Campeón en un diciembre trágico: el recuerdo del título de Racing en 2001 tras la salida de De la Rúa

Sebastián Torok
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9 de julio de 2019  • 10:36

Durante la caótica etapa final del gobierno nacional de Fernando de la Rúa se produjo un impacto deportivo inolvidable en la Argentina: el campeonato local de Racing Club luego de 35 años de frustrante sequía. El lluvioso jueves 27 de diciembre de 2001 representó, para los hinchas del club de Avellaneda, un oasis en medio del desierto, una dulce sinfonía inmiscuida entre cacerolazos y protestas populares. Mientras los argentinos lloraban y se angustiaban por la devaluación de la moneda, la violencia en las calles, los conflictos sociales y la imagen de De la Rúa yéndose de la Casa Rosada en helicóptero recorría el mundo, los racinguistas celebraron, en el Obelisco, algo que parecía imposible: un título (el torneo Apertura). De hecho, el último partido (1-1 ante Vélez, en Liniers) estuvo cerca de reprogramarse para febrero de 2002 por razones de seguridad, algo que Racing -conducido desde la dirigencia por el entonces gerenciador de Blanquiceleste SA, Fernando Marín- no quería por nada del mundo. Esteban Cambiasso, que jugaba en River, el equipo que le peleó el título a la Academia, llegó a sentenciar: "Si esperaron 35 años pueden esperar 2 meses más".

"Esa noche no dormí, lo juro. Tenía mucho miedo de que pasaran el partido para febrero, veníamos trabajando muy bien y estábamos ilusionados. El país estaba en llamas pero queríamos coronar el campeonato", admitió, tiempo después, el entrenador Reinaldo Carlos Merlo, sobre la noche del jueves 20 de diciembre, cuando se confirmó que ese fin de semana no habría fútbol. Dos días más tarde, Ramón Puerta, a cargo de la Presidencia del país en forma provisoria tras la salida de De la rúa, citó en la Casa Rosada al mandamás de la Asociación Argentina de Fútbol, Julio Grondona, y el 27 de diciembre se jugaron solamente dos encuentros: el de River, que goleó a Central por 6-1, y el de Racing ante Vélez. Ese resultado, con un gol de cabeza del defensor Gabriel Loeschbor en una ajustada posición adelantada, alcanzó para coronar a la Academia.

"Los últimos días fueron tremendos, con la gente en la calle, nervios, cacerolas... El país era un caos, no se sabía si se jugaba el partido final, el país pasó a ser el centro de atención cuando antes éramos nosotros. Nos concentrábamos mientras estaban todos de vacaciones, era caótico, parecía que así era la única manera de que Racing fuera campeón", recordó, ante La Nacion, Francisco Maciel, el único futbolista que participó en toda la campaña del campeón sin ausentarse ni un instante, con un total de 1710 minutos. "Por un lado estábamos abstraídos del contexto y no queríamos esperar hasta febrero de 2002. Por el otro, sentíamos las dificultades terribles por las que atravesaba el país, lo que pasaba en la calle. Se mezclaba algo caótico con una alegría extrema. La sensación era rara", apuntó Claudio Úbeda, capitán de ese conjunto liderado por Mostaza Merlo.

El plantel de la Academia vivió las últimas semanas de la temporada en una suerte de microclima, con una gran fortaleza psicológica durante el trágico diciembre de 2001. Día tras día, el pasaje Corbatta, el sector por donde los jugadores ingresaban en el estadio, era un polvorín de gente. Los futbolistas se entrenaban en el Cilindro de Avellaneda presionados por conseguir un título tan añorado por los hinchas y, así y todo, lograron abstraerse, al menos durante la competencia, de los grandes problemas que vivía la población. "Fue todo absolutamente una locura. Si uno se pone a pensar y se lo cuenta a alguien de otro país van a decir que es una exageración. Eran dos realidades distintas, la futbolística nuestra y la del país, un tanto extremas. Ese es uno de los méritos del plantel, que aprendió a convivir con las presiones", comentó Gustavo Barros Schelotto, que le rindió mucho a aquel equipo como mediocampista.

Merlo, histórico N° 5 de River que terminó convirtiéndose en el creador del milagro y hasta en estatua racinguista, como director técnico le imprimió mucho carácter a aquel equipo que tuvo a Maximiliano "Chanchi" Estévez como máximo artillero, con 7 tantos (en el ataque también ingresaban Diego Milito y Rafael Maceratesi). El famoso y cauteloso "paso a paso" de Merlo que ayudó, semana tras semana, para mitigar tanta ansiedad periférica, se convirtió en una frase que se hizo leyenda. Nunca más el carismático Mostaza logró repetir una campaña de ese valor en un club; quedó marcado a fuego. El DT, cabalero al extremo (al igual que su ayudante de campo, René Daulte), absorbió gran parte de la presión y liberó a sus jugadores, que en cada partido salieron a jugar con fiereza y dientes apretados. La mayor virtud del equipo fue, probablemente, el corazón.

Para los hinchas, además, fue una odisea conseguir las entradas para cada partido, sobre todo para los últimos. En Avellaneda, la venta para el partido entre Vélez y Racing, por la jornada final del Apertura, generó serios incidentes cuando los hinchas desbordaron la exigua presencia policial ante las boleterías. La presión de la gente contra la zona donde se vendían los tickets provocó muchos heridos, el Hospital Fiorito se llenó de hinchas lastimados y hasta cedió una reja perimetral de la cancha; todo ese panorama mientras los propios futbolistas se entrenaban en el estadio... Un caos total. El día del partido ante Vélez, los hinchas de Racing que no pudieron entrar en el estadio José Amalfitani poblaron el Cilindro, donde se colocó una pantalla gigante. Fue el día en el que los simpatizantes de Racing "llenaron dos estadios".

Fueron 42 los puntos que consiguió Racing en ese campeonato (uno más que River), producto de 12 triunfos, 6 empates y una derrota, con 34 goles a favor y 17 en contra. La única caída del equipo celeste y blanco fue contra Boca, por 3-1, en la Bombonera, en un partido adelantado de la 15ª fecha.

Pasó el tiempo. Adrián Bastía es el único futbolista de aquel plantel ganador que sigue activo (el Polaco, de 40 años, dejó Colón de Santa Fe y se incorporó a Belgrano de Serodino, de la Liga Totorense de fútbol). Merlo, de 69 años, hasta febrero pasado dirigió a Racing, pero de Córdoba, en el torneo Federal A. El título racinguista obtenido después de 35 años, perdura en el recuerdo de los futboleros. Fue todo un impacto en medio del incendio.

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