

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.


Corría el año 1974. Colón se enfrentaba con Argentinos Juniors y en el equipo santafecino jugaba un zurdo que deslumbraba a todos. Enganche de la época con técnica y estilo, Carlos Ángel López se destacaba por sobre el resto. En el entretiempo, un jovencito morocho, petiso y con rulos se le acerca y le dice: "¿Me regalás la camiseta?". Sin decir nada, López se la saca y se la entrega. Dos años más tarde, el zurdo se entera que el pibe que le había pedido la camiseta también era zurdo y se llamaba Diego Armando Maradona.
"Che, Carlos. Mirá que tengo tu camiseta guardada, eh", le dijo Diego la primera vez que se enfrentaron en la primera división. "Realmente es algo muy loco, yo todavía pienso si será en serio o no", recuerda hoy Carlos Ángel López, quien luego compartió equipo en la selección nacional que disputó la Copa América 1979. En aquel año, convirtió el gol en la derrota por 2-1 ante Bolivia en La Paz. Años más tarde, se convertiría en uno de los ídolos del fútbol boliviano.
Llegó a Bolívar a los 33 años, en el cierre de su carrera y rápidamente se metió a la gente en el bolsillo con el primero de los cinco títulos que consiguió en siete años. Hoy, trabaja en su pequeña oficina de Adesu, un club amateur con una cancha de fútbol 11 de césped sintético en el barrio Obrajes de La Paz, donde es coordinador general y entrena junto a tres profesores a chicos de entre 5 y 20 años. Antes, el Zurdo, quien se recibió de DT en la Argentina, dirigió a Jorge Wilstermann, Real Santa Cruz, Chaco Petrolero y Unión Central de Tarija, todos equipos bolivianos. Trabajó 15 años en las divisiones inferiores de Bolívar y participó de un proyecto en el Colegio Saint Andrew’s de La Paz, donde armó un equipo y los llevó a jugar contra River, Boca y Vélez.
Su carrera profesional en el fútbol argentino se inició en River en 1972. Pasó por Argentinos Juniors, Colón y tuvo su pico en Estudiantes de La Plata, con Carlos Bilardo de director técnico, a pesar de las dudas que le impartía su estilo de juego, siendo un clásico diez habilidoso. "Yo pensaba: ¿para qué me voy a ir con los picapiedras? Pero terminó siendo mi mejor ciclo, con tres años muy lindos", recuerda hoy López, quien luego también pasó por Racing, Sarmiento de Junín, Vélez, Millonarios y Junior de Colombia, Boca y Bolívar, donde cerró su carrera como profesional.
-¿Por qué tomaste la decisión de establecerte en Bolivia?
- Yo prefería retirarme antes de venir a jugar a la altura, pero me convencieron y vine por cuatro meses hasta la finalización del torneo. Salimos campeones y me pidieron seguir un año más, y así sucesivamente. Ganamos cinco torneos en los siete años que jugué. Encontré en el cierre mi lugar en el mundo, con mi esposa y mis dos hijos acá. Nos trataron muy bien siempre.

-Después de ser técnico, ¿por qué preferiste entrenar a los más jóvenes?
-Trabajar con los chicos es mi mayor alegría, poder armar escuelas de fútbol acá en Bolivia es algo muy lindo. Acá tienen un proyecto ambicioso para hacer crecer a los jóvenes, está creciendo mucho el fútbol y queremos rescatar a los que tengan condiciones reales para jugar.
-¿Cómo ves al fútbol boliviano?
- Hay una nueva camada de jóvenes ahora, que recién se están adaptando. El material está pero Baldivieso va a tener que laburar bastante en la selección. Me hace acordar a la época del equipo que se clasificó al Mundial de Estados Unidos '94, donde había buenos jugadores, al igual que ahora. Pero hay que trabajar mucho para llegar a estar en una Copa del Mundo próximamente. No creo que en Rusia 2018, pero sí en el próximo. Lo bueno es que hay una combinación importante de jugadores de distintos equipos de acá, más los jugadores del exterior. Ya de por sí es un trabajo distinto.
-Llegaste a Bolivia y rápidamente te consagraste, ¿eras un jugador atípico acá?
-Claro. Mirá, hace unos días jugué un partido acá en fútbol senior. Todos se alarmaban a pesar de que tengo 63 años. Lo que pasa es que con mi estilo de juego voy a poder jugar hasta los 80. Yo acá conocía a mis compañeros de memoria, éramos un gran equipo. Ellos corrían y entonces yo resaltaba más, por cómo le pegaba a la pelota. Correr y esas cosas que hacían todos, nunca.
-¿Desapareció tu puesto en el fútbol argentino?
-Riquelme fue el último. Los cambios de mentalidad de los técnicos hicieron que se perdiera. Los de acá empezaron a mirar al fútbol europeo, donde no se usa el 10, y fuimos. Menotti una vez me dijo que el día que empezamos a jugar como los europeos, nuestro fútbol se fue a la mierda (sic). Pero acá también pasa, por ejemplo a mi hijo no lo quisieron más en inferiores porque era fiaca como yo. No niego que sea importante que el enganche presione y moleste para encimar al volante retrasado. Es como si lo dejás a Gago libre sin marcar, te pone la pelota en cualquier lado. Pero tampoco hay que resignar el juego para sólo marcar y ser rápidos en la salida.
-¿Y qué jugadores te gustan hoy?
-Me sorprendió muchísimo el nivel de Pisculichi en el último tiempo. Es un jugador que no tenía en mente, porque desde que se fue de Argentinos Juniors lo perdí. Y de Bolivia me gustan Jaime Arrascaita y Erwin Saavedra, pero no hay números diez acá. Todos se quedaron con la frase de que yo fui el último, que no hay más uno como yo y me cargan con eso. Pero yo siempre digo que acá falta que los técnicos se hagan cargo porque haber, hay. Yo lo veo con mucha movilidad, buena pegada y pique corto a Rudy Cardozo de Bolívar, juega muy bien.

