, que volvió de Roma para reposicionarse. En el ataque, Luciano Leguizamón, el mismo que hace un tiempo tuvo que irse de Gimnasia por la puerta de atrás, y Emilio Zelaya, surgido en Central y que sufrió un larga lesión de rodilla en Banfield. Sobrarán los ejemplos de la maña que se dio Alfaro para sacarles el jugo a futbolistas que venían en baja. Él y Arsenal parecieron potenciarlos. Fue como si tuvieran una necesidad en común y al mismo tiempo.
Será injusto detenerse en las falencias de los demás para explicar la hazaña. Arsenal tuvo sus méritos. En un momento fue asegurarse un colchón de puntos que le permitiera olvidarse del bajo promedio. En otro, cerca de la mitad del torneo, disipar las dudas después de un par de pasos en falso. Y, ya en el tramo final, marcar la distancia con una carrera de siete fechas invicto, con seis victorias y un empate. Lo suyo fue la regularidad. Al principio las cosas no le salieron, pero logró encarrilarse con cinco éxitos seguidos, entre la 5ª y la 9ª fecha. Acaso la rúbrica la consiguió hace poco, en la misma Bombonera, donde borró del panorama a Boca con un 3-0 lapidario. La cosecha de puntos, 38, no fue la más generosa y estuvo lejos de serlo, pero en Sarandí brilló como un tesoro escondido.
Los pies se correspondieron con la cabeza. Las piernas se movieron con inteligencia. Porque Arsenal tuvo paciencia hasta cuando eligió. El buen panorama en el comienzo de la Copa Libertadores no lo apartó de la meta: triunfos en el Clausura. Sólo eso. Tampoco dudó en el momento de restarle energía a la Copa Argentina. Así lo planificó Alfaro y así lo aprobó el presidente Julio Grondona (h.). Cuentan los más íntimos que el grupo se comprometió con el título en la 14ª fecha, en una noche sanjuanina, después de la victoria contra San Martín por 4-1. Se escuchó el clic incluso desde lejos. Se vio con el transcurso de los partidos y con los dientes que rechinaron. Tanta fue la confianza que el premio por título estuvo convenido desde antes. Según admitió el mismo Julito, será en pesos y con seis ceros. Todo quedó listo para la alfombra roja que se desenrolló en la fecha final.
Arsenal vivió el momento más grande con apenas 55 años en los que pasó por todas las categorías, con el agregado de que nunca descendió desde que llegó a primera, en 2002. Sí, fue el único campeón en la elite que también jugó en la D. La juventud no le frenó el avance. Al contrario, le alzó demasiadas barreras. Pasó a la inmortalidad y se quedó con el último título de los torneos cortos. Las copas chocarán unas cuantas veces por el mejor, por la banda roja sobre el manto de terciopelo celeste.
Pablo Lunati dirigió tres veces en el torneo a Arsenal, que ganó esos partidos: ante All Boys (2-0), San Martín, de San Juan, (4-1) y Belgrano (1-0). También lo dirigieron en tres encuentros Germán Delfino (un triunfo, un empate y una caída) y Mauro Vigliano (dos éxitos y un traspié).
Arsenal tuvo cinco jugadores surgidos en los juveniles en el triunfo contra Belgrano: los defensores Hugo Nervo y Damián Pérez, y los volantes Iván Marcone y Nicolás Aguirre (tuvo un paso a préstamo por Atlético de Rafaela) fueron titulares. No ingresó el mediocampista Darío Benedetto.




