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La mente de ambos se bloqueó en un momento determinado. Seguro. Sólo habrá que ver cuándo, ante qué circunstancia y por qué motivo. O, quizá, no soltó todo el hilo que le quedaba. Fue como un mecanismo, como un acto reflejo. La imaginación se anudó y se perdió en un despegue rasante sin haber consumido la reserva. Se habló de un partido crucial en el último tramo del Apertura. Y lo fue: quedó confirmado que la distancia conseguida le permitirá a Boca mantenerse sin mayores sobresaltos en la escapada al título y también que a Racing le faltó el fuego de un candidato, si es que alguna vez lo tuvo, en la oportunidad que se le presentó en una Bombonera con señales festivas.
Algo no le cerró a Boca, pese a que mantuvo la diferencia de ocho puntos con la Academia. Aún debe de estar dándole vueltas el partido por la cabeza, con cada uno de sus matices. Los muchos momentos favorables, en los que sólo Saja sostuvo a Racing. Y también aquellos de incertidumbre por una puntería que nunca terminó de afinarse y que, a la larga, le impidió llevarse la victoria ante un adversario que terminó con dos jugadores menos, tras las expulsiones de Pelletieri y Teo Gutiérrez (ver aparte).
No todo se resumirá en la responsabilidad de Boca, por supuesto. El resto habrá que achacárselo a Racing, a sus ambiciones recortadas y aspiraciones inestables. A estas alturas, lo mismo le daba un empate que una derrota. Precisaba un triunfo que le permitiera acortar el terreno con el líder y, de alguna manera, renacer en el campeonato. Pero le faltó solvencia desde el comienzo, cuando las fuerzas estaban parejas, cuando debió dar el presente con voz gruesa y firme. No lo hizo. Calló. Apenas si levantó la mano cuando se sintió en riesgo o cuando corrió en algún contraataque demasiado favorable. Marcó una tendencia. Se fijó sus propios límites sin que nadie se los hubiera marcado.
Las campañas quedaron sintetizadas en algunos trazos. Boca, por ejemplo, siempre se movió en bloque y jamás desestabilizó la estructura colectiva. En la teoría, el empate le servía, pero se plantó de entrada en el campo rival. Chávez fue directo en busca del área y del pase entre líneas. Somoza quitó y relevó. Clemente, infatigable, colaboró en el ataque. Erviti hizo un poco de todo, hasta se enfrascó en los reproches con el volátil Teo Gutiérrez. Sólo que esta vez no estuvieron sincronizados los atacantes. Mouche puso empeño, pero se cegó en el último pase o no acertó con los centros. Quedó la imagen del final: cuando se perdió la victoria por no habilitarlo a Araujo, mejor ubicado. Y Blandi, importante en la función de pivote, falló en un cabezazo en el borde del área chica, con el arco de frente: la pelota fue directa a Saja.
Racing, por caso, esperó los movimientos xeneizes y actuó en consecuencia. Gio Moreno entró en contacto con la pelota, pero se perdió en lujos arriesgados. Pelletieri equilibró el medio campo hasta que se excedió con la pierna fuerte. Con Teo Gutiérrez desconectado, Hauche fue al frente como pudo. No alcanzó para despojarse de la actitud calculadora. Ni siquiera, con una buena técnica en muchos de sus futbolistas, se protegió con la pelota en su poder. Se conformó con un par de tareas específicas: el despliegue y el corte del juego. Apenas si pateó una vez al arco en el primer tiempo y Orion frustró el remate de Hauche, tras una combinación con Teo.
La figura de Saja se agigantó con tiros desde lejos, los de Chávez e Insaurralde, y con cada centro neutralizado a tiempo. Otra vez el N° 1 dejó a salvo a la Academia, como en buena parte del Apertura. Enfrente, Cahais se llevó la pelota por delante y Hauche no fue preciso en otra réplica.
No se apartaron de la ruta que marcaron de antemano. Boca y Racing siguen invictos y son los equipos a los que menos goles les hicieron: 3 y 4, respectivamente. Ocho puntos los separan. La distancia parece justa. Uno no supo cómo estirarla. Y otro, con el freno puesto, no quiso acortarla.
Así están las posiciones del torneo Apertura.
El árbitro Néstor Pitana quedó en el medio de los reproches de los jugadores de Racing tras el 0-0 ante Boca. El reclamo fue puntual: un presunto penal de Facundo Roncaglia a Teófilo Gutiérrez. Aunque el defensor pareció desestabilizar al atacante, Pitana no cobró la infracción y, ante el fuerte reclamo del colombiano, que hasta llegó a "pecharlo", lo expulsó por doble amonestación. En el resto de las jugadas, Pitana estuvo correcto en la mayoría, incluso con la tarjeta roja a Agustín Pelletieri, a los 4 minutos de la segunda parte, tras las infracciones a Cristian Chávez, en el primer tiempo, y a Pablo Mouche, en el segundo. Debió ser más severo con Matías Martínez, después de una fuerte falta a Nicolás Blandi, que fue reemplazado por Darío Cvitanich, a los 21 minutos del segundo período.

