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La emoción del relator partidario. #River #libertadores
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Cuenta que su primer partido en el Monumental fue la final de la Libertadores, en 1986, con apenas 6 años. Ya tenía uno como visitante: el día de la pelota naranja y la media vuelta en la Bombonera. Asegura que fue el primer hincha en pisar la popular y en gritar "vamos, River" la jornada en la que los millonarios conquistaron su segunda Copa, en 1996. Se jacta de ser el único relator, "más allá de los grandes medios", que transmitió a partir de 2009 todos los partidos del equipo de Núñez desde el lugar de los hechos. En su experiencia más reciente, para abaratar costos, tardó dos días en volver desde México, después de la primera final ante Tigres: cuatro vuelos, algunos viajes en colectivos de larga distancia y otros tantos de corto trayecto. Ahora, Hernán el "Tano" Santarsiero, la voz de Sintonía Monumental, una de las transmisiones partidarias de mayor alcance, llora, tiembla y se descarga con un emotivo comentario, mientras que por su cabeza pasan todos estos recuerdos y aquellos que prefiere olvidar. Los millonarios acaban de conquistar América por tercera vez. Él volvió a ser testigo. Aunque, esta vez, con un rol diferente.
canchallena.com siguió la goleada de River ante Tigres junto al equipo de Sintonía Moumental, que sale al aire por AM 690 y por varias repetidoras del interior del país. En el sector de prensa, sin la comodidad que tienen muchos en las cabinas, Santarsiero y su equipo montaron sus equipos portátiles: una pequeña consola, un televisor de tubo de pocas pulgadas, auriculares y micrófonos para cada integrante y dos más, estratégicamente colocados, para captar el ambiente del estadio. Arriba, pegado sobre el palco ubicado detrás de los pupitres, una lona que los identifica. "Soy relator, productor ejecutivo, operador de cancha, técnico y hasta una especie de encargado de recursos humanos. Todo a pulmón, corriendo de un lado para el otro", confiesa el Tano, como le dicen por su correcta pronunciación del italiano y por la nacionalidad de su madre. ¿Banca económica? "No gano nada con esto, lo hago por placer. Es más, si me pongo a hilar fino y saco cuentas, creo que voy a pérdida", asegura este hombre, de 35 años.
Así transmiten los partidos en Sintonía Monumental. #River #libertadores
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La radio apenas le cedió 10 minutos de previa, pero todo el equipo llegó a las 5 de la tarde al Monumental. Durante la espera, aprovechan para chequear las conexiones una y otra vez. Más allá de la parte técnica, el escenario tiene otros condimentos. Como hincha creyente que es -rezó durante varios minutos-, dos estampitas de Jesús y un rosario lo acompañan de cerca. También tiene dos carpetas, una con la formación de River y otra con la del rival, que es la que más suele utilizar. Un termo rojo, cargado con un brebaje de té, cedrón y miel, entre tantos ingredientes, sirve de escape cuando la garganta necesita un descanso. El clásico cronómetro, ese que suelen utilizar los profesores de educación física, está siempre al alcance de la mano.
"Vamos a vivir una final de Copa Libertadores", dice con su correcta articulación para dar inicio a la transmisión. Está tan emocionado como nervioso. Le gusta interactuar su relato con el sonido del estadio. Repite ciertas cábalas que parecen imperceptibles, como el "no no no no" que se impone en cada ataque de Tigres. La referencia al clásico rival, porque prefiere no nombrarlo, es casi constante. Ejemplos sobran: "El único Carlitos que juega la Copa es Sánchez, y marcó el segundo gol millonario" o "River dos, y a vos te dejó afuera el Panadero (por Napolitano, el hincha de Boca que agredió a los jugadores millonarios), Tigres cero".
