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Boca sacudió la mente, alejó viejas pesadillas y se despertó de repente. Revivió como en aquellas noches de vieja mística en la Bombonera. Y lo hizo con su sello, con una escenografía que le sienta a la perfección: lluvia, mucha lluvia, superado por un rival y con un panorama complicado. Así empezó a saldar una deuda y consiguió la primera victoria del año, tan ansiada como celebrada. Porque Boca tomó el 3-1 ante Lanús como un revivir en apenas dos fechas del Clausura. Tan mal la pasó en el verano, entre mil y un versiones, que bien vale el desahogo, con el alma empapada, y el festejo sentido. Tan abrumado se sentía que anoche su pena se escurrió con una celebración de brazos al cielo.
Fueron tiempos en la que la confusión parecía controlar todo en Boca, más allá del resultado final. Tanto que en el principio, y durante un rato largo, el dominio fue de Lanús, que se sintió cómodo en la misma Bombonera, incluso en un terreno resbaladizo que le propuso más de una trampa en su juego a ras del piso. Pero los visitantes se movieron con soltura y los locales se entregaron a los contraataques. Increíble. Pero sí, así fueron las cosas, pese a que el desarrollo tendría un vuelco drástico en la segunda parte. Y ya se verá por qué.
Aunque terminó con un gran nivel, Riquelme apareció con cuentagotas hasta entonces y Gaitán perdió más de lo que ganó. Con Palermo aislado, lo mejor de Boca se vio con sus jugadores más aguerridos. Por eso festejaron las barridas de Paletta, las corridas de Méndez y el sacrificio del chileno Medel. Lanús fue rápido y se movió con criterio por los costados. Lagos estuvo filoso y Blanco aportó la habilidad de siempre, incluso en un campo desfavorable para el traslado. Un párrafo aparte mereció Castillejos, muy peligroso en el área, cuyo aporte goleador otra vez sustentó la esperanza. Fue, sin duda, una saludable revelación para el equipo dirigido por Zubeldía.
Boca se puso en ventaja por dos motivos: el sustento de sus individualidades y una falta de sincronización en la defensa de Lanús. Fue una pared entre Medel y Paletta, que el chileno definió ante la salida de Marchesín. Injusto, pero la eficacia no supo de merecimientos. Después estuvo cerca con un tiro libre de Riquelme que salió apenas desviado. Incluso, muchos gritaron el gol.
El equipo granate no se resignó en su idea. Ledesma, que jugó desde el comienzo en lugar de Aguirre, siguió como uno de los mejores y fue inteligente en la búsqueda de los espacios más convenientes. Hasta que falló Ibarra, se escapó Blanco y Castillejos empató de cabeza. Los xeneizes sufrieron con el juego aéreo. Sí, otra vez, tal como lo había dicho Abbondanzieri en sus últimas declaraciones.
El descanso le dio otro impulso a Boca. Marchesín salvó en un mano a mano con Gaitán. Pero los xeneizes no dieron tiempo para nada. En una de las mejores jugadas del partido, Riquelme le dio un pase profundo a Gaitán, que sacó un centro que Palermo empujó a la red. Lanús quedó sorprendido y estático. Tanto que casi no tuvo poder de reacción. Tanto que Erbes, de cabeza, puso el 3-1 y dejó la certeza de que Lanús tampoco puede con sus problemas defensivos. Las fallas en la última línea son tan recurrentes que llaman la atención, incluso desde el mismo Apertura pasado. Antes también pasó zozobra entre varias carambolas y un tiro en el palo.
Pareció llamativo cómo Boca, tan disperso durante la primera parte, consiguió una ráfaga tan eficaz en tan poco tiempo. Fue tan sorprendente que Lanús, casi sin responsabilidad, quedó maniatado y se vio dos goles abajo de un adversario que la había pasado bastante mal.
Los cambios que propuso Zubeldía no surtieron efecto. Lanús buscó en medio de intentos desordenados. Boca se afirmó en el fondo y, entre charcos, eligió avanzar con pases largos cuando pudo. Al menos desde el temple y el coraje, recordó quién era.


