Belgrano-Talleres: una rivalidad para ver cuál de los dos clubes se refuerza mejor

El Pirata se impuso por penales ante 48.000 hinchas; la historia de los dos clubes más poderosos de la ciudad, que crecieron mucho y hasta luchan por ver quién realiza las incorporaciones más resonantes
Enrique Vivanco
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23 de julio de 2016  • 21:25

CORDOBA.– Se siente un nombre en barrio Jardín y al poco tiempo se escucha la réplica en barrio Alberdi. Talleres y Belgrano, sus moradores, arman sus planteles según sus propios intereses, pero también mirando de reojo, por qué no, en las búsquedas del vecino.

Sus realidades nada tienen que ver con aquel lejano 4 de abril de 2002, en el que se enfrentaron por última vez en primera división. Fue triunfo de Talleres 3 a 1. Casi una década y media después volverán a encontrarse. Ayer fue un amistoso que finalizó con el éxito pirata 4-1 en los penales tras igualar 1-1, pero prometen que por los puntos en serio será distinto. El marco estuvo a la altura de semejante reencuentro: 48.000 personas estuvieron presentes en el estadio Mario Kempes y los planteles, antes del partido, posaron con una bandera con un mensaje de paz: "Somos rivales, no enemigos. El fútbol de Córdoba contra la violencia".

La rivalidad se mantuvo a través de los años. En esa época, en 2002, el fútbol de Córdoba todavía sucumbía ante el amateurismo de la dirigencia y las pésimas administraciones de sus clubes. La consecuencia fue el permanente ir y venir de sus equipos en la máxima categoría y en los certámenes de ascenso. Como sucedió históricamente, había materia prima, pero no había proyectos, procederes ni objetivos claros.

Belgrano y Talleres tuvieron que tocar fondo para resurgir. Ambos fueron a la quiebra. Talleres llegó hasta el Federal A. Belgrano no cayó tanto; sólo llegó a la B Nacional. En la transición hacia la recuperación institucional padecieron vaivenes, que frenaron un poco su recuperación, basada en un inalterable y fidelísimo apoyo popular.

Hoy ambos clubes están en otra cosa. Ya con cinco temporadas consecutivas en primera división, Belgrano pugna por pasar la primera etapa de la Copa Sudamericana (enfrentará a Estudiantes de La Plata), luego de dos incursiones anteriores con eliminación temprana. Tiene nuevo entrenador, Esteban González, reemplazante del muy respetado Ricardo Zielinski, y acumula cinco refuerzos para enfrentar, además, el torneo de primera y la Copa Argentina. Su jugador franquicia es el media punta Matías Suárez, con pasado en el club y recién llegado del Anderlecht de Bélgica. Se anticiparon a él en el trabajo de pretemporada Federico Lértora, Lucas Aveldaño, Germán Montoya y Mariano Barbieri.

Talleres también tiene un invierno muy trajinado. Con la premisa de consolidarse en la categoría superior suma jugadores que llegan del exterior aunque también ha apostado al ámbito interno y a apellidos poco conocidos. Javier Gandolfi y Daniel Ludueña arribaron desde México. Los dos ya vistieron la camiseta albiazul y también la de River, aunque suena más el del mediocampista por su vínculo con un futbolista histórico de la entidad: Daniel es hijo de Luis, un gran volante en la década de los 80. A ellos se suman Ian Escobar, Jonathan Menéndez y Nicolás Giménez –productos jóvenes de la B Nacional– más Leonardo Godoy y Lucas Kruspzky. Y suenan desde hace tiempo los nombres del peruano Paolo Guerrero y Hernán Barcos como posibles integrantes del plantel que conduce Frank Kudelka.

El lustro de Belgrano exhaló austeridad en la gestión futbolística de Zielinski y en la dirigencial de Armando Pérez. El club Pirata, con 200 empleados, tiene un excelente complejo deportivo, en el que desarrollan sus tareas todas sus divisiones formativas. Su estadio en Alberdi está en proceso de reforma y ampliación, con financiación compartida con socios e hinchas, cuya finalización prevé albergar a 30 mil espectadores. Su meta es llegar a los 50 mil socios, según Pérez. Hasta la temporada pasada había superado los 30 mil.

Talleres estaba cogestionado entre el juez que estaba a cargo de su quiebra y un grupo de apoyo, cuando llegó Andrés Fassi a la presidencia. Votado por los socios, quien también es vicepresidente del grupo Pachuca de México, no admitió palos en la rueda a la hora de encarar la explicación de lo que sería el Mundo Talleres, un ambicioso emprendimiento de 25 hectáreas que concentraría toda la actividad deportiva del club. "O lo votan o me voy", palabras más, palabras menos, fue lo que les dijo a un pequeño grupo de socios que cuestionada algunos aspectos del proyecto.

Ayer fue el primer paso de una competencia que promete más duelos. La buena relación entre las dirigencias y la ausencia de hechos reprobables en los últimos años hacían creer que sólo se hablaría de fútbol, de una rivalidad latente pero resumida al campo de juego. Hubo cerca de mil efectivos y –según la policía– no se registraron incidentes, excepto la detención de diez hinchas de Talleres que pretendían entrar sin pagar. Jugar un clásico cordobés con ambas hinchadas y sin disturbios también es otra forma de seguir creciendo.

gs

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