"River ganó la Sudamericana, River ganó la Recopa y River va a ganar la Copa Libertadores de América". Lo sentencia después de gol de Alario, en el cierre del primer tiempo. Por eso, el segundo tiempo lo disfrutó más. Con los otros tantos, llegan las lágrimas y la emoción. El cierre del partido baja sus defensas y las palabras brotan del corazón. "Somos campeones de América, gritalo bien fuerte. Un sueño hecho realidad. Para los que pensaban que River nunca se iba a levantar, creo que es mejor morir de pie que vivir de rodillas. Creo en vos River, campeón de América. Para los hinchas de la Ribera. Salimos campeones, señores. Valió la pena tanto sacrificio. River campeón". Se funde en un abrazo eterno con sus compañeros. Un trabajo en equipo.
El amor por River lo heredó de su papá. "Mis viejos se separaron y me fui a vivir con mi mamá. Cuando me tocaba estar con mi papá, lo único que le pedía era que me llevara a la cancha", narra Santarsiero. A los 12 años, dejó de ver a su padre, pero no a River. "Mi mamá me dejaba ir sólo si me cuidaban unos chicos del barrio. Pero la pasé muy mal, yo era más chico y ellos me tomaban de punto. Aguanté un año, empecé a trabajar mientras hacía la secundaria para tener plata y comencé a ir solo, sin decirle nada a ella", agrega. El secreto duró tres años…
El día de la final ante América de Cali, cuando él ya estaba en la cancha, su madre se cruzó con uno de los muchachos que, ella pensaba, lo llevaban a la cancha. Preguntó por su hijo y la respuesta fue como una puñalada a su confianza. "Después de los festejos, volví a casa y ella me pegó una cachetada. Le dije: ‘Pegame todo lo que creas necesario, pero yo, hasta que cumpla 18 años, voy a ver a River cada vez que juegue en Buenos Aires. De los 18 a los 21, lo voy a seguir por todo el país y, desde los 21, por todo el mundo’. Y así fue. Mi primer en el exterior fue en México, una derrota 3-0 ante Cruz Azul".

Su rostro, o lo que se dejó ver, apareció en todos los medios en 1999, tras la consagración millonaria en el torneo Apertura. ¿Por qué? Se rapó la cabeza, se la pintó mitad blanca y mitad roja y se disfrazó de pájaro. "Me hicieron muchísimas entrevistas. Hasta llegué a salir en el calendario de River del 2000. Aparecían Ramón Díaz, Saviola, Aimar y en septiembre estaba yo. Fue lo más loco que hice por River", recuerda.
Estudió licenciatura en comunicación, aunque no pudo terminar por cuestiones de trabajo. Se recibió de periodista deportivo e hizo un seminario de relatos deportivos. Desde 2009, sigue la campaña del club de sus amores, mientras continúa trabajando de lunes a viernes, en un rubro alejado del fútbol y del periodismo. Transmitió los años oscuros de River y ayer tuvo una revancha internacional. Eso sí: jamás pensó en tirar la toalla. "Si estás internado, yo te voy a visitar, pero por ahí te fallo en un cumpleaños, día del padre o del niño, porque tengo que ir a ver a River. Si alguna vez estuve cerca de dejar de relatar, fue ahora. Con todos los compromisos de River, partidos todas las semanas, se hace difícil. Pero esto es un pasión".
El aviso a su mujer. Cuando conoció a su mujer y la madre de sus dos hijos, sólo le advirtió dos cosas: "Primero, de mi vieja nunca vas a decir nada malo. Segundo, de lunes a sábado, estoy para lo que sea. El domingo me voy a ver a River".
El ingreso prohibido a Boca. En 2014, el día del famoso gol de Funes Mori en la Bombonera, en el triunfo de River por 2-1, Santarsiero dijo una frase que recorrió todos los medios: "En un año terminado en cuatro, te pusimos en cuatro, bostero". Desde ese día, Boca no le permitió volver a relatar un superclásico en ese estadio. "Yo me equivoqué y pedí disculpas. Fui a hablar con el departamento de prensa y me dijeron que yo los había comprometido. Por eso, en la Sudamericana, volví a descargarme", cuenta el relator millonario, que cierra: "Mientras esté la actual dirigencia, no puedo volver a trabajar en la Bombonera".
jp/ph