-¿Cómo llevaste el problema de la altura?
-Yo la primera vez que jugué acá fue con la selección en la Copa América de 1979 y me costó muchísimo. Metí un gol a los cinco minutos y para mí era tocar el cielo. Después, me agarró el ahogo. Me llegaba la pelota y creía que me venían a marcar de a tres, y en realidad estaba solo. Molestar, molesta. Por eso yo siempre digo que cuando vienen los argentinos, son los que más lo sienten. Lo mejor es tener tres o cuatro jugadores que tengan la pelota y algunos rápidos por afuera para desbordar.
-¿Lo viviste con otros jugadores argentinos?
-Cuando estaba Daniel Passarella y el Tolo Gallego en River, yo los iba a saludar al vestuario y les decía: "Ustedes ya están perdiendo 4-0, déjense de joder que no pasa nada. No murió nadie". Pero les costaba. Al Tolo, que era morocho, se le notaba la palidez que tenía y yo le pedía que cambiara la cara, ja. Es más, Daniel jugó conmigo cuando vinimos en 1979 y le pegaron un pelotazo en la cara y empezó a sangrar. Se cagó todo (risas)… y ahí empezó a tener temor.
-¿Es una deuda pendiente la selección en tu carrera?
-La espina es no jugar un Mundial. Pero uno es consciente por qué no lo jugó y entonces te quedás tranquilo. En mi época era muy difícil por la clase de jugadores que había, más en mi puesto. Por ejemplo yo creo que la Rana Valencia no era más que Alonso en 1978, a mí me gustaba más el Beto, era el Pelé blanco. Pero en ese tiempo era así.
-¿Con qué recuerdo te quedás?
-El partido acá en La Paz con la selección, donde convertí el gol. En ese partido jugué de titular y Diego Maradona no vino porque iba a Japón al Mundial Juvenil. Después compartimos cancha en el Maracaná ante Brasil. Yo entré en el segundo tiempo y jugamos juntos. Pero erré un gol claro, con un pase de Diego, y tal vez hubiese cambiado mi historia. Después de ahí hice una gira por Francia, Alemania y Yugoslavia y nunca más volví.
-¿Cómo ves a la selección argentina hoy?
-Noto que a veces se duerme en el partido, y en cambio, los otros equipos se motivan porque van a enfrentar a las figuras. Acá hay muchos que prefieren jugar contra los grandes, porque muchas veces llegan con exceso de confianza y los corren por todos lados. Es más, los últimos dos partidos de visitante, Bolivia empató ambos. Yo veo que es un equipo que no termina de arrancar, un poco lento. Le hace falta una persona en el mediocampo que haga jugar al equipo, un volante ofensivo real con visión clara de juego para que se la pase a Messi en tres cuartos de cancha y que explote con su velocidad para convertir. Tal como lo hace en Barcelona, ¿quién puede parar a ese trío de delanteros? Un asesino nomás. Pero los mediocampistas lo ayudan.
-¿Cómo fue aquella noche famosa del papelito al árbitro en Colombia?
-Era la segunda fase de la Copa Libertadores en 1989. Le habíamos ganado 1-0 a Millonarios en La Paz y después, en Bogotá, perdíamos 2-1 e hice un gol de tiro libre al ángulo. El árbitro peruano José Ramírez me vino a preguntar cómo había hecho para meterla ahí. La cosa ya estaba bastante rara. De por sí, cuando cobran la falta, fue con polémica. Eduardo Pimentel había agarrado con la mano la pelota en el área, era penal clarísimo. Pero el árbitro lo cobra afuera y dio tiro libre. Estaba Goycochea en el arco para los colombianos y la colgué al ángulo. Después, Hernández puso el 3-2 y nos ganaron por penales.
-¿Cómo se enteraron después de lo que pasó?
-Cuando llego al hotel, mi señora me cuenta que había un lío bárbaro por un papelito que le había acercado un jugador colombiano al árbitro peruano antes de la definición por penales. Le pregunto qué decía y me comentó que no sabía pero que ya se estaban organizando para denunciarlo en la Conmebol. Presentaron la denuncia, pero no pasó nada. No le dieron ni bola, quedó todo ahí sólo para la historia. Pero no tengo dudas que fue una amenaza.
-Jugaste en Colombia en una época difícil, ¿cómo lo viviste?
-Yo a veces me arrepiento de haberme ido de Millonarios porque había mucha plata. El problema es que era bastante peligroso de dónde provenía, en ese momento estaba surgiendo el tema del narcotráfico. Por ejemplo, no podía llevar a mi hija a la plaza. Entonces cuando encontré en Bolivia un buen lugar, y encima me convertí en ídolo de la gente en un ratito, nos quedamos.
jpb/gs
