Boca se rompe: señales de una involución permanente, un equipo sin identidad que desmejora a todos
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Boca empata con Platense en la Bombonera y la estructura de fútbol, encabezada por el presidente Juan Román Riquelme, seguida por el entrenador Claudio Ubeda y continuada por lo que pueden hacer los jugadores en el campo de juego les saca a los hinchas hasta las ganas de manifestar su bronca. Se van tan resignados de la cancha, observan un futuro tan desalentador como repetitivo. Boca, el Boca que pretende ser protagonista en el torneo Apertura y la Copa Libertadores, no se ve. A duras penas genera alguna jugada de peligro en 90 minutos.
No se ven sociedades ni entendimiento. Los futbolistas son eslabones individuales que no se complementan. ¿Son las ideas del DT o las características de ellos? No se sabe a qué juega, o a qué quiere jugar. No se sabe si el plantel está completo o sigue necesitando refuerzos. ¿Son ideas de Riquelme o del DT Ubeda?. Los negocia, pero ¿llegarán? Y en caso de que así sea, ¿podrían ser una solución? El Boca de Riquelme y que conduce Ubeda, sin que se vean cuestiones indispensables como para salir a jugar un partido de fútbol desde las planificaciones y las estrategias, está logrando desmejorar hasta a los mejores. Leandro Paredes es el principal ejemplo.
Hubo un cambio (o varios) que lo pudieron marcar al ciclo de Ubeda. No fue cuando sacó a Exequiel Zeballos contra Racing, en aquel momento el DT habría encontrado argumentos para justificar la decisión por más que el resto de la gente estaba viendo otra cosa. Quizás la inacción (o falta de respuestas desde la conducción) fueron los minutos posteriores, en los que perdiendo 0-1 y quedándose afuera del torneo Clausura, apenas atinó recién sobre el final al manotazo de ahogado de Battaglia de 9 por Delgado.
Pero la lupa se pone en el 14 de enero de 2026, con Ubeda ¿confirmado? como entrenador. Ese día ante Millonarios de Colombia, supuestamente, nació el nuevo equipo con el 4-3-3, con el arquero y la defensa que le dio luego continuidad, un medio campo con Ander Herrera, Paredes y Milton Delgado y arriba dos wines y un 9: Aguirre, Merentiel y Zeballos. Quizás fue el partido de todo el ciclo Ubeda en donde más chances generó (muchas de pelota parada, el juego nunca fluyó), pero sin que el 0-0 se modifique nunca, los cambios de Ubeda fueron “puesto por puesto”: Alarcón por Herrera en el entretiempo y Tomás Belmonte (por Paredes) y Malcom Braida (por Blanco) a los 18 minutos de la segunda etapa. A los 40, ingresó Kevin Zenón por Aguirre. El arquero le atajaría un penal al Changuito Zeballos en el último minuto, pero eso habría cambiado sólo la ecuación final.
Lo que se vio ese día -una constante en todo el ciclo- fue un DT que nunca arriesgó. Ni siquiera en un partido de preparación apostó a una línea de 3 para subir a los laterales, o bajó un 5 más defensivo para soltar a Paredes, o propuso un cambio ofensivo con Zenón en la línea de volantes. Las características casi siempre, fueron puesto por puesto. Tan predecible todo que, las soluciones, o venían desde los jugadores o...

