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¿Qué opino? Que tiene un look atrevido. Al tipose lo ve muy confiado...", observó Hugo Orlando Gatti, con su estilo particular, durante los primeros días de febrero último, cuando la decisión de Miguel Angel Russo de que Mauricio Caranta fuera el titular del arco era examinada como una verdadera osadía. No eran muchos los que confiaban en el hombre de Bell Ville; algunos hinchas de Boca tenían imágenes difusas de su desempeño en Instituto, pero pocos conocían su actualidad tras pasar por Santos Laguna, uno de los equipos menos marketineros de México. Pero el futbolista, de 28 años, optó por el bajo perfil y dijo que llegaba "para sumar"; sin embargo, inmediatamente, en la pretemporada en Tandil, se adjudicó la lealtad de sus compañeros y relegó al paraguayo Aldo Bobadilla al banco de los suplentes. Hoy, a más de tres meses de aquella presentación, Caranta brilla por su seguridad y anteanoche fue muy influyente en la ajustada clasificación xeneize para los cuartos de final de la Copa Libertadores, en la derrota por 3 a 1 con Vélez, en Liniers.
Enemigo de los flashes y con carácter ciclotímico, pocas horas después de su magnífica actuación se muestra reacio para contar sus sensaciones. Rápidamente dice que no, pero piensa por unos segundos, apaga el motor de su Volkswagen y acepta charlar con LA NACION, tras la práctica matutina en Casa Amarilla. Afirma que no le molesta firmar autógrafos, pero sí que a veces le incomoda ser reconocido en la calle: "Me parece un poco extraño... Porque no estaba acostumbrado a tanta exposición pública. En lo personal, trato de que mi vida no cambie porque siempre fui bastante tranquilo. Me gusta salir a caminar con mi mujer, Inés, y con mis hijas, Sol, de 9 años, y Giuliana, de 3. Y quizás ahora tenga que ponerme a elegir un lugar tranquilo si decido salir a comer. Pero bueno... Este club es grande y poco a poco me estoy acostumbrando a todo lo que lo rodea", confiesa, con su tonada cordobesa.
Desde el primer momento se empeña por dejar en claro que él no fue el único encargado de aguantar la embestida de Vélez. "Puede ser que haya tenido un buen partido, pero fui tan responsable como mis compañeros. Si por algo se caracteriza este equipo es por ser solidarios. Es cierto que dependemos mucho de Román [Riquelme], porque él crea las jugadas y maneja casi todas las pelotas, pero todos corren", aclara el guardavalla, que tiene como referentes en su puesto a tres ex boquenses: Carlos Navarro Montoya, el colombiano Oscar Córdoba y Roberto Abbondanzieri.
Un joven caricaturista de nacionalidad paraguaya irrumpe en la charla y le entrega a Caranta un estupendo retrato dibujado con lápiz. El arquero lo agradece, lo guarda en su auto y continúa: "Es verdad lo que dije: que el partido contra Vélez fue uno de los que más sufrí en mi vida. Tuvimos errores. Pero sufrimos mucho por haber jugado con diez hombres [por la expulsión de Ledesma] y Vélez salió a matar o morir. ¿Cuál fue la atajada más difícil? Pienso que un cabezazo de Castromán, en el segundo tiempo, porque me agarró caminando. Pero no es para preocuparnos. Estoy convencido de que a partir de ahora se empezará a ver al mejor Boca. No tengo dudas de ello".
Casi no mira fútbol por TV; prefiere las películas en DVD o los programas de chismes. "Me divierten", agrega, sin sonrojarse. Disfruta de los juegos de cartas en las concentraciones: es cordobés, pero reconoce no tener la picardía característica de los nacidos en esa provincia para contar chistes. "Soy tranquilo", dice, y cierra su autodescripción.
El desgaste físico es un tema que no pasa inadvertido en el plantel; pero los titulares no quieren relajarse y añoran seguir luchando en los dos frentes. "Por mí, juego todos los partidos. Tenemos que seguir haciendo un esfuerzo, porque el que no arriesga, no gana. Contra Arsenal tenemos que ganar y esperar que San Lorenzo se caiga. Tenemos muchas responsabilidades defendiendo la camiseta de Boca y no queremos aflojar. Los hinchas tienen que ilusionarse", sentenció Caranta, el hombre que desde sus guantes le brinda garantías a los sueños de Boca.


