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AMSTERDAM (De un enviado especial).- Sabe que no es un fenómeno. Nunca llegará a la categoría de indiscutido. Pero íntimamente siente que tampoco hay un abanico mucho más jerarquizado que él para elegir. "Tratar de mantenerme será la clave", repite mientras parece entrecerrar los ojos para imaginarse el futuro. De Pablo Cavallero no se van a escuchar frases polémicas. No se conseguirán títulos como "soy el dueño del arco argentino" o "llegué para quedarme". Pero lo concreto es que hoy es el arquero titular de la Argentina. Después del Mundial y más allá de la reciente gira con un seleccionado local, Marcelo Bielsa renovó la confianza en Cavallero. "Pienso igual que cuando era suplente del suplente. Sólo se trata de venir y matarse por un lugar en la selección. Creo que con esa filosofía es más fácil conseguir algo o defender lo que ya se alcanzó", explica el guardavalla de Celta. Frente a Holanda hoy jugará su sexto partido consecutivo en la selección y así parece acercarse a su ilusión: "tratar de mantenerse será la clave", había dicho. Esa es su manera de decir que es el número 1 del momento.
La danza de nombres rodea al puesto. Saja, Franco, Campagnuolo, Bonano son los que más suenan. "De los arqueros que se habla que podrían estar en la selección, partido tras partido ellos tienen la responsabilidad de estar a la altura de ese premio; y los que ya estamos debemos justificar nuestra permanencia. Creo que los dos bandos estamos bajo presión", analiza Cavallero. Y enseguida se lamenta por quien ya no está. "El lugar del Mono Burgos va a quedar por siempre vacío. Ese espacio él se lo había ganado con mucha simpatía y honestidad. Lo vamos a sentir mucho", cuenta sobre la renuncia al seleccionado que presentó el arquero de Atlético de Madrid. Y continuó: "La decisión no me sorprendió, sabía que se podía venir por su edad y porque ya se le había negado por dos veces la posibilidad de jugar un Mundial. Lo siento a Germán como el hermano varón que nunca tuve. De él tomé mucho de su personalidad para saber convivir con este puesto tan ingrato."
Cavallero asume que la selección le cambia la vida. "Acá vivo la pureza del fútbol. Yo disfruto más el juego en la selección que en mi club. En la semana previa a sumarme a la selección siento que tengo una energía superior al resto del año".
Se cruza Holanda en el camino. Y surge la anécdota cuando Cavallero atajaba para Espanyol y en un clásico con Barcelona, al final, Pablo le pidió la camiseta a Kluivert porque se la había prometido a un amigo. El holandés aceptó y le dio su casaca, pero cuando el arquero hizo el gesto para sacarse el buzo, el delantero lo detuvo y se marchó. No le interesaba. "Kluivert es peligroso, le gusta llegar con panorama y retrasarse para colaborar en la elaboración de la jugada", describe sobre el atacante que sólo lo venció una vez, por la Copa del Rey. "Makaay y Hasselbaink son más agresivos, patean de cualquier lado y siempre encuentran el arco. A Van Nistelrooy nunca lo enfrenté, pero nadie puede desconocer su categoría. Imagino que tendré un partido movidito", concluye Cavallero. Y, son los riesgos que hay que correr para intentar mantenerse.



