Cafú: un histórico cerca del récord

El defensor de Brasil está a 90 minutos de alcanzar una marca sin antecedentes: ser el primer jugador de todos los tiempos en disputar tres finales consecutivas
Cristian Grosso
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25 de junio de 2002  

SAITAMA, Japón.– Cuentan que Cafú tiraba muy malos centros a fines de los 80, cuando aparecía en la primera división de San Pablo. Entonces, el fabuloso técnico Telé Santana lo obligaba a quedarse después de hora en las prácticas para que ensayase una y mil veces estos lanzamientos. Cada vez que se equivocaba, Telé le recriminaba: “No Cafú, no. Me vas a matar de vergüenza si seguís tirando los centros así cuando estés en la selección”. No faltaban risas socarronas, desestimando la posibilidad de que ese garoto que por única virtud corría y corría tuviese algún futuro en la selección. Acá está hoy Cafú, con el récord de 114 presencias en Brasil y a sólo 90 minutos de alcanzar una marca sin antecedentes: ser el primer futbolista de la historia en jugar tres finales mundialistas consecutivos.

–Podés alcanzar una marca...

–Si, lo sé, lo sé muy bien. Y no veo la hora de poder llegar a esa marca, pero antes tenemos a Turquía y será muy difícil. Si el resultado en la semifinal es positivo, podré hacer mi propia fiesta. Sólo la idea me provoca una emoción grandísima. Es una satisfacción inmensa. Creo que sería el premio a un trabajo de 12 años en la selección.

–¿Alguna vez te imaginaste que esto te podría llegar a suceder?

–No, jugar tres finales nunca. Una sí, era mi sueño. Dios ha sido muy generoso conmigo. Ojalá se dé.

–¿Cómo manejás la ansiedad?

–Sonrío, pero es algo que no puedo contener dentro mío. Busco no pensar en eso. Pero me cuesta, me cuesta... es una conquista única que no tiene precio ni valor.

¡Qué historia la de Cafú! Desde su nombre, porque en realidad se llama Marcos Evangelista de Moraes. Y tiene cinco hermanos: Mara, Margareth, Marcelo, Mauricio y Mauro. Sí, todos empiezan con Ma, como él. Como Marcos. El mismo al que rechazaron en ocho pruebas distintas antes de quedar en San Pablo. El mismo que debutó en la selección en un 0-3 frente a España, en septiembre de 1990. El mismo que llegó a jugar algunos partidos en el scratch como puntero derecho cuando Paulo Roberto Falcao dirigió a Brasil. Ese que cumplió 32 años acá, en la Copa, el 7 de este mes.

–¿Vos también estás sorprendido?

–Este Mundial es difícil y diferente, pero incluso en Roma yo ya había dicho que sería el Mundial de las sorpresas. El Mundial se ha encontrado con equipos que nadie podía pensar que llegarían a la final, pero ahora están aquí.

–Y Brasil, otra vez en las definiciones...

–Lo importante es que Brasil ha respetado a todos nuestros adversarios. Mucha gente dijo que nuestros rivales no tenían categoría, pero nosotros igual entramos en la cancha muy concentrados. Todos dicen que Brasil no se entrena, pero la realidad es muy distinta. Nos entrenamos bien, bien, bien y mucho. Con eso hemos podido dominar los cambios de clima, pasar de jugar de Corea a Japón, y todo eso...

–Nombres importantes como los de Ronaldo y Rivaldo llegaron envueltos en dudas.

–Basta ver sus nombres para darse cuenta de que no sorprende lo que han hecho en el Mundial. Un campeón, como es cada uno de ellos, debe ser respetado. Nosotros en Brasil tenemos esta costumbre: respetar a los campeones, a los grandes. Sabíamos que para recuperarlos bastaría que todos se reencontraran en el seleccionado. Acá el clima es distinto, estamos todos alegres.

–¿Necesitaban salir de Brasil para recuperar el ánimo?

–Para cambiar el ánimo sí. Acá podemos estar tranquilos, tenemos muchos días para trabajar, descansar y jugar. Debemos pensar en esas tres cosas.

El y Ronaldo -el delantero no jugó ni un minuto- son los únicos sobrevivientes del plantel de los Estados Unidos. Cafú era suplente, pero a los 21 minutos del cotejo decisivo con Italia, el lateral Jorginho se lesionó y el DT Carlos Alberto Parreira lo mandó a la cancha. En Francia 98 ya fue indiscutido. Ahora, en Corea-Japón, lleva la cinta en la brazo izquierdo y podría seguir el camino de Mauro (1958), Bellini (1962), Carlos Alberto (1970) y Dunga (1994). Ser nada menos que el capitán del penta. Ante la posibilidad de entrar en la historia, los agradecimientos son para la familia. Y los nombra: Regina, su mujer, y Danilo, Wellington y Michelle, sus tres hijos.

–¿Qué diferencias hay entre los tres equipos de Brasil que integraste en los mundiales?

–El equipo del 94 ganó el título; el del 98 jugó la final y con éste, hasta ahora, no hemos hecho nada.

–¿Pero éste es mejor?

–Para mí siempre el mejor es el que gana. Si no ganamos, no merecemos nada.

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