

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Habla Carlos Heller . Habla, analiza, piensa, dice, explica, propone. Verborrágico como siempre, en su despacho del microcentro, donde atiende sus funciones como gerente del Banco Credicoop, se lanza a una larga charla de fútbol. El tema central es la situación de los clubes, su participación decisiva para destrabar la última huelga del fútbol argentino y el debate intenso entre la disyuntiva de sociedades anónimas o asociaciones civiles para los clubes. Pero, en algún momento de la conversación, aparece un atajo que conduce hacia Boca, y Heller lo toma hasta desembocar en una frase categórica: “Macri y yo somos la antinomia”.
–¿Los problemas de su época dirigencial son iguales a los de ahora?
–No, eran peores. Yo creo sinceramente que el Boca de 1985 estaba en peor situación que el Racing actual. El nivel de recursos que se manejaban y el nivel del agujero que en ese momento había era más difícil de resolver que los problemas de ahora.
–¿Cuánto debía Boca cuando asumió como vicepresidente junto con Antonio Alegre, en 1985?
–No recuerdo con exactitud, pero eran entre 8 y 9 millones de dólares, pero con la diferencia de que los ingresos eran menores. Recuerdo que cuando llegamos a la dirigencia, logramos un convenio para un pago semanal con Segba, a la que se le debía mucha plata, y que iba a cortar el servicio. En cada reunión de la comisión directiva se informaba: pagamos la cuota semanal de Segba. Y la gente aplaudía, porque era un éxito que no nos cortaran la luz. Teníamos que resolver problemas dramáticos, porque no había ni para camisetas.
–Como ahora en muchos clubes...
–Sí. El Boca del 84 llegó a tener siete meses de atraso en los sueldos; o a jugar con los miembros de la comisión directiva en la puerta porque había huelga de controles de seguridad, como ahora en San Lorenzo.
–¿Por qué dice que Macri y usted son la antinomia?
–Doy un ejemplo: para mí los directivos tienen que ser solidariamente responsables de sus actos con todo lo que tienen. Eso es completamente distinto del sistema de Boca, que es un regimen de privilegio que hace que para ser directivo de un club haya que ser pudiente, como si la categoría de pudiente fuera sinónimo de honesto y buen administrador. Además, no vincula la garantía con la buena gestión, sino con el superávit. Es decir, que vos podés hacer cualquier porquería siempre que dé superávit.
–¿Entonces?
–Entonces se vende el primer 50% por ciento de Palermo en 8 millones para el Fondo Común de Inversiones y el segundo 50% en 3,5 millones para Boca. O se compra el 75% de un jugador como Cristian Ríos en 1.390.000 e inmediatamente se lo presta a Racing en 50.000. Macri hizo una gestión mala en la que se sacó el Prode: Carlos Bianchi.
–La comparación elegida suena graciosa.
–Es que es así. Macri tuvo dos primeros años terribles. Antes de que llegara Bianchi era el Boca del cabaret, de Latorre, de una crisis política que había fracturado la conducción: estaba por un lado Pompilio, por el otro Digón, por el otro Macri. Sólo acertó una al traer a Bianchi, que arregló todo. Un club es esencialmente resultados deportivos, y los resultados llegaron. Pero cuidado: cuando Macri asumió, el pasivo era de 22 millones y ahora es de 46, después de todos estos éxitos deportivos.
–El último balance del club es positivo.
–El último balance se presenta con más de dos millones de utilidad, pero eso se logró activando los gastos de fútbol amateur, lo cual es un rebusque contable que encierra una manera de disimular lo que debería haber sido un quebranto. Si hubieran presentado esto como un gasto, que era lo correcto, el balance daba un déficit de más de 800.000 dólares. El aval debe estar girado en la buena o mala gestión, no en el último renglón del balance. Si no, es como justificar ese slogan político que dice: “No importa que roben porque hacen”. Tienen que hacer y no robar.
–¿Por qué se originó esta pelea con Carlos Bianchi?
–La conducción actual tuvo problemas con cuanta figura ha aparecido: con Maradona, con Márcico, con Riquelme, con Bianchi. El presidente por todos los medios quiere demostrarle a la opinión pública que el éxitoso es él y no soporta los éxitos compartidos. Por eso, insisto: se sacó el Prode. Si a Bianchi le ofrecían mejorar el contrato sin reducción, seguramente todo el lío que vino después no se armaba. Si era tan importante Bianchi, ¿no era más conveniente que la negociación la hubiese hecho el presidente? El club compró a Ríos en una cifra por la que podrían haber mejorado el contrato de Riquelme. ¿No es hasta sospechoso, raro y llamativo que se hagan operaciones como la de Ríos? Por eso, Boca está muy mal manejado.
–Las próximas elecciones serán en 2003. ¿Qué piensa hacer?
–Falta mucho todavía. Es una pregunta que me la hace todo el fútbol y yo también me la hago. Cuando me metí en un cargo, lo hice con todo el entusiasmo. Es como cuando uno sueña con jugar. Lo que pasa es que yo no podía hacerlo porque era bastante patadura. Entonces me metí con todo en lo dirigencial. Hoy, con la complejidad que tiene la situación, si tengo que tomar la decisión diría que no. Si hubiera otro escenario que me dejara otra libertad en mis actividades profesionales, lo pensaría. Por eso, nunca me animo a dar un sí rotundo. Tengo derecho a dejarme una cuota de expectativa que resolveré cuando esté más cerca de la cuestión.
