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Agrupar a las federaciones deportivas, consensuar las distintas formas de interpretar las reglas y unificar el fútbol mundial no fue cosa sencilla desde el momento en el que una pelota empezó a rodar en algún lugar del planeta. Sin embargo, hombres con voluntad de hierro y visión emprendedora se comprometieron a lograrlo.
Así, hace hoy cien años, nació la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA). Unos días antes de aquel histórico 21 de mayo de 1904, exactamente el 8 de mayo, el holandés Carl Anton Wilhelm Hirschmann redactó el primer estatuto, idea que le resultó "simpática" a la Football Association británica, la más antigua de las federaciones.
No obstante, tras el primer consejo realizado en París, Inglaterra no estuvo entre los países que fundaron la FIFA. ¿Fue esa la primera gran contradicción del fútbol mundial organizado? Lo haya sido o no, lo concreto es que siete naciones –Francia, Holanda, Bélgica, Suiza, España, Dinamarca y Suecia– dieron el puntapié inicial en aquella reunión celebrada en el 229 de la calle Saint Honoré. El fútbol ya tenía su entidad madre para organizar, aconsejar y, eventualmente, resolver conflictos de las federaciones nacionales.
El francés Robert Guerin fue su primer presidente y en 1906 lo sucedió el inglés Daniel Burley Woolfall, dos hombres empeñados en estrechar las distancias del ambiente futbolístico. Bajo el mandato de Woolfall, en 1912, se afilió la Argentina.
Lejos de desmoronar los proyectos, la Primera Guerra Mundial fortaleció el temple de los dirigentes, como para demostrar que el deporte jamás deja rencores entre sus practicantes.
El abogado francés Jules Rimet asumió el 1° de marzo de 1921 y fue el mentor de los Mundiales, corporizados en la reunión de Barcelona de 1929, que contó con el argentino Adrián Beccar Varela, primer representante internacional de nuestro país.
El crecimiento de la FIFA fue notable. Aunque muchos países europeos dieron un paso atrás a la hora de cruzar el océano para el Mundial de Uruguay 1930, éste se realizó como quería Rimet: sin conspirar contra el espíritu de los Juegos Olímpicos, pero reconociendo al ganador como al legítimo primer campeón mundial de fútbol.
En la década del sesenta, la cantidad de países afiliados ya orillaba el centenar. Hubo dirigentes que introdujeron novedades como Stanley Rous, docente y árbitro internacional, que ideó el sistema de tarjetas amarillas y rojas. En contrapartida, Rous fue muy criticado en el Mundial 66 por las federaciones sudamericanas debido al mal trato que se les dio a los seleccionados de Brasil (Pelé fue golpeado sin compasión) y a la Argentina y Uruguay, perjudicados por bochornosos arbitrajes.
Con el ascenso de Joao Havelange al sillón principal, llegó el tiempo de los grandes torneos. "Cuando asumí, sólo estaban el Mundial y los Juegos Olímpicos", suele recordar el brasileño. No sólo los certámenes juveniles, intercontinentales y femeninos fueron la obra que dejó. También fue el principal responsable de que la FIFA sea hoy una multinacional que multiplica casi a diario sus ingresos, con millones de jugadores activos y un merchandising que se expande en cada rincón del mundo. Sin embargo, muchos vieron en Havelange a un hombre que apoyó de sobremanera a los dirigentes y dejó en un segundo plano a los futbolistas.
Una resultante de la apertura geográfica que dejó Havelange se cristalizó bajo el actual mandato del suizo Joseph Blatter: en 2002 se realizó un Mundial en Asia y en 2010 se hará uno en Africa.
El imperio cumple 100 años. Sus lineamientos son escuchados y avalados en 204 países. Más, seguramente, de lo que soñó hace más un siglo el holandés Hirschmann cuando elaboró ese primer boceto reglamentario, puntapié inicial de una corporación que hoy es, literalmente, la dueña exclusiva de la pelota.
PARIS (EFE).– Los dos últimos campeones mundiales de fútbol, Francia (1998) y Brasil (2002) homenajearon a la FIFA en sus 100 años. Las selecciones se enfrentaron ayer en el Stade de France, ante 70.000 espectadores, igualaron 0 a 0 y dieron la nota de color en el primer tiempo, al disputarlo con una vestimenta de principios de siglo. Brasil tuvo más la pelota, pero las situaciones de gol fueron repartidas y casi siempre, adornadas por alguna sutileza técnica. Entre otros, lucieron Zidane, Henry, Trezeguet, Thuram y Desailly, en los locales, y Ronaldo, Cafú, Ronaldinho, Roberto Carlos y Kaká, por el lado brasileño.


