

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Fue, es y será incomparable. Por eso, la camiseta número 10 que Diego Maradona vistió durante más de una década aún no encuentra dueño. El viernes próximo se cumplirán cinco años de la última vez que Maradona vistió la camiseta que más amó. Fue el 25 de junio de 1994, en el Mundial de los Estados Unidos, frente a Nigeria. Y desde allí esa casaca que inmediatamente uno la relaciona con el Pelusa deambuló de un jugador a otro sin llegar a vestirlo completamente.
Después del obligado adiós del 10 -inhabilitado por doping dicho en Mundial-, el primer heredero fue Marcelo Espina. El volante de Platense no sólo vistió la camiseta número diez ante Chile, en Santiago, en octubre de 1994, sino que también llevó la cinta de capitán.
Ese fue el debut de Daniel Passarella como técnico del seleccionado, pero antes de la despedida de Maradona hubo un período en el que la posición de conductor recayó en Leonardo Rodríguez, el mejor exponente con la número diez.
Durante tres años, el ex volante de San Lorenzo fue indiscutido en esa posición, a tal punto que más de uno se olvidó de Maradona. Con él como generador de juego para Batistuta y Caniggia, la Argentina ganó en forma brillante la Copa América 91, y el seleccionado de Basile permaneció invicto durante 33 encuentros. Fue, sin dudas, quien mejor reemplazó a Maradona hasta nuestros días.
El catastrófico 5 a 0 ante Colombia por las eliminatorias del Mundial 94, en el Monumental, reflotó el fantasma de Maradona y el por entonces jugador de Newell´s regresó a su viejo amor ante el pedido de la gente. Hasta que el doping en los Estados Unidos le dijo adiós para siempre.
Después le llegó el turno a Espina, pero, en realidad, Passarella sabía que Ariel Ortega o Marcelo Gallardo serían los encargados de callar de una buena vez los pedidos por Maradona, que acompañaron durante gran parte de la gestión al ex técnico de River.
En los primeros tiempos, Ortega fue quien más adeptos ganó, pues Gallardo terminó cuestionado cada vez que vistió la camiseta número diez. Por ese entonces, la sombra de Maradona creció de manera tal que cubrió a todo el seleccionado.
Sólo en el final de las eliminatorias Gallardo se ubicó como el mejor candidato para conducir al seleccionado y nadie lo cuestionó, pero una lesión en la gira previa lo condicionó para el Mundial y Ortega cumplió con esa función.
Pero antes, entre amistosos y eliminatorias, Passarella recurrió a otros jugadores ante las ausencias obligadas de Ortega, principalmente, y Gallardo. Juan José Borrelli, Gustavo López, José Albornoz, Néstor Gorosito y Rodolfo Cardoso tuvieron la posibilidad de reemplazar lo irremplazable y no conformaron en sus intentos.
En el ciclo de Passarella hubo críticas y aplausos. Pero lo que sí resultó más nítido fue que cada plantel elegido vivió bajo la fantasmagórica sombra de Maradona.
En la nueva etapa de Marcelo Bielsa, Gallardo, Juan Sebastián Verón, Fernando Pandolfi y Pablo Aimar aún no sintieron la presión de reemplazar a Maradona, como tampoco lo sentirá en el debut Juan Riquelme, que hoy es el elegido para contrarrestar la figura de lo que fue, es y será irreemplazable.


