Brasil busca recrear a su propio Leo Messi, un last dance de Neymar que servirá de motivación extra
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Afortunadamente, Lionel Scaloni no es Raymond Domenech, DT de Francia en Sudáfrica 2010, y no tiene teorías astrológicas que desaconsejen llevar al Mundial a jugadores nacidos en Escorpio. Es el signo, por ejemplo, de Pablo Aimar, su mano derecha en la selección. Bajo mucha presión, decía Domenech, los escorpianos pueden ser de naturaleza “destructiva”. Por esa razón, echó a cuatro escorpianos cuando dirigió a Olympique Lyon y excluyó también al atacante Robert Pires de Sudáfrica. Domenech evitaba además centrales de Leo. Cáncer y Libra, decía, no eran buenos para la convivencia y Aries no debía armar sociedades tácticas con Escorpio. Signos de agua como Piscis, en cambio, eran pura confianza. No pareció el caso de Nicolas Anelka, el atacante que lo insultó brutalmente en pleno partido contra México. La crisis que cuenta el documental “El Autobús”, de Netflix, sobre la selección que había llegado a Sudáfrica como campeona mundial y terminó en huelga y eliminada en primera rueda. Anelka es pisciano.
En las entrañas de Francia
Neymar, acaso el debate más grande de todas las convocatorias al Mundial, es de Acuario, indiferente para Carlo Ancelotti, el DT italiano que ya amplió su contrato hasta 2030 con Brasil, sea cual fuere el resultado en el Mundial que comenzará dentro de apenas quince días. El debate con Neymar, además de futbolístico, es también económico y político.
La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) armó un gran show la semana pasada en el Museo del Mañana, de Río de Janeiro. Artistas e influencers. Y una legión de fans que inmediatamente lanzó una cacería en las redes contra todo aquel que osara cuestionar la inclusión de Neymar, que a los 34 años jugará su cuarto Mundial, igual cantidad que Pelé, que tenía 29 cuando conquistó el Tri en México 70. Ancelotti, criticó por ejemplo el periodista Paulo Vinicius Coelho (PVC), “cambió quince goles en la Premier League por quince partidos aquí”, en referencia a João Pedro, del inglés Chelsea, 24 años, sin lugar en el plantel.

Juca Kfouri habló de “campaña nunca vista”, de fans que solo se acercan al fútbol en tiempos de Mundial y de una CBF “sometida” a sus patrocinadores. La FIESP, cámara más patronal e influyente de Brasil, ciento treinta mil empresas, poder y lobby clave en la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff en 2016, vistió el día de la lista la enorme fachada LED de su edificio emblemático en San Pablo con la camiseta 10 de Neymar, antesala perfecta al anuncio de Ancelotti.
El propio Neymar publicó inmediatamente su alegría a través de sus patrocinadores principales. Primero Mercado Livre: “Neymar lo dará todo por Brasil como nunca antes”. Luego Red Bull recordando que Neymar, según FIFA, es el máximo goleador de Brasil con 79 goles, dos más que Pelé (además de 58 asistencias). Puma lo mostró sonriendo y el crack promocionó finalmente a Blaze, casa de apuestas. “¡Todo salió bien! ¡Ya estoy aquí!”, apareció en YouTube con su amigo influencer Cris Guedes. También rápido fue Eduardo Bolsonaro, hijo del ex presidente preso por corrupción Jair Bolsonaro, cuya campaña por la reelección había promocionado Neymar en 2022.

“La alegría venció a la persecución. En octubre sucederá de nuevo”, escribió Eduardo, asociando a Neymar a la candidatura de su hermano Flavio. “¡Flavio es Neymar, Neymar es Flavio!”, siguió el Partido Liberal. Paradójicamente, DCO (Diario da Causa Operaria), marxista y troskista, no solo saludó la inclusión de Neymar, sino que apuntó duro contra críticos como Walter Casagrande, comentarista de TV, ex Democracia Corintiana. El fútbol y sus ídolos, afirma DCO, son arte y patrimonio popular. Alejado de ese debate, un humorista ironizó en sus redes: dijo que Neymar, a veces niño eterno, el crack que siempre prometió, volvió a lesionarse cuando saltó de alegría por la convocatoria.
El análisis futbolero, en rigor, no cuestionó la calidad de Neymar, aunque en declive, sino su forma física actual, un semestre último en Santos, en la cola del Campeonato Brasileño, y en el que jugó apenas 15 partidos en los tres torneos locales, mil minutos en cancha, 55 partidos oficiales desde Qatar 2022. Otros alarman sobre las presiones inevitables que reclamarán su titularidad. ¿Y si Ancelotti, un hábil dominador de vestuarios difíciles, lo convocó también como elemento convocante de una selección que, desde hace tiempo, concita poco entusiasmo popular, por resultados, por la ausencia de nuevos ídolos o porque Bolsonaro se adueñó de la camiseta verdeamarilla? “Ultimo suspiro de nuestra patria en botines”, graficó un comentarista a Neymar. “Mito fundacional de nuestra identidad nacional”, agregó, en referencia a la selección, máxima campeona de Mundiales, patria de Pelé, Garrincha y Ronaldo, pero que lleva veinticuatro años sin levantar la copa.

Para el analista inglés Jonathan Wilson, Brasil busca acaso recrear a su propio Leo Messi, un “last dance” de Neymar que servirá de motivación extra al grupo. “Desde el principio”, escribió Wilson, “se vio que Brasil necesitaba su propio Messi”. El crack argentino, ahora obligado a reposo por una lesión, cumplirá 39 años en pleno Mundial, Cáncer, si nuestro DT fuera Domenech. El francés volvió a dirigir diez años después. Asumió en 2020 en Nantes en medio del repudio de los hinchas. Duró ocho partidos, cuatro derrotas y cuatro empates. No hay registros de que haya recurrido a la astrología.
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