Y esta situación arrancó más atrás. Hubo dos partidos en los que, todavía con Miguel Russo en el banco, el capitán Paredes se acercó para pedirles al cuerpo técnico que hagan cambios, que algo no funcionaba. Contra Rosario Central, en Arroyito, y contra Central Córdoba, en la Bombonera. Riquelme quizás vio cosas en el día a día que sólo él es capaz de analizar y observar y por eso valora tanto a Ubeda como entrenador o al plantel que logró conformar a lo largo de los años. ¿Por eso no le renovó el contrato como técnico principal?. La suma de decisiones generan efectos dominó, para bien o para mal.
¿Qué hizo de “mal” el “bueno” de Iker Zufiaurre para pasar a dar una mano como 9, siendo extremo, dar la cara por Cavani, Merentiel, Giménez, Angel Romero y Janson -y hacer un golazo hace un puñado de días, ante Vélez- y, cuando tenía una chance inmejorable para ser tenido en cuenta como titular ante Platense, quedó relegado no sólo a no ser titular como wing -su puesto natural- ni siquiera a ingresar como posible solución en un Boca que, sobre todas las cosas, no hace goles? Otra señal de desconcierto, sobre todo, interna. Los jugadores también analizan cada resolución del DT y el presidente. Y eso es, por encima de cualquier charla o arenga, lo que va a generar confianza o no en el grupo. Las soluciones que los líderes ofrescan de verdad.
¡QUÉ MANERA DE DEBUTAR EN LA RED! Iker Zufiaurre metió su PRIMER GOL en la primera de Boca... ¡Y qué golazo! pic.twitter.com/bDOQ81Arag
— SportsCenter (@SC_ESPN) February 9, 2026
Leandro Paredes, feliz por volver a jugar en Boca y tras encadenar una serie de triunfos seguidos que le levantaron el ánimo al plantel, llegó a comparar a Ubeda con Lionel Scaloni. El 5 se enojó demasiado rápido por un cambio que él creía que el DT no debía realizar después de semejante elogio. Y su cara de frustración en el campo de juego, a la hora de hacer un pase (o cuando no tiene línea de pase) dice mucho más que sus palabras. Hoy, en Boca, Paredes tiene que tirar el centro y cabecear, por más que a veces lo ayude Di Lollo. Su salida ante Platense, por una lesión que arrastra en el tobillo, le suma el doble de preocupación.
Sacando la rebeldía de Exequiel Zeballos (hasta que se lesionó), las pelotas paradas ejecutadas por Paredes y los centros de Lautaro Blanco -pasan los entrenadores y la principal llave sigue siendo esa-. Boca es indescifrable.
Y encima se rompe. Boca se rompe. Porque sigue sumando lesionados, porque no termina de recuperar a los que se lesionaron y porque, sobre todo, no muestra una fortaleza en identidad que lo sostenga de pie ante el primer golpe, que puede ser un gol errado, un gol recibido o una derrota sin atenuantes. El proyecto le da continuidad a nombres, pero no respalda a nadie.

Boca pudo haber tenido mala suerte con algunas lesiones, como las de Battaglia, Milton Giménez y Velasco, pero no hay peor error de planificación que, cuando desde la cúpula dirigencial y de un cuerpo técnico se contemplan en el “haber” futbolistas que no sólo no se tienen sino que, sobre todo, no se sabe cuándo estarán a disposición. ¿Hace cuánto que Cavani no está? ¿Y Palacios? Boca, desde el palco y el banco, sigue esperando soluciones que nunca le aparecen.
Riquelme pasó de pedirle “paciencia” al hincha por la falta de refuerzos a no despegarse del teléfono para... seguir negociando ventas o préstamos para... ver si gana días para traer esa incorporación salvadora: ¿Cetré? ¿Hinestroza? ¿un volante ofensivo? ¿Bareiro?. ¿Para jugar con triple 9? ¿Para que venga un 9 que entregue respuestas que las lesiones de Cavani y Milton Giménez no pueden resolver? Mientras Angel Romero era presentado como refuerzo y decía que donde se sentía más cómodo era como “segunda punta” o “detrás del 9″, desde Boca Predio comentaban que el cuerpo técnico lo “imaginaba” como 9.

Lo de Santiago Ascacibar fue otro manotazo de ahogado. Claramente tiene condiciones y ADN para jugar en Boca, incluso es una apuesta superadora con respecto a los mediocampistas que tenía, pero ¿Ubeda estaba necesitando un volante así? ¿O ya tenía caraceterísticas similares en el plantel? ¿Las prioridades eran otras? Ascacibar, como Paredes, se contagiaron en muy poco tiempo de una situación general de un juego que no tiene brújula, que tiene demasiadas hojas en blanco. ¿Si entraba el cabezazo de Gonzalo Gelini -un juvenil que no estaba en la mente de casi nadie desde la planificación de enero- ante Platense, tras otro centro de Blanco, hubiera cambiado el análisis interno? ¿O apenas hubiera aplacado los ánimos hasta el próximo traspié?.
El problema es estructural y ni siquiera pasa por si juega de local o visitante. Hace años que, salvo excepciones, Boca juega mal. Muy mal. Mientras tanto, en un fútbol argentino que regala trofeos hasta por torneos que no existen, el Xeneize cumplirá el 1° de marzo tres años sin títulos (una Supercopa contra Patronato). De todas maneras, el peor error que puede cometer Boca ahora es pensar en ganar. Levantar una Copa o trofeo debe ser una consecuencia de algo positivo, de un equipo que sabe a qué juega y que encuentra soluciones visibles (y lógicas) para que no deba modificar todo si una pieza se resiente. Pero falta confianza entre los protagonistas que toman decisiones y que entrenan todos los días para buscar soluciones. Sin confianza no hay identidad. Y sin identidad ni un plan de juego claro es difícil conseguir resultados. Quizás deba empezar por ahí.